[Capitulo 10] Deus ex machina





 - Hola.


Un hombre de unos veinte años y con el aspecto más extraño que había visto nunca en mi corta vida se apareció de pronto junto enfrente de mis narices rompiendo toda la tensión espiritual del momento y lugar con total indiferencia. No era yo, ni tenía que completarme ni nada, ahora era solo un extraño que por alguna razón extendía la mano en mi dirección como esperando que hiciese algo con ella. Se debió de dar cuenta, porque la retiró y pidió disculpas. Es la costumbre.

Llevaba una ropa oscura sin marca alguna de alguna gran casa, salió del camino de hacia lo profundo volviendo a poner la cuerda roja en su sitio como si temiese que sin ella yo me adentrase, haciendo un gesto que venía a significar: vengo a cambiarte la vida, pero eso sería demasiado para ti. Me miró a los ojos con total profundidad, y de pura intuición le seguí hasta a una de las altas rocas de la falda de la montaña cuando rompió el contacto visual dándose la vuelta teatralmente; allí, guardamos silencio.


 - Tú y yo somos iguales.


Lo dijo sin la sonrisa medio traviesa medio ilusionada que había caracterizado nuestro ascenso. Su expresión era ahora seria, miraba al horizonte y me di cuenta de que era joven, casi tanto como yo, pero que el mundo le había hecho parecer mucho mayor. Y entonces empezó una de las conversaciones más increíbles que haya oído nunca nadie. Increíble porque sencillamente no era creíble, no porque fuese extraordinaria ni dijésemos nada del otro mundo. Me preguntaba las cosas más simples y yo le contaba cómo funciona el mundo como si se lo estuviese contando a un hombre en plenas facultades mentales pero con el conocimiento y sentido común de un niño de cinco años. Él no me quiso contar mucho sobre quien era o que hacia aquí o de donde venía, pero sus reacciones a mis explicaciones corrientes eran más enigmáticas que cualquier gran leyenda que pudiese yo explicar.


 - ¿Será cierto eso de la guerra del bien y el mal? ¡Que divertido! Y quién ganó, es decir, ¿los que quedáis sois buenos o malos?

 - Pues, el bien.

 - ¿Y cómo lo sabes?


Parecía hablar del bien y el mal un poco como mi maestro, aunque aprecie en él lo que parecía una genuina indiferencia que me sorprendió, porque no noté el brillo de intensidad en los ojos de mi maestro cuando hablé con él por última vez, pero ahora noto su ausencia en las de ese extraño chico. Le conté sobre las escrituras, sobre mi vida, sobre el pueblo sobre los señores y los cruzados, sobre los jardines, sobre los caballeros negros sobre las tabernas y las leyendas del bosque. Pero no solo eso. Le conté sobre que hacia ahí, le conté sobre nuestra traición a los cruzados, sobre los libros prohibidos.

Por alguna razón los espectros a caballo le hicieron tanta gracia como la disyuntiva entre el bien y el mal.


 - ¿Seres perdidos de las historias sin destino? ¿Y dices que van sobre animales increíbles que les llevan a todas partes a cuestas?

 - Y también tienen poderes, entran en los sueños de la gente y se encuentran en los caminos a antiguas...

 - Ya lo tengo, creo que yo seré eso, un Raider.

 - Se pronuncia rider. Y no es un oficio al que uno se puede convertir no sé si me estas entendiendo.

 - Te entiendo - dijo con una sonrisa seductora - verás, el truco está en no tratar de convertirse, sino en ser.


Le miré sin entender nada


 - Oh, perdona, no has podido entender la ironía, es que la frase en inglés se entiende mejor.

 - ¿Qué diablos es el...?


Entonces, a media frase, un misionero se posó sobre su rodilla, y antes de que le pudiese explicar qué eran y antes de poder deshacer el nudo en el estómago por el recuerdo del último y mí bloqueo. Ese hombre escuchó lo que el pájaro le dijo y sin pensarlo dos veces, lo mató.

De pronto me di cuenta de qué estaba haciendo. Su indiferencia disfrazada de inocente curiosidad a la diferencia entre lo que viene de abajo o arriba me golpeó como un martillo. Había contado todo, mis miedos, mi vida; y puesto en sus manos las vidas de mi familia y de mi maestro con todos esos secretos que, magnéticamente le había, como a un igual, sin conocerle de nada, confiado.

Ahora veía, en su rostro, una palidez que intuía una calavera, en su ropa, señales de que podía montar a caballo, símbolos, heráldicas de leyendas que hace mucho tiempo que fueron y ya no podían ser.


- Qué eres. - le pregunté en un tono absolutamente neutro.

- Lo mismo que tú. - me contestó devolviéndome el perfecto y sereno tono.


La sangre de misionero le salía por las rendijas del puño cerrado de su mano derecha.


- No somos iguales.


Dije eso con una voz rota, quizás lo dije gritando, porque dejé al caballero negro clavado en la piedra. Lo dije con una voz que sin duda yo no podría haber pronunciado dentro de la conmoción que acababa de sufrir ante tal acto descarnado de violencia innecesaria. Eso no podía habar pasado, eso no acababa de ocurrir. Salí corriendo, corrí sin mirar atrás, corrí muchos caminos, sin mirar adelante, sin atreverme a pensar y dejé que el olvido y la negación entrasen en mí. Hasta que por fin alcé la vista lo suficiente para ver a lo lejos la casa de Rath, la casa de mi señor, incendiada bajo una mancha negra en el cielo.

Ensayo acerca de por qué el sistema nos alienta a ignorar nuestras emociones



Al sentir el efecto del antidepresivo sobre mí entendí como puede sostenerse nuestra sociedad.



(recomendación musical para esta lectura)

Nos enseñan a no prestar atención a nuestros problemas, que llorar no está bien; a anteponer nuestras “obligaciones” a nuestras emociones, a centrarnos en lo físico. Hay una realidad prediseñada de la que partimos todos, algunos consiguen romper y modificar algunas de las bases que no consideren adecuadas, mientras los otros construyen toda su realidad a partir de allí, de manera unidireccional. 
Un arma con enorme potencial para romper esquemas preestablecidos son las drogas, y por eso es conveniente para el funcionamiento adecuado de nuestro sistema promover el miedo y la ignorancia hacia ellas en vez de la concienciación y el uso adecuado. Los mas obedientes no las usarán, los que se atrevan adquirirán denotaciones negativas, y su posible falta de conocimiento sobre ellas seguramente concluirá en un uso inadecuado ayudando así a promover la mala imagen y el miedo hacia estas; los que consigan entender el potencial que en ellas reside serán pocos, y los que lleguen a poder usarlas adecuadamente como instrumento aun menos, y ellos, casi en su totalidad serán vistos como chiflados o algo por el estilo por la opinión popular que forma parte de una nube que flota sobre nuestras casas y nos impide ver el cielo con claridad.

El mágico Terence Mckenna


El LSD te hará ver con más detalle todo lo que te rodea y también lo que te forma; desde tu canción preferida o el pliegue de tu pantalón hasta la cara de tu amigo o tus sentimientos hacia alguien o algo. Te permitirá ver más de lo que sueles ver allá donde mires.

El MDMA te mostrará el amor en su total plenitud; te descubrirá, si lo necesitas, que no solo existe el amor romántico y el familiar, que tiene mil manifestaciones y hay a su vez mil maneras de expresarlo. Una persona cerrada o introvertida, con dificultades para relacionarse o expresarse, obtendrá unas mejoras inimaginables para la medicina o psicología actuales si es subministrado de manera adecuada.

La marihuana te enseñará que el tiempo no es lo que nos han dicho, le quitará poder a uno de los monstruos que atormentan a diario al ciudadano medio, nada más ni nada menos que la prisa; esa ansiedad por ser puntual, esa desesperación por la llegada del fin de algo que se está disfrutando; o incluso cualquier obligación asociada el tiempo, como tener que hacer tal cosa antes de tal día, alterando así la percepción del paso del tiempo y de este en sí. Te enseñará a tomarte la vida con mayor calma, a valorar tu paz interior y anteponerla a otras “responsabilidades”.

Pero ellas no harán nada, son una herramienta que usarás, así que serás quien haga, con su ayuda. Puedes acercarte más a ti mismo, conocerte y adelantar el proceso de convertirte en quien debes ser, ayudando a encontrarte a ti mismo; o puedes usarlas para destruirte, calmando el dolor que causa tu odio pero alimentándolo inconscientemente, siendo la droga usada como la pala que cava lenta pero incesantemente una tumba, en la que enterrarás tu memoria, tu cordura, tus relaciones y hasta a tu cuerpo si le das el tiempo necesario para que el hoyo sea lo suficientemente profundo.

Nick Drake, el último artista romántico

El LSD, el MDMA y la marihuana eran ejemplos, la droga de la que quiero hablar son los antidepresivos, hay once tipos de estos, y si no me equivoco son muy diferentes entre sí, no sé hasta qué punto porque tan solo he probado un par de ellos, y apenas sé acerca de la mayoría de las ramas de la farmacología así que lo que pueda leer en un prospecto no me sirve de nada. Pero basándome en mi propia experiencia; principalmente con la trazodona (Deprax), pero también con la amitriptilina (Tryptizol) y la paroxetina; puedo formarme una opinión general acerca de este conjunto de drogas; y entre todas y cada una de las substancias que he consumido a lo largo de mi temprana edad, es con creces, la que más me asusta la idea de pasar todo mi tiempo colocado de ella.

Evidentemente es cierto que son muy eficaces, son exageradamente eficaces; cuando estas realmente mal te harán dejar de sentirte así, el problema es no solo que no te harán sentir bien, sino que te anularán la capacidad de sentir. Crean una membrana protectora entre tú y tus emociones, todo lo que hace un instante te atormentaba, te torturaba sin piedad clavándote agujas en lo profundo de tu abdomen ahora ya no puede hacerte daño, lo ves, eres consciente de su cercanía, pero ya no tiene ningún poder, ni si quiera efecto sobre ti, estás con la tranquilidad en la que observas un león en el zoo. El problema viene cuando ves que eres incapaz de sentir alguna otra emoción contraria de la que huyes, como alegría o euforia; te convierte en un zombie, o robot; y creo que alguien que no esté familiarizado con el efecto de las drogas puede tener desventaja a la hora de darse cuenta de esto, especialmente si no es un lumbreras. Nunca me atrevería a decir que encuentras paz bajo el efecto de esta substancia, como la encuentras en los opiáceos, para nada, indiferencia más bien, indiferencia hacia tu vida y hacia todo, te suda la polla el mundo, pero de una manera aterradora, te suda tanto la polla el mundo que paseando te cruzarás con alguien a quien le están pegando una paliza y te sudará la polla; te sudará la polla tantísimo el mundo que hasta te sudará la polla que cuatro viejos gañanes pero astutos y adinerados con cierto gusto por el lujo y la coca se rían en tu cara cada vez que hablan tan convencidos en los medios, a la par de que estás pagando su altísimo nivel de vida del que no soy capaz de imaginar el precio y las implicaciones de ello.

Así que, menuda casualidad, un instrumento para devolver al estado de ciudadano medio respetable, para todos aquellos que se desvían, que empiezan a escuchar a su corazón y al ignorarlo este les grita; y atormentados por su más profundo yo  quieren volver al que creen erróneamente que es su estado natural, y se esfuerzan en “arreglarse” para poder volver a encajar en el engranaje de esta gigantesca y dañina máquina de consumo.




Todo lo que he dicho hasta ahora me parece irrefutable, sin embargo a continuación hablaré de algo que puede ser perfectamente puesto en duda, o quizás haya “evidencias” científicas que lo refuten; no me importa un carajo; yo sé que es así, pero no de la misma manera que sé de qué color es un pantalón o que si suelto un mechero se va a caer al suelo, hay varias maneras de saber algo, diferentes niveles de conocimiento y el establishment solo da como válido uno de ellos, el empírico. A pesar de ser consciente de esto, aún no he aprendido tanto sobre los diferentes niveles de conocimiento como para exponerlos de manera clara o entendible.


Cuando una persona sigue el camino que he descrito hasta el momento de concebir, todos los problemas que rehúsa el progenitor son transmitidos al hijo, si no es en el momento de nacer (que a mi pareced sí que lo es), es en el momento de su crianza (que a mi pareced potencia el mal ya heredado). Para el niño que sufrirá sin saberlo; porque no conocerá un estado de libertad interior, y que creerá que ese malestar es el estado de normalidad; lo más fácil será seguir el camino que le diseñarán sus padres, que no es más que una ramificación a la que preceden numerosas ramificaciones más hasta llegar al tronco, que es el camino prediseñado de vida, la realidad de la que partimos como antes mencionaba. Así acaban formándose hijos horrorosamente parecidos a sus padres, se convierten en quien sus padres quieren que sean, y sus padres quieren que sean como ellos son o como deberían, ya que son incapaces de aceptar que van a morir sin haber hecho nada de lo que sentirse orgullosos, y en el momento de ser padres ya no se sienten responsables por su vida de mierda, se sienten responsables, más bien obligados, a que su hijo sea como ellos creen que debe ser, y creen que debe ser como ellos son o como ellos deberían ser; en vez de luchar por convertirse ellos mismos (padres) en quien creen que deben ser. Durante me asustaría saber cuánto en España ha existido la misma persona pero en diferente contexto generación tras generación, del abuelo al padre, y del padre al hijo, todos la misma persona.



En nuestra generación, con la ayuda de los medios para facilitarlo que ha traído la modernidad, ha aumentado con creces el numero de “ovejas negras” de cada familia; que no conformes con el camino establecido, deciden tomar un desvío a otro lugar hacia el que sienten atracción, lo que ha hecho que las exigencias del padre medio no sean tan absolutistas; pero pensar que estas han desaparecido es increíblemente ridículo, están muy lejos de ser erradicadas, y no lo podrán ser hasta que todo el mundo afronte su batalla interna; nuestra participación en ella está siendo clamada, no podremos criar hijos sanos y libres de complejos, inseguridades, y todos los demonios de los que cada uno de nosotros sufre tormento hasta que no los afrontemos y resultemos vencedores.

 Nuestra historia se construye a partir de las guerras; las luchas, por derechos de colectivos generalmente; y los avances; nos han hablado sobre todas las grandes guerras, conocemos algunas batallas épicas y algunos nombres de importantes figuras dentro de estas y a su vez, somos en mayor o menor grado conscientes del sufrimiento que estas causaron (y siguen causando), y nos sentimos afortunados. Afortunados de no haber nacido en tiempos de guerra y de pensar que seguramente muramos sin haber sufrido una ya que la idea de otra guerra civil española es inconcebible, y que si España se viera involucrada en una guerra externa, ofreceríamos una cobarde participación con el objetivo de sacar el mayor beneficio con el menor riesgo. Así que nos sentimos tranquilos y felices, sabiendo que no va a llamarnos la madre patria a matar y a morir a y por desconocidos en su nombre, ¡pero somos unos inconscientes! Ahora que esa ruidosa llamada ha desaparecido escuchamos otra clamada a luchar, y esta viene de nuestro interior; es una guerra que tienen pendientes nuestros antepasados y nuestra implicación en esta es hereditaria, ellos no estuvieron preparados o tuvieron prioridades a atender, pero el momento de combatir ha llegado. En tiempos de guerra si huías de tu “deber”, te convertías en un desertor y eras buscado; si decides no acudir a tu guerra interna serás igualmente buscado, y por supuesto encontrado, cayendo de manera brusca sobre ti el peso de todas tus emociones reprimidas, siendo víctima del tormento ocasionado para su deleite los numerosos demonios que te persiguen de manera hereditaria o desde cierto punto en tu infancia. Tan solo cuando libremos batalla tras batalla y hayamos aprendido y dominemos las artes de esta desconocida modalidad de guerra podremos resultar vencedores en ella; y tal solo entonces podremos ser libres, libres de absolutamente todo, y felices; en ese caso podremos procrear y traer seres libres y felices a este mundo, pero hay un inconveniente, nuestra sociedad no funcionaría con una población libre y feliz, esta vive de nuestra infelicidad, nos dicen que para ser felices necesitamos dinero para mil cosas diferentes que mejoraran nuestra vida y ese se convierte en el objetivo del juego; a alguien feliz y libre le parecerá absurdo, así que no querrá jugar, y sin jugadores se acaba el juego, así que a los de arriba les interesa más que se receten antidepresivos a su población, para que olviden su batalla interior, para mantenerlos perdidos, y que así sigan buscando su realización personal en un reloj, un traje o un coche y se mantengan dentro del juego, inconscientes de que no es más que un juego dentro de nuestra vida; en vez de proporcionarles una experiencia psicodélica para que se acerquen a sí mismos y obtengan un empujón, un refuerzo en esa batalla.

Doy gracias al sistema por la luz y la escalera, pero echaré un par de partidas a este juego y después me dedicaré a otra cosa, joder si lo haré, que no cuenten conmigo para pasar mucho tiempo dentro.


-Cristian P. Ruiz

[Capitulo 9] Learner






Hay fuerzas que escapan a nuestra explicación. Causas que quedan sin explicar e historias sin resolver, cuyos personajes vagan por el mundo en forma de espectros, encontrando en la pura maldad el cometido que nunca pudieron alcanzar en vida. Son ancianas blancas que se pasean por los cementerios o brisas de viento helado que no esperamos y nos golpean dejándonos de piedra. Son caballeros negros sin voz ni conciencia ni motivos para hacer lo que hacen; porque precisamente eso es lo que buscan, un motivo, un señor, un destino, su voluntad perdida.


- ¿Esto es literal? ¿Existen los caballeros negros?

- Los llaman riders. Yo no he visto nunca ninguno, aunque también se creía que los elveron eran criaturas de los cielos y ahora hay uno en los jardines de heno de cada casa mayor.

- ¿Y no lo son?

- Son sagrados sin duda, porque así lo dicen las escrituras. Pero aunque es raro se pueden multiplicar en la tierra; no descienden literalmente de los cielos cómo los ángeles, esas aves multicolor que estudiamos la semana pasada. Aunque existieran, también puede ser que la explicación de su origen sea metafórica, una cosa es creer en los ángeles y una muy distinta en un ser creado de las almas de las historias sin resolver que asusta viajantes por la noche.

- ¡Que absurdo!

- Aunque eso creen los cruzados, ándate con cuidado si hablas de estas cosas fuera del reino.

- ¿Los cruzados son seres mágicos?

- Bueno, no técnicamente, pero son un asunto complicado.

- ¿Como que no técnicamente? ¿Son humanos?

- Podrías decir que sí.

- ¿Entonces que les separa de nosotros?

- Nadie sabe que los mueve. Evidentemente siguen una voluntad individual, pero aunque hablan y actúan individualmente lo que les mueve es una voluntad común; la de las escrituras dicen ellos mismos, pero no se reúnen en ningún sitio, ni tienen vida personal y nadie conoce su pasado. Si me preguntas, creo que irónicamente esos guardianes de las escrituras se parecen más a los riders de lo que les gustaría reconocer. Pero dejémoslo por otro día, preguntas demasiado, a ti nunca te harían daño realmente, llevas la insignia de los cielos bajo la piel si es lo que te preocupa, no me vuelvas a preguntar. Vamos, es hora de rezar.

- Pero entonces...

- Demasiadas preguntas.

- Si maestro.


Rezamos durante dos medianos, o el que es lo mismo, medio gran; y luego me retiré a los jardines a comer pan recién horneado con aceite de brillo y un trozo de ran. Los jardines son extensiones de terreno dentro de los dominios de un edificio o castillo a diferente altura del suelo donde está construido. Su objetivo es parecer que no se trata en absoluto de una construcción artificial ni de un rincón privado así que las casas compiten para tener jardines inmensos con cultivos vulgares y extensiones que no desvele la vista. Es así porque en las escrituras las ciudades de los cielos crecen jardines de forma natural, y aquí en la tierra tratamos de ser un espejo de ello. Es solo una de las muchas cosas que he aprendido de mi maestro, y animado por los señores, de cuando en cuando me paseo por aquí casualmente, para aparentar que es campo abierto y la gente pasa por aquí a menudo. Hasta aquí llega su obsesión.

Hoy le he vuelto a preguntar al maestro sobre los cruzados, pero me ha vuelto a esquivar. Yo soy un joven estudiante de las escrituras de la casa de rath, y si en alguna cosa les fallo es que soy demasiado curioso. ¿Pero qué gran crimen puede ser a ojos de los cielos, tener curiosidad en las propias escrituras de los cielos? No lo entiendo. Nadie te lo dirá nunca, pero la gente teme a los cruzados mucho más de lo que parece. A veces dudo de si los esfuerzos para construir muros más amplios y traer tierra fértil a los jardines es por orgullo como defiende mi maestro, por lo sagrado como defienden los señores, o por miedo a los cruzados.

Un misionero se posó sobre mi rodilla distrayéndome de mis ensoñaciones mirando el jardín. Normalmente los azules no se relacionan con la gente excepto cuando quieren algo de ti. En un momento entendí que quería, estaba herido era sorprendente que hubiese conseguido llegar volando hasta mí. Los misioneros a menudo llevan pequeños mensajes o actos que realizar, a veces se han dado grandes historias que se dice empiezan con la petición de un misionero, pero casi siempre es para adornar la historia y que sea más fácil de contar.

Un misionero se posó sobre mi rodilla distrayéndome de mis ensoñaciones mirando el jardín.

Es solo una frase hecha, como hace mucho tiempo o en un país muy lejano. Escuche muy de cerca el animal, hasta que me contó que quería que lo matase, algo bastante común. Te acercas al pequeño altar y le das de comer un par de piedrecitas de mérmala, sale volando rejuvenecido y desaparece a la vista sin dejar rastro, limpio y fácil, tal y como dicen las escrituras. Pero ese día me lo pasé cuidándolo e intentando darle de comer de mi pan, hasta que al ponerse el sol el animal murió sobre mi propia cama. No era la primera vez, la última vez tampoco pude hacerlo. Nunca he podido hacer daño a ningún animal ni a nadie, la idea de la violencia o la sangre me provocan náuseas y ni siquiera lo que digan las escrituras me podría consolar si nunca un ser vivo, sagrado o no, muriese por mi culpa. Os he dicho que mi defecto era la curiosidad, pero hay quien dice que también soy demasiado bueno.

Esa noche me sentí muy solo y no me atreví a pensar en nada durante horas. Con la oscuridad, volví un poco más en mí. Fué una de esas noches que no puedes pasar sin tomar una decisión, dios sabe porque. Pensé en mis padres, que debían seguir en el pueblo, en el maestro ocultando libros a la vista de los sacerdotes y mi mente voló poco a poco hacia caballeros blancos en parajes remotos, y catedrales oscuras, hasta que finalmente me dormí.


- Quiero que me cuentes más cosas sobre los cruzados

- ¿Que? ¿Porque? ¿Es que has visto alguno?

- ¿Que? ¡No! Bueno, ahora que lo dices, si, por los jardines; pero no tiene nada que ver, vienen de cuando en cuando.

- El maestro me observó con la mirada fría, y supe que me preguntaba si había hablado con ellos.

- No sé porque te preocupas tanto por mí, aunque hubiese hablado con ellos tú mismo dijiste que con la marca bajo mi piel nunca me harían daño

- Claro claro tienes razón. ¿Pero a qué viene tanta curiosidad entonces?

- Es que me resulta, muy extraño. Tu reacción por ejemplo. El miedo que le tienen todos. ¿Porque siguen existiendo? ¿El mal perdió, qué hay que vigilar?

- ¿Perdió? ¿Te refieres a la guerra?

- Si.

- Creo que ha llegado el momento que te cuente un par de cosas.


Y entonces me contó otra vez la historia de la guerra que marcó nuestro mundo, pero no me la contó como aparece habitualmente. Me contó sobre dé porque nuestra casa siempre está bajo sospecha, me contó sobre el mal, sobre lo que proviene de abajo, no como un bando que derrotamos no como el mal absoluto, sino como las ciudades templo de nuestros contrincantes también a su vez eran espejos de aquello que consideraban ideal. Me habló del mal no como una decisión sino como un punto de vista en nuestras decisiones.


- ¿Sabes porque te cuento todo esto?

- No

- Las cosas, se han acelerado. Un día de estos, los cruzados vendrán, y descubrirán que hemos estado ocultando conocimiento prohibido.

- ¿Que? ¿Qué has hecho que?

- Llegara un día, en el que tendremos que escoger, entre su bien, y nuestro bien. Algún día ellos atacaran, escúchame, sé que suena horrible, pero independientemente de lo que hagamos somos la siguiente casa en su lista. Tiempos anteriores, cuando arriba y abajo convivían, la figura de los cruzados era muy diferente, y para nada eran los fanáticos de las escrituras que son hoy. Cuando acabó la guerra, se declararon seguidores e inquisidores y guardianes de ellas, y persiguen a todo aquel contrario, en parte para eliminar toda duda de que ellos están de parte de los vencedores. A medida que el mal se esconde en el mundo, los nigromantes mueren en sus torres y ya no quedan enemigos visibles; se tornan hambrientos, paranoicos cuelgan campesinos por sospechas de rituales paganos, saquean castillos en busca de símbolos prohibidos. Conocimiento sobre el mundo, ya no siquiera sobre abajo, o referencias a las otras escrituras; piezas del conocimiento invaluables para este mundo, deben ser ahora quemadas y olvidadas por culpa de esos fanáticos. Así que las escondimos,

. ¡Pero no puedes hacer eso! ¡No estas siguiendo las escrituras! ¡Hablas como las escrituras dicen que hablaría el mal!

- ¿Cuáles escrituras? ¿Cómo puedes estar siquiera seguro de que no las han modificado ellos antes de que tú o yo aparecimos en este mundo? - silencio- Yo soy, en el fondo, un aprendiz, como tú. Mi vida es ser un aprendiz, un erudito, un liberal; un learner. Era un learner antes de que el bien decidiese que mi conocimiento, largo tiempo aprendido, me convertía ahora en el mal absoluto, y lo seguiré siendo hasta que las rojas trenas del mundo se abran. ¿Vas a delatarme?

- No... Yo...

- Eres demasiado bueno. El nombre del bien te ha llegado demasiado hondo.

(largo silencio)

- ¿Y no hay forma de enfrentarlos?

- ¿Enfrentar a quién?

- A los cruzados.

- ¿Ahora eres tu quien hablas de enfrentarte a ellos? No, no pueden ser enfrentados, pues son este lado en sí. Aunque los extremos se tocan, quizás, cuando llegue el momento, los veras de otro color.

- ¿Como, que, que estás diciendo?

- Tu mente se nubla, me temo que eso ha sido mucha información de golpe. Te he dado mucho en lo que pensar. No quería hacer esto hasta que fueses un poco mayor, pero el tiempo se acaba. Ahora debes irte, y no puedes volver hasta que no hayas tomado una decisión. Si decides que quieres seguir siendo mi aprendiz, volverás, mañana, en un mes, en un año; y entonces seré el maestro que verdaderamente necesitas. Si decides que soy el mal, entonces me temo que será mejor que no nos volvemos a cruzar.


Andé, sin saber adónde iba, intentando hacer un repaso mental de porque la vida es tan jodidamente complicada. Sus padres habían decidido de muy pequeño enviarlo para tener una acomodada vida de estudio de las escrituras en el castillo. ¿Porque había ido a parar precisamente junto al maestro del mal? Es más, espera, ¿podría ser que otros maestros fuesen así? Ciertamente si no me había dado cuenta del mío propio tampoco de los de otros y tienen motivos para ocultarlo, ¿Tendrá razón acerca del mal y de la guerra? No, eso es solo lo que me quiere hacer creer porque él es el mal. Pero me ha enseñado tanto, no me acaba de convencer la historia de preservar el conocimiento aunque venga de alguien que lleva más de cincuenta años viviendo entre bibliotecas, ¿Porque debería haber hecho algo así? Podría haberme matado cuando era pequeño o envenenar el agua de todo el castillo. Eso sería muy del mal que yo conocía y me habían enseñado, aunque según lo que él dice esto no funciona así; ¿debo creerlo en lo que lo inculpa solo porque quiero inculparle?

Me encontré de pronto, en que de memoria, había andado todo el camino a través del país hasta al bosque de la montaña, al lado de mi pueblo natal, en ese bosque me perdí más de una vez de pequeño y los espíritus me llevaban siempre de vuelta al arco junto la fuente para que volviese a casa. Tantos años después, este sitio me hacía sentir cosquillas en los brazos y las piernas, como si estuviese emocionado de estar ahí, como si el sitio fuese muy diferente aunque probablemente soy yo el que es diferente. Continué quien sabe cuánto tiempo con mis cavilaciones, subiendo desfiladeros en la montaña que la recorrían adentrándose en el frondoso bosque y luego volviendo a salir a su superficie en festivales de luz y cielo azul, que se intuían perdidos en las partes más profundas. Sentado en una piedra a gran altura, además de buscar durante horas alguna más alta todavía. Miraba en dirección al pueblo tratando de imaginar que alguna de esas lejanas siluetas era mi familia, disfrutando de su compañía en las alturas aun sabiendo que no podría volver. ¿Cómo iba a volver?

Para seguir subiendo, y acercarme al cielo, seguí subiendo. Quizás estar más cerca de las puertas de las ciudades sagradas me acercaría mas a las respuestas, pero el camino se volvía mucho más difícil y el bosque más denso, y mi pura resolución se volvía más irrelevante a medida que el cansancio y el sudor se enredaban en las plantas y el peso del bosque reposaba en mis hombros. Yo soy más de interiores. En este caso, mi formación resultaba útil, como mínimo para mantenerme en alerta, mucho más que cuando era un crío y daba por sentado que estaría a salvo; esta magia se rompió. Pues este no es un bosque cualquiera, está lleno de leyendas y avisos de épocas anteriores, sitios demasiado profundos como para adentrarse libremente. Dicen las escrituras que algunos de esos pasajes llevan a otros mundos, a otros bosques, a reinos de espíritus con sus propios dioses y sus propios cielos.

Cuenta la leyenda que un hombre se adentró y por algún motivo sin explicación volvió cuerdo y en perfecto estado. Cualquier campesino se sentiría aliviado al oír eso, pero en realidad esa es una leyenda mucho más terrorífica que la típica de ahuyentarte con dragones o viejos lobos. Porque si una leyenda dice que hay dragones en un sitio, es que probablemente no haya pero quizás hay una posibilidad de que sí. En cambio, si la leyenda del sitio es que una vez un tipo logró salir con vida y sin mayores consecuencias, pues entonces es que probablemente nadie haya salido nunca de ahí tal y como entró.

Dos palos de madera con una cuerda roja trenada separaban el camino de una entrada a lo profundo. No hay necesidad de barreras porque una muralla de piedra maciza hecha de sentido común es lo que me alejaba de aquel sitio. Entonces fue cuando vi unos ojos al otro lado.

Sin darme cuenta, empecé a andar hacia ellos, ignorando el detalle de que el sitio te podía atraer con sus propios medios. Anduve poco a poco atraído por un extraño magnetismo. Atraído por un igual, por una fuerza que quería unir dos partes de lo mismo. Era como si yo estuviese al otro lado y me tuviese que completar. Al fin y al cabo, de alguna forma, todo lo que había aprendido había pasado de aprendiendo a cuestionando. ¿Se trataba ahora el mundo, mi mundo, de una decisión entre el bien y el mal? ¿Qué sabia realmente del bien si mi maestro pudiese ser un sirviente del mal, y que sé realmente del mal si solo he tenido un maestro del bien? Llegue al limbo del bosque del mundo y con nerviosismo sin saber muy bien porqué, guiado por ese magnetismo, abriendo las puertas de lo conocido hasta la vasta pradera que veía ahora, imposible en lo profundo del bosque, quité la cuerda roja para poder seguir adelante. Y dejé de ser un aprendiz.