[Capitulo 2] Knife



Estamos llegando a la ciudad. El traqueteo del autobús escolar acaba de arrancar de los brazos de Morfeo a los más rezagados y la luz se filtra dibujando la clara silueta de unos edificios y un cartel de bienvenida parcialmente destruido. No sabemos qué nombre tiene este lugar. Me planteo fugazmente parar y buscar el cartel por el suelo, pero sería inútil. Tampoco es realmente ya una ciudad. Son los restos de algún pueblo grande, cuyas coordenadas nos pasó por radio hace unas semanas no sabemos quién. Hemos recorrido medio mundo para venir aquí, y el trayecto nos ha costado bastante caro; somos menos de lo que éramos al principio del viaje y casi no nos quedan provisiones. De hecho llevamos pasando bastante hambre los dos últimos días, así que…

¡Eh! ¡Mirad! ¡Es un supermercado! – Gritó Noise, mirando por la ventana.

Qué más dará, idiota, llevará mucho tiempo saqueado y más estando aquí en medio. – Dije yo, con un ligero tono de queja, pues llevo muchas horas en perfecta soledad y silencio como para que ahora todo el mundo se ponga a gritar por un simple supermercado en ruinas.

¡Pero este tiene luces dentro! – Dijo Noise, aún más fuerte.

Mis hermanos, aun remoloneando, abrieron los ojos como platos y se arremolinaron en torno las ventanas de la derecha entre gritos, vítores y silbidos. Las transiciones repentinas de situaciones tranquilas a caóticas en segundos siempre me van a sorprender, pero por un momento olvidé mi indignación y alce las cejas; no me lo podía creer, pero ahí estaba, un supermercado junto a un aparcamiento que alguien había vaciado de coches. Es comprensible la ilusión que nos llevamos todos al encontrar un antiguo supermercado entrando en el pueblo que, dios sabe cómo, tiene las luces encendidas. ¡Esa gente, quien quiera que sea, ha conseguido un generador! Eso son más que buenas noticias. Podemos conseguir comida. 

¿Por qué son tan importantes las luces?

Pues porque no tenemos dinero. Y cuando digo que no tenemos, es que no tiene nadie. El dinero, cuando cayeron los estados que gestionaban centralizadamente el valor de este, cayó en el más profundo olvido. En las pocas interacciones comerciales que hemos tenido en todo esto tiempo las monedas de cambio habitual son conservas, combustible, herramientas mecánicas, medicamentos y alcohol; y nosotros no tenemos nada de eso, o nada que nos sobre. Pero si esa gente tiene luz, significa que tienen generadores, significa que tienen maquinas, y energía para hacerlas funcionar. Y si algo tenemos de sobra en el maletero es cobre, electrodomésticos y piezas de recambio de todo tipo de aparatos eléctricos; quizás nos sirvan para intentar un truque.



Con el sol ya a medio alzar, a esa hora que no hace un calor pero ya hay luz, bajamos del autobús con mantas parcheadas sobre nuestros hombros con un cierre que habíamos inventado que daba un cierto aspecto de túnica y de capa del Far West. Nos acercamos andando y hablando animadamente hacia el supermercado, contentos de estirar las piernas al aire libre. El conductor del autobús, Drive, acelera y empieza a dar vueltas por el enorme y prácticamente desierto aparcamiento.

¿Puedes parar de una vez? – Le dije, visiblemente mosqueado.

¿Porque? ¡Si es muy divertido! – Dijo Drive, y sonrió ampliamente.

¡Vas a estrellar a catorce! – Protestó Mom, refiriéndose a nuestro autobús escolar, el número 14 de la zona de la que perteneció; como ponía pintado grande y rojo en la parte trasera. Autobús también llamado catorce, para abreviar.

¡Eso es imposible, somos trece! – Esta vez había hablado Joker. Obviamente no voy a explicar esta broma absurda. Joker es así, hay que acostumbrarse, pero nos hizo gracia.

Mom iba a replicar, pero las risotadas de los restantes doce le acallan la voz. Con la boca abierta de indignación, busca soporte mirándome a mí, pero se sorprende al verme riendo también – soy el menos dado en reír en este tipo de situaciones infantiles – y suelta una risa también. Hoy es el día de La Reunión, dos años después de la última, hemos llegado por fin a nuestro destino y hoy parece que vamos a comer una buena ración. ¿Por qué no nos podemos permitir reír un rato todos juntos? Al fin y al cabo nos encontramos completamente relajados, riendo, hablando en voz alta, andando alegremente y agarrando firmemente cuchillos de 40 centímetros bajo las mantas por lo que pueda pasar. Cosas de la costumbre. 



Me doy cuenta de que estamos haciendo muchísimo ruido y sujeto más fuerte el cuchillo afilado. Me pongo tenso, preparado, dejo de reír pero no me siento mal, al contrario, la tensión desbloquea mi estómago y me hace olvidar el sudor frio que me acompaña normalmente cuando llevo muchas horas sin dormir y me siento desconectado de la realidad.

Joker hizo alguna otra broma absurda y me relajo nuevamente. Hoy es un buen día, sigo la broma y me dejo llevar por la situación. En cierto momento hasta dejo de agarrar el cuchillo con todas mis fuerzas.

¿Has tenido alguna vez la sensación de que algo bueno va a ocurrir?

Entramos finalmente, aun con Joker y Drive riendo un poco, pero atentos. Hemos cometido muchos errores antes pero intentamos no cometer mas. Solo entrar actuamos sincronizados y vigilamos todos los ángulos posibles, desplegados disimulando, cubriendonos entre nosotros. El reconocimiento acaba rápidamente, solo hay tres personas dentro y no van armados.

¿No van armados?

¿En serio no van armados?

Llevan ropas bastante decentes, pantalones tejanos, chaquetas cuya única función parece abrigar y no ocultar armas ni llevar objetos esenciales para la supervivencia. Parecen afeitados del mismo día, tienen la cara limpia y lucen bastante despreocupados. Todo parece indicar… que viven ahí. ¿Aún quedan sedentarios en este rincón del mundo? Había grupos que habían intentado vivir así aun durante el caos de hace dos años, pero no habían durado mucho. Las únicas personas que había visto viviendo sedentariamente eran grupos reducidos, escondidos sin llamar mucho la atención en alguna gran ciudad o muy apartados en las montañas, e incluso esos no se pasaban mucho tiempo en un mismo sitio. Ciertamente, no ocupaban un supermercado de un pueblo grande, encendían las luces, no recibían con una sonrisa y parecían vivir en completa normalidad.

¡Hola! ¡Buenos días! - Dijo el hombre, levantándose – ¿De qué guerrilla sois?

¿Guerrilla? – Dije yo, arqueando las cejas.

Si, a que guerrilla mayor pertenecéis. – Dijo una de las dos chicas que estaban con el hombre.

No somos ninguna guerrilla. – Contesté.

Venga ya, lleváis cuchillos bajo la túnica y al entrar lo primero que habéis hecho es comprobar los ángulos muertos de la entrada, sois una guerrilla. – Dijo el hombre

Son en defensa propia. – Dijo rápidamente Kill, sorprendido. 

¿Que estáis haciendo en esta ciudad aquí entonces? – Dijo el hombre.

Recibimos un mensaje de radio citándonos aquí, no sabemos nada más. – Dijo Code

Bueno, técnicamente, yo si se bastante más, sino no habríamos venido; pero prefiero no decirles nada mientras sea posible. Al fin y al cabo, cuanto menos sepan de La Reunión, mejor.

¿Que código os dieron? – Dijo la chica de antes, repasando lo que parecían ser unas hojas llenas de nombres y números.

¿Código? ¿Nos dieron un código? – Dijo Code

Bueno, más que un código es un número de identificación. Al final del mensaje, ¿No lo apuntasteis?

XTCX201. – Dije yo, con voz alta y clara, y todos se me quedaron mirando.

¿Pero cómo…? – Empezó Code.

Ah, sí, perfecto, seguidme. – E hizo un gesto para que entrásemos a recorrer los pasillos de estantes del interior.



Le seguimos sin decir nada más, yo contento de que la atención se hubiese desviado hacia él y los largos pasillos rodeados de pilas de latas de conserva, sacos de lo que parecía grano y arroz, mantas, etc. Ese sitio era todo un almacén para la supervivencia. Un grupo de 13 personas como nosotros podría vivir sin problemas de abastecimiento de ningún tipo durante años. Encima había luz y lo que parecía un depósito de agua caliente. No es normal, lentamente, malos pensamientos empiezan a entrar en mi cabeza.

¿Qué coño estaba pasando aquí? ¿Dónde nos lleva? Lo hemos seguido sin pararnos ni un momento a pensar que quizás es un enemigo, un miembro de la Revolución, y todo esto no es más que una trampa.

El hombre gira, sin parar de andar. Gira y me mira directamente a los ojos, continúa su camino. Mi paranoia va en aumento. Kill se gira y me pregunta si me pasa algo, estoy bastante blanco y empiezo a mirar a mí alrededor con gestos algo bruscos.

-Se lo que estás pensando, - Empieza Kill, reconociendo la violencia en mis ojos - pero es un buen tipo; Code y Mom se han quedado hablando con las dos chicas, no va armado, nosotros sí y somos muchos más. ¿Qué puede pasar?

Sus palabras no me tranquilizan y el sudor frio esta más presente que nunca; al compás de mis preocupaciones, empiezan a ocurrir cosas raras a mí alrededor. Veo figuras que se mueven entre las estanterías, los fluorescentes del techo apagarse y encenderse tétricamente con ese sonido característico. Al mismo tiempo que se me acelera el corazón, acelero el ritmo de mis pasos, y el hombre los acelera también. Adelantamos al grupo ligeramente; la tensión va en aumento y Kill me coge del hombro, mirándome a los ojos.



¿Qué estás haciendo? – Y mientras me lo dice me zarandea ligeramente, con cara de asustado.

Se lo que estoy haciendo. – Digo yo con voz cambiada.

Entonces, cuando la tensión está en su punto máximo, estoy completamente concentrado en el mis manos, que cogen el cuchillo por debajo de la manta con fuerza. Dejo de ser consciente de mi estómago rugiente y mi sudor frio. El hombre se para, como notando mi súbito cambio de humor. Hay un segundo de calma, me intento acomodar el cuchillo en posición de defensa, con el brazo cruzado por dentro de la manta, la mano cerrada alrededor del plástico del mango y está pegada a la zona del pecho donde hay el corazón. Es una postura entrenada, que permite atacar o defender en un instante pero correctamente vestido, nadie a mí alrededor nota nada raro. Excepto Kill, claro, él invento esa postura.

¿Qué coño te pasa? ¡Tienes esos ojos!

Aparto a Kill con el otro brazo hacia otro lado. Tenso, el cuchillo me roza el abdomen; en un intento de acomodármelo mejor, debido a mi estado de tensión hago un movimiento ligeramente demasiado brusco y me hago un corte absurdo y superficial en el pecho. Al notar el contacto con la sangre, mi mente se vacía totalmente y luego se vuelve roja, la tensión hace que deje de temblar y ya no siento nada.

En cosa de un par de segundos, ocurren un montón de cosas. El hombre se gira, me mira a los ojos y salta directamente hacia mí con las dos manos abiertas, como si su firme intención fuese estrangularme limpiamente con ellas, yo hago un gesto rápido y abierto con el cuchillo; hasta ese momento perfectamente ocultado bajo la túnica y ahora lo sujeto abierto con mi mano izquierda después de un revés en el que yo quedo con una pose muy teatral, salpicado de sangre y el que el hombre cae al suelo con un tajo enorme e insalvable en la garganta.

Hay un segundo de silencio, de cortesía imagino y alguien grita. Es lo último que oigo antes de mirar a Kill y desmayarme.



¿Has tenido nunca la sensación de que algo malo va a ocurrir…

…y ha ocurrido?

Continuará.

Imagenes: English Snow

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