[Vida Sedentaria] Capítulo V: Song to the Siren



Sábado 20 de mayo a las diez de la mañana.

Me levanto nada más despertarme y me preparo un batido de plátano, fresas, arándanos y leche de soja, subo a mi terraza a bebérmelo mientras tomo el Sol y hago algún estiramiento y los movimientos apropiados para activar mis canales energéticos; hace un día increíble. Nada más bebérmelo entro a mi habitación a practicar las tres canciones que tocaré sin Cocodrilo Joe esa noche, hay una letra que aún no me sé bien; los ensayos salen de lujo y sigo activando mi canales; una enorme energía fluye a través de mí, en cierta manera mi cuerpo y espíritu ya están en el concierto, habitan ese lugar y se preparan para lo que ya saben que está por venir.

El día anterior ensayamos a fondo la parte con Nota Mamadou Coca y Pepe Larrosh pero no tuvimos tiempo apenas para trabajar ni la mitad del set list; por lo que contaba con practicarlo esa tarde antes de ir a la prueba de sonido, pero Cocodrilo no dio señales de vida hasta pasadas las cinco de la tarde. Hasta entonces no dejé de prepararme, mental y energéticamente para lo que nos deparaba esa noche, ni más ni menos que nuestro segundo concierto, esta vez un sábado noche en vez de un domingo tarde, iba a ser totalmente distinto.

Además de un set list muy distinto al anterior; contando con veintitrés temas, incluyendo canciones de ambos, canciones de Cocodrilo, canciones mías, improvisaciones, temas del Migue con el Nota, temas de Stanich con Larrosh, una parte yo solo, un tema solos Joe y Sali…

Al hacerlo nos sentimos como un puto grupo de estadio.



La prueba de sonido fue horrible, chica microondas nos salió fatal, todavía peor que en el concierto anterior, y no había muy buenas vibras desde ninguno de mis cuatro amigos allí presentes. Me esforcé en mantener todo el trabajo de mi día entero tratando de que esas energías no se sumaran a la mía, lo que me obligó a apartarme un poco. Pretendíamos tocar una canción (down with me) a la que le había puesto letra esa misma mañana así que traté de aprendérmela pero evidentemente no pude, así que seleccioné las líneas que mas me gustaban y mejor quedaban juntas y acorté la parte cantada del tema. Después de cenar volvimos a ensayar todos juntos y esta vez sonaba mucho mejor la cosa, aunque me seguía costando recordar la letra de la nube gris y había temas que no tocábamos desde la semana anterior.

Hacia las diez y media comimos bolas de marihuana.

Me estaba poniendo bastante nervioso, lo que durante todo el día había sido motivación, fuerza natural y entusiasmo se estaba girando hacia el miedo y el peso de una situación sobrecogedora. Pasadas las once, Ricard me propuso tocar una canción juntos y tras meditarlo acepté, tocaríamos m’il•lumines. Pasados cinco minutos de la muy flexible hora de inicio acordada, me encontraba dentro del local solo, dando vueltas nervioso; así que salí a meditar. Me alejé hasta donde no viera ni escuchara y estiré mis músculos, me activé, puse mi mente en orden, traté de equilibrar todo mi ser y entonces sonreí, se tornó el miedo hacia su otra cara, transformándose en motivación y fuerza natural. Ya era el momento; volví hacia el Inagua.




Estuve en el aquí y ahora durante todo el concierto; no tengo ni idea de la diferencia entre lo que fue y lo que podría haber sido porque acudí absolutamente vacío de expectativas; esta vez conseguí gritar cuando venía un grito aunque la emoción sobrepasó el control, tengo que seguir trabajándolo; solo recordé un par de lineas de Down with me y no pude cantarla de la manera en la que debe ser cantada; Cocodrilo Joe tuvo el valor de cantar, a pesar de que él no quedó satisfecho con su actuación yo no puedo sentir algo más que admiración; los cantes de Mamadou Coca fueron sublimes, el clímax eufórico en el público sin duda; Pep dio un paso de gigante en su batalla contra el miedo escénico (aunque no quiso cantar el tema funky); Chica Microondas al final salió guai; me acordé de la letra de la Nube Gris; m’il•lumines salió increíble aunque desafortunadamente tuvimos un ligero accidente tras la canción, en el que el ego de ambos se sobrepuso a mi voluntad y empezaron a tocar soc com l’aigua (tema que me negaba a tocar sin mi eléctrica y pedalera) ofendido, la toqué mal y a desgana.

 No fue la primera cosa rara y fuera de lugar que hizo Hotml a lo largo del concierto…

Sin embargo me siento enormemente orgulloso de él y de todos nosotros, de cómo estamos avanzando y creciendo, y especialmente me siento orgulloso de mí; miro al pasado y me veo a mí mismo con dieciséis años incapaz de aceptar que podía ser cantante pero ya componiendo canciones con guitarra y voz; o a los diecinueve, en el piso de Barcelona, atreviéndome a cantar con Jordi escuchándome en otra habitación, tan solo siendo capaz de murmurar tenues vocecillas agudas formando tristes y melancólicas melodías. Hoy tengo veintidós, he logrado aquello con lo que soñé, con lo que fantaseé durante tanta horas a lo largo de tanto años desde que descubrí el rock a los trece; superar las putas inseguridades, los enormes bloqueos instaurados en mi poco después de mi nacimiento hasta el punto en el que pudiera permitirme ser digno de cantar, que es para lo que he venido aquí, a este mundo regido por físico y material, para explorar mundos que se hallan en otras direcciones, y traer esencias en forma de melodías desde aquellos lugares, para que otras personas si se lo permiten puedan también viajar hacia allí. 

Por primera vez en mi vida me siento orgulloso de mí.


En mi actuación en solitario toqué tres de las canciones más especiales para mí. Primero una de mis canciones más nuevas, a la que creo haber titulado Obviar/Mantener, escrita en el instante en el que viví mi primer conflicto dentro de mi relación con Sü; al no poder expresarme con palabras la sobrecogedora emoción que residía en mi se transformó en esta canción. La segunda fue Like a light Ray, la que dentro de mis mundos internos en los que he dado cientos de conciertos imaginarios podría considerar mi gran obra; y acabé con Song to the Siren.




Esta mágica canción significa tanto para mí… 

Tim Buckley al escribirla debió inspirarse en mi historia de amor con Sü; en el nacimiento de esta, en su ida a Australia y entonces en mi situación posterior, actitud de vida tomada, en mi inevitable y emotivo lamento. Tres estrofas para tres escenarios. Tim Buckley halló una de las melodías más mágicas que jamás he tenido la maravilla de escuchar; a saber cuánto tiempo flotó sobre mares y siguió a almas perdidas con corazón roto hasta que el increíble cantautor la tradujo al mundo palpable y le dio una forma tan perfecta y bella.

Sü no estuvo, lo que me llevó a estar en la vibración ideal para interpretar las tres canciones, aunque especialmente esta; una vibración solitaria, enamorada y melancólica. Tenía puesta la camiseta con la que ella durmió los días anteriores, olía a ella. También llevé puesta la ¿venturina? que me entregó antes de irse a Australia y que había estado sin colgante desde hacía un par de meses hasta el momento en el que me la volvió a entregar, colocándomela alrededor del cuello.


En nuestro primer concierto, tras acabar la última canción, me sentía con más fuerzas que nunca, no quería bajar de allí, anhelaba seguir tocando. Esta vez me costó seguir el ritmo, y agotado ya en las últimas canciones di la talla por lo visto (pero no el cien por cien) sacando fuerzas de flaqueza, arrastrándome a contracorriente necesitando de todo mi esfuerzo; no estuve satisfecho con como canté Heart of Gold por ejemplo. La causa es clara. El primer concierto fue en casa irla, un domingo por la tarde, lleno de gente en gran parte gracias a que era en nuestro pueblo, y la gente se mantuvo atenta, saliendo a fumar pero nunca quedando vacio; lo di todo, el público lo recibió, lo sintió dentro y me lo mandó de vuelta, creando el circulo energético retroalimentativo que ya había notado algunas veces estando en la otra banda. Esta vez, sábado noche en Palamós, con el público reducido a nuestra gran familia de amigo y un par de pequeños grupos de desconocidos lo di todo también, pero no lo recibí de vuelta, la gente hablaba, salía y entraba constantemente; lo que no me hizo perder la concentración más veces que la primera al principio de todo; pero si me hizo vaciarme energéticamente terminando a un nivel exageradamente bajo. Una vez allí, también me llené con la positividad de algunos seres queridos mostrándome su gran agrado hacía lo que acababan de presenciar, pero sobretodo me recargué con negatividad, el miedo de algunos, el egocentrismo de otros, y especialmente de la negatividad producida con el incidente de la mochila; en el que un amigo pasadísimo hizo algo que nos trajo mal Karma a todos.

La resta de la noche la pasamos en una simpática cala cantando hasta el amanecer, en mi vida he cantado como canté entonces; fue asombroso. Ya lo noté la última vez, los ratos posteriores al concierto canté muy pero que muy bien, con mucha paz y tranquilidad. Esta vez fue más bestia todavía y la tarde del día siguiente no estuvo nada mal tampoco, viví un par de momentos musicales muy especiales con un par de personas muy especiales también. Es como volver a la tierra tras un épico combate contra Freezer en el Planeta Námek, donde la gravedad es mayor; sintiéndote ahora todopoderoso de vuelta a tu hogar, donde la gravedad vuelve a ser la regular. Al tercer día experimenté el bajón, apenas hice otra cosa que estar en la cama hasta que hacia cosa de las seis de la tarde me hice un porro para caer aún más rendido presa de un gigantesco peso sobre mi hombros; el cuarto no fue mucho mejor y al quinto, gracias a la clase de yoga pude levantarme y dejar de alimentar exclusivamente patrones de negatividad y darme oportunidad de recuperarme del bajísimo nivel energético en el que me encontraba. 

En el sexto me propongo escribir sobre el concierto.  



...




De vuelta a detrás de la ventana, observando y meditando; veneno en mis emociones manifestándose en forma de pensamiento, me invade y lo alimento. Veo como me voy convirtiendo poco a poco en aquello que tanto odio, entonces mi susto me fuerza a rectificar; solo hasta que el lado oscuro vuelva a seducirme con su creatividad.

La sirena respondió mis cantos, me volvió a llamar, volví a acudir; una ola de amor me impulsa a navegar.


Estos artículos tratan sobre tirar mierda; es lo opuesto a lo que quiero compartir con los demás pero sigo necesitándolo, puede que sea mi desagüe, pintado y camuflado con falsa e idealizada belleza romántica; puede que eso sea una forma de arte.

Intentaré dejar de pretender, dejar de escribir bajo mis asociaciones y condicionamientos.


Llamo urgentemente a mi ego, al que insensatamente pretendí exterminar. Creyendo haberlo conseguido hallé ciego de mí una realidad en la que yo no importaba, nadie quería escucharme y nadie podía comprenderme, me encontré con la otra cara de la moneda del ego, un egocentrismo pesimista, en vez del mejor el peor, el ser más poderosamente depreciable. Ahora me pido disculpas y le pido volver, y que vuelva a intervenir cuando sea necesario, nada es el mal en su medida justa. El bienestar se encuentra en el equilibrio consciente de mente, cuerpo y espíritu; en el tratamiento sin retraso del temporal que suponen las emociones, permitir alejarse a esas nubes grises y densas que ni el más fuerte viento podría arrastrar mientras siguiéramos aferrándonos a ellas; y en la aceptación y respeto del ego, en dejar de resistirnos a nuestra condición; y en el trabajo consciente a partir de este punto, hacia la dirección que llegados aquí ya conoceremos. 

Ansío partir.


Cuantas noches habré pasado solo en mi casa, imaginándome lo que sería que ella estuviera aquí y poder dar un paseo a su lado, ya ni si quiera esperando que volviera a quererme de aquella manera, tan solo tenerla delante, verla, escucharla, disfrutar de un rato en su presencia. Como se me iluminaban los ojos, y como se estremecía mi corazón con las puñaladas de realidad, esa a la que maldecía y en la que no sabía cuando, o si lograría poder volver a experimentar esa posibilidad; una realidad en la que no hubiera medio planeta de distancia haciéndolo imposible.
No puedo seguir ignorándolo; si de verdad lo quiero acabar de superar; tengo que dejar de sentir que no soy digno de tener algo a perdonar, jamás me atreveré a culparla, pero hay un daño, una emoción retenida, que para permitirle marchar antes tendré que aceptar.



Vacaciones entabacadas allí donde concluí que no volvería a estar. Seducido por el veneno, por su dulce y pasional aleteo en un inmenso y ahumado vuelo sobre un seco desierto.


Aislamiento voluntario ¿en busca de qué?


Mis metas están más cerca que nunca, ¿por qué retroceder? ¿Por qué bajarme del tren, del que tanto anhelé poseer un billete? ¿Qué retorcida idea podría seducirme ya, habiendo bebido del agua que emana la gran fuente? ¿Por qué escoger oscuridad habiendo experimentado la luz? La dulzura de un hada me envuelve; puedo percibir y tomar el amor que nuestro planeta nos envía; ¿Por qué volver a beber de la desgastada botella de la negatividad?


A veces basta muy poco para volver a activar antiguos patrones de comportamiento, de manera automática; al fijarnos en ese elemento tan significativo con el que nos cruzamos.




La madre de mis hijos vs Robin.
Ella siempre será mi Robin.

Siempre fui Ted en realidad.



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