Ensayo sobre la naturaleza de la música ¿Están algunas canciones ligadas a nuestra alma?


Todos tenemos melodías en nuestro interior, a veces al escuchar una canción nueva sentimos como que ya la hemos escuchado antes, muchas veces sí que habrá sido escuchada, si no esa, alguna otra que recuerde a esta. Pero hay ocasiones en las que pasa de una manera muy extrema; esa canción forma parte de nosotros, era lo que llevábamos media vida buscando y aun no lo sabíamos.


Toda música ya existe, y no depende del hombre para ello; esta reside en nuestro entorno, o  en la profundidad de nuestra mente; quizás las dos opciones sean correctas, y quizás las dos opciones sean una en realidad. Nosotros somos un instrumento a través del cual se expresa, al componer una canción estamos exteriorizando algo ya existente, que tomará una forma u otra dependiendo de la persona a través de la cual está siendo convertida en algo perceptible por todos; afectando al resultado la personalidad del individuo, su entorno, la época y el lugar en el que vive, incluso si es de día o de noche…  Pero esa misma idea inicial, el concepto de esa canción, puede residir también en el interior de otra persona, o en el caso de que estén en nuestro alrededor, que haya tenido acceso a ella también; sin embargo al haber pasado por todos esos filtros totalmente diferentes, el resultado es otro, a pesar de ello mantienen algo muy fuerte en común, y podemos apreciarlo.


He usado la palabra exteriorizar, esta es válida en el caso que la canción resida en nuestra cabeza, en el caso de que provenga de nuestro entorno quizás el termino adecuado sería canalizar.

En el caso de que resida en nuestra mente, sí que depende de nosotros para existir; pero me parece algo demasiado bestia como para considerarnos necesarios para su existencia, y aún menos responsables de esta.

No estoy negando la existencia del plagio.

A veces esas similitudes en cuanto a la esencia, son subjetivas, por lo que uno ve en ellas, pudiendo no haber una coincidencia real (real teniendo en cuenta que lo que digo sea cierto).


Tenía dieciséis años, hasta entonces había compuesto una canción; estaba estirado en mi cama con mi guitarra eléctrica desenchufada sobre mí. Tenía la mente en blanco, y mis manos estaban jugueteando con el instrumento, pero los sonidos que emitía me pasaban desapercibidos. En cierto momento presté atención, y sin que la consciencia hubiera tenido nada que ver, estaba tocando algo que me gustaba muchísimo, y además me resultaba increíblemente familiar, medio escéptico con la idea de que hubiera sido yo quien había compuesto aquello, me puse a trabajar en ello, para sacar una canción entera de ahí; paralelamente, estuve semanas buscando la canción a la que pertenecía la melodía angular de la canción que estaba “haciendo”; nunca la encontré.

Esta experiencia, junto a otras posteriores son las que me han llevado a formar esta creencia, es evidente que no tengo pruebas empíricas para demostrar nada, y que todo esto podría ser un autoengaño; ¿pero cuando he necesitado, yo, pruebas empíricas de algo?

(Giorni Dispari - Ludovico Einaudi)

Mucho más recientemente, hará un par de meses, una mañana paseando por el barrio gótico, perdiéndome más bien, tuve la suerte de pasar por unas restas medievales bastante chulas alrededor de las cuales no había nadie; imaginé como debió ser vivir en aquellos tiempos, me imaginé a mi paseando por aquel lugar en otro tiempo, y el estar absolutamente solo me permitió adentrarme en esa fantasía con mucha intensidad, iba estableciendo pilares fundamentales en mi vida ficticia, cuando llegó el tiempo de pensar en la música, me imaginé tocando lo más similar a una guitarra posible. Entonces me hice algunas preguntas y formulé algunos planteamientos;  si yo, en otra vida hubiera vivido allí, ¿podrían parecerse las canciones que pudiera haber hecho a las que he hecho en esta? ¿Y si hay canciones que están ligadas a nuestra alma, y nos acompañan vida tras vida?

En el caso de que así sea, lo que nos acompaña es la esencia de la canción, la idea original, sin modificar por nadie; entonces al exteriorizarla cogería una forma diferente dependiendo de quién seamos, donde y cuando vivamos, lo que nos haya pasado hasta entonces y a través de que instrumento estemos trabajándola. Sin embargo estarían totalmente relacionadas ya que provienen de la misma “idea”, quizás sea tarde para poner idea entre comillas y para aclarar a lo que me refiero cuando uso este término, diciendo que el concepto de idea que uso viene a ser parecido al de Platón, ya sabéis, el mundo de las ideas y toda esa movida.


Las conclusiones que he sacado no son solo aplicables a un hipotético compositor, sino que también a un oyente, que por casualidad, o por un posible lazo alma/idea de canción, esté escuchando algo que, en cierto modo, escuchó en otra vida; y que este hecho influya en la escucha.

Quepa decir que hablo de algo muy abstracto y las limitaciones del lenguaje sobre algo así son considerables; y que todo lo que digo, no solo no lo planteo como una verdad universal, sino que tampoco estoy seguro de si creo ciegamente en ello o no.

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