[Vida Sedentaria] Capítulo IV: Piece of shit




Primero escucho, después hablo. Muchas veces en contexto social antes de que alguien acabe otro ya está hablando, sin molestarse a acabar de escuchar, ya que no le interesa, tan sólo quiere exponer, y antes de que este acabe otro se le sobrepone; es insoportable para mí, ver como se discute sobre algo y como todos están equivocados y nadie quiere escuchar otra verdad. Intentar intervenir y ser rechazado supone un desgaste muy intenso para mí; que alguien no quiera escuchar la respuesta al conflicto que  propone es desesperante. Sobretodo cuando para mí es tan simple.

Ya aprendí de los más viles y sucios lo penoso que es aconsejar a alguien desde tu propia subjetividad y opinión personal, ese es otro asunto. No quiero oír los lamentos de quienes no quieren usar la cura que ya saben dónde encontrar. Asimismo siento que no merezco que escuchen mis lamentos ya que es obvio que se dónde encontrar mi cura y continuo ignorándola. Quizás aún me aferre a mis ideales románticos, pero creo que desde el momento en que golpeé contra el fondo del abismo de mí mismo se diluyeron instantáneamente.

Miedo, ¿Costumbre?  Que concluye en conformidad tóxica. Evasión extrema, amarga satisfacción que lleva a la conformidad tóxica. Fuente de energías negativas, sembradas y alimentadas por el dolor y la humillación, que vuelven a manar su oscura y densa agua; cegadora, propensa a teñir la realidad para provocar en mí un mayor flujo, para después proyectar mi visión de la realidad aún más disonante y punzante. Lo que inevitablemente lleva al aislamiento. ¿Y el próximo paso?



El regreso a la vida sedentaria es inevitable, el graznido del cuervo se torna dulce mientras que el canto del gallo anunciando el nuevo día es ahora vomitivo.

El regreso a la vida sedentaria es inevitable; una vida sin anestesia para alguien como yo muy dolorosa, y una vida con anestesia para alguien como yo demasiado plana.

El fin de la vida sedentaria es necesario, en caso contrario yo no sería más que un pedazo de mierda; no vivir permanentemente allí es lo que te mantiene cuerdo y vivo, recordar el bienestar, los colores y olores, las risas y el Sol.


El regreso a la vida sedentaria se torna inevitable.





El dulce pájaro de juventud
Anhela más, no deja de soñar
Acerca de la libertad, volar a gran altitud.


No puede ver más de lo que con exactitud
Anhela, y no se piensa rendir, no hasta conseguir.
El eterno pájaro de juventud




Preferiría estar muerto antes que convertirme en mi padre




Estaba en mi casa preparando té con un amigo, retiré mi bolsita y le advertí que se le quedaría amargo si no hacía igual; él me contestó que era lo que quería, para así después al añadir el azúcar jugar a equilibrar ese contraste.
¿No consiste la actitud de vida promulgada por nuestro sistema en ese mismo gesto? ¿A edulcorar nuestra amargura con endulzantes externos? ¿Por qué no retirar la bolsita a tiempo y evitar la entrada innecesaria que nos obligará a tener que compensarla después?

¿Porqué hacerlo?

Quizás de eso se trate la vida al fin, de jugar a equilibrar tal contraste tras las continuas alteraciones que sufre.

Sin duda la forma de beber té que tiene uno nos puede decir mucho sobre él.



Desde luego las drogas no son malas si después te lavas los dientes




Anoche, hacia las nueve y algo abrí por whatsapp al amor de mi vida, no me contestó hasta las once, y durante esas dos horas, ella me ignoró, no me valoró, entendí que no quería pasar la noche conmigo y sin plantearme si yo quería o no, me sentí como un pedazo de mierda; sentimiento que creció exponencialmente. Cuando me contestó, pensé durante un rato y entonces le dije que dormiría sólo en mi casa, ya que tenía que levantarme pronto.

Esta mañana hemos quedado para desayunar, cuando me ha explicado su día anterior he entendido que habría estado genial ir, que fue un plan en el que yo encajaba; en vez de desayunar hemos dormido abrazados hasta las dos. Ahora veo la película que me reprodujo ayer mi mente, de qué color es, la proyección que supuso mi realidad; y me doy cuenta de las veces que me he sentido así, de las cosas que me he perdido, de todos los momentos de diversión y éxtasis con mis amigos que forzosamente han sido cambiados por horas de aislamiento y dolor silencioso, de cuántos sábados noche he pasado fumando porros delante de mi ordenador; inmerso en escuchar música y sentirme mal.

Claramente era una etapa que tuve que pasar, pero llevo alargándola desde hace demasiado, forzar derivaciones constantes en el plano de realidad en el que existo físicamente no ha dejado de alejarme de la realidad que debiera haber vivido y ajetrear el constante y cambiante flujo de la que yo escojo habitar. Es desconcertante, y necesito algo más de estabilidad para acabar de levantarme y empezar a moverme; conozco el camino pero me ciega la droga, me ciega el miedo, me ciega el sufrimiento; también me ciegan la conformidad, la pereza y la fatiga. Mi entorno es un constante de entes cegadores y así me cuesta ponerme en contacto con mi yo profundo y poderoso; cuando ya no distingo a este, cuando ha sido acallado y otras voces que hablan mucho más fuerte y sus palabras suenan tan seductoras y románticas, representan el papel de yo titular en el modesto teatro que es mi pequeño mundo.



Estoy dolorosamente estreñido, con la nariz taponada, la garganta irritada y quizás algo de fiebre, no suelo escribir cuando me siento bien. Pocas veces cuando voy fumado, por eso escribo poco; y nunca con mono.

Me gustaría escribir cosas bonitas también, no solo la mierda, o quejas en contra de algo; me gustaría hablar sobre el amor, lo bello y la naturaleza; creo que algunas asociaciones me provocan un bloqueo a la hora de expresarme en este medio, permitiéndomelo sólo para determinadas intenciones, es algo que podría trabajar.

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