[Semana 228] THE LOST GENERATION (final)


Cada día la radio canta antes las cuatro de la tarde, llegando un poco más tarde; cuando plego estoy energético y lleno de ganas de hacer cosas, pero los planes a los que me puedo unir están ya de bajón, no satisfaciendo mis necesidades.

Lo que vivimos y con quien lo vivimos nos moldea, nos convierte en quien somos; y perdiendo estos momentos estoy evitando convertirme en quien debería ser, es como si me arrebataran una parte de mi alma, aún peor, la estoy vendiendo a cambio de algo que no quiero.

En algunos aspectos no dejo de crecer, pero en cuanto a los pilares de mi vida, siempre intento mantenerlos, le tengo mucho miedo al cambio y nunca pongo mucho de mi parte; odio cuando forzosamente se desencadenan cambios radicales a nivel personal. Cuando eso pasa, no suelo poner de mi parte, los rechazo, abandono lo antes posible y vuelvo a mi zona de confort, comportamiento que encaja fácilmente con mi personalidad insegura.

Estuve dos días como camarero, trabajando trece horas el primer día y once el segundo, la mañana del tercer día fue terrible, no estoy acostumbrado ni a permanecer tanto tiempo despierto; como para encima pasarlo trabajando. Me pasé toda la mañana meditando, pensando en dejar el trabajo, y decidí que al ir a casa por el descanso no volvería allí, al menos no esa noche. Al llegar a casa me lie el porro de no ir a trabajar y lo encendí estirado en mi cama, llevaba unos días sin fumar, y fue brutal. Necesitaba unas horas de relax para pensar en mí, y considerar si quería seguir trabajando. Aquella noche la pasé haciendo lo que más me gusta en el sitio donde más me gusta hacerlo.

Fumar mota en casa del Nota; y pillé un buen ciegescal.



En cuanto a ese porro, al colocarme me sentí genial, mis emociones se estabilizaron, mi cansancio desapareció y toda mi rabia, impotencia y odio que produce trabajar se desvaneció ante mis ojos junto al denso humo, volvía a sentirme y pensar de la manera en la que suelo hacerlo.

Entonces una confiada sonrisa se dibujó en mi cara al notar que volvía a ser yo; sonrisa que fue ofuscada instantes después al ser consciente de las implicaciones que esta afirmación tiene. A diferencia de la mayoría de mis amigos, nunca he sido de estar siempre colocado, a la que me estaba pasando, mi cuerpo me pedía una temporada sin fumar, rechazaba el THC, no me apetecía fumar, y si lo hacía me sentaba mal; sin embargo me he pasado el último año de mi vida fumado, hasta el punto de que mi yo colocado de hierba ha sustituido a mi yo sobrio como titular y predilecto. Esto ha comportado que deje prácticamente de leer y escribir (perjudicando mi habla), ya que son actividades que no puedo llevar a cabo si estoy to’ high.

He encontrado refugio en un lugar en el que puedo esconderme siempre que quiera, mientras tenga al menos cinco pavos. La gente que me rodea lleva así tres o incluso cuatro años, hemos normalizado el fumar siempre, está más que bien visto; y claro, uno se siente menos yonkie de esta manera.

El caso es que al día siguiente acepté encargarme de la heladería, lo cual sería un trabajo más llevadero, pero pasarme allí de cuatro a cierre me seguía impidiendo hacer cosas, así que he durado un par de semanas creo, y rechazando este trabajo he enterrado las pocas posibilidades de estudiar algo en Barcelona; ni voy a seguir en filosofía ni me paso a antropología o bellas artes. Adoro el piso, pero no puedo permitírmelo.
Siempre he odiado trabajar, a pesar de que no lo había experimentado, solía decir: “trabajar es como la caca, no la he probado pero no necesito hacerlo para saber que es asqueroso”.


Ahora ya lo he probado y no me tiemblan las manos cuando afirmo que prefiero ser un vagabundo a pasarme la vida trabajando para mantener un hogar y una familia, ese no es mi camino, de hecho la figura de vagabundo me atrae. Por ahora voy a buscar maneras alternativas de vivir mientras me centro en colocarme fuerte y sigo en búsqueda de la canción.

Soy un completo desastre a ojos de cualquiera de esas sensatas personas absorbidas por el mundo que el hombre ha creado, las mismas que olvidan la existencia de otros mundos; pero no estoy solo, estoy rodeado de “colgoaos” y drogotas que les importa un pimiento toda esa mierda y formamos un conjunto muy curioso.

Hemos perdido el interés hacia prácticamente todo; no nos esforzamos para conseguir nada, ni siquiera lo que queremos, esperamos a que venga a nosotros;  cuando tenemos problemas los evadimos y esperamos a que la gracia divina se encargue de solucionarlo más adelante; vivimos al día, y poco nos importa el futuro, nos centramos en el momento; y sobretodo, nunca anteponemos responsabilidades o deberes a nuestro deleite personal; somos la generación perdida, tendida sobre el puente que enlaza la era moderna y la tecnológica, era de la cual no somos hijos biológicos pero es la que nos ha criado y nos ha visto crecer.

Una mezcla de romanticismo e hipismo, con ideales de lucha social pero sin lucha social, somos más de pensar e imaginar que de hacer, cobardes natos. No estamos interesados en el mundo exterior, no queremos viajar, si más no, no físicamente; nos atrae más el mundo interior. El mundo se desmorona, nuestras condiciones y esperanzas de futuro son pésimas, nuestro país está realmente mal, vergonzosamente mal, pero nos da igual, no estamos dispuestos a mover un dedo, pensaremos sobre ello, y publicaremos algo en Facebook, pero no lucharemos por cambiarlo, porque a pesar de ser el lugar donde vivimos, no sentimos que nos incumba, no nos afecta; es algo lejano.

Sé que el término generación perdida ha sido utilizado antes.


Una tarde en vez de coger el bus me hice una mochila (con el libro del señor de los anillos, mi libreta y un lápiz, tabaco, porros, mechero, algo de oxicodona, agua, unas galletas y alguna que otra cosa más) cogí mi guitarra y me dispuse a pasar unos días solo en el bosque; para cuando volviera todo sería diferente, ya no me afectarían las consecuencias de este acto tan cobarde y que a la vez se necesita tanta valentía para hacer; hui como tantas veces antes y me escondí para que no me salpicara mi propia mierda encima, a la vez iba en busca de algo. Así acaba mi vida universitaria, veo con mucha claridad que es lo que busco, se cuál es mi camino, sé a dónde quiero llegar pero no tengo el puto mapa.


1 comentario:

  1. Anónimo2/9/15 12:09

    Quizás, en vez de utilizar mayoritariamente drogas depresoras, las estimulantes serían una mejor elección. Fumando porros terminas divagando en temas difusos y rindiéndote ante cualquier desafío. Tomándote diversas bebidas energéticas terminas subiendo una montaña, pintando un cuadro disfrazado de pollo después de una fiesta a las 6 de la mañana, o construyendo la versión casera (y cutre) de algo sólo por el hecho de demostrar-te a ti mismo que puedes.

    Los hippies ya no están de moda, porqué no producen nada. Aunque a quién le importan las modas?

    ResponderEliminar