[Capitulo 6] The Main Character




Dejé atrás un mundo, pues me dio la sensación de entrar en otro. Mi visión al entrar en la catedral y cerrar la puerta con la Revolución a mi servicio matando a todos a mi espalda fue la de Boy, corriendo por los pasillos interiores y medio ajardinados de una catedral que no se parecía en nada a la que había entrado por la misma puerta unas horas antes.

Seguí a Boy sin terminar de creerlo, y cuanto más avanzaba adentrándome en la catedral de la luz, mas oníricos se volvían sus pasillos, mas enfermiza la persecución hasta el punto de no saber porque estaba corriendo. Quizás pasaron días, o meses, eones, en los que vagué por la catedral que ya no era un edificio sino un bosque, un desierto, unos acantilados y me empujaba por ellos con la determinación de alguien que sueña y tiene un destino pero no sabe a dónde va. Lo intenté todo, acampé en claros, me senté durante horas en rocas muy altas con los ojos cerrados solo para descubrir al abrirlos que había rocas más altas aun, desde las que se veía el horizonte y sabía que no podría escapar.

No parecía existir nadie más en este mundo, si es que es un mundo. Todo era ligeramente familiar, como un collage de localizaciones que ya existen en la tierra. La campiña verde, los molinos viejos de madera, las montañas nevadas de fondo y un bosque de cerezos japoneses. ¿Eran esos lagos de escocia? Parece el patio de juegos de la naturaleza. De un Dios.

Fue una época interesante, muy intensa, me dio tiempo para pensar; poco a poco me fui recluyendo en mí mismo de tal forma que podía modificar como percibía mi entorno solo cambiando mi estado de ánimo o con un pensamiento fuerte. ¿Solo cambiaba mi percepción? Hubiese jurado que las hojas caían a mi voluntad, y que las estaciones ocurrían cuando tenían que ocurrir. ¿Acaso no se apartaban los árboles y dejaban a la vista viejos castillos y llanuras inmensas a mi paso firme, y se contraían y formaban senderos empedrados cuando no sabía adónde ir? ¿Era yo El Creador? ¿El Destino?

¿Te imaginas que llegas a un punto de tu vida en que tienes que plantearte seriamente si eres el todopoderoso como una posibilidad perfectamente válida?

Pero yo no era hoy Dios.

Si fuese el destino, tendría preparada alguna jugada irónica de lógica retorcida, como que cuando dejase de buscar la salida ella misma se manifestaría o que saltando del acantilado despertaría y todo habría sido un sueño.

Pero yo no era hoy Destino.

Claro que no soy el destino, nadie es el destino; destino es solo una palabra, no una identidad.

       ¿Solo una palabra?

Esa era la voz de Boy. No moví ni un músculo, llevaba quien sabe cuánto tiempo sin escuchar una voz que no fuese la mía. Tiré mi moneda al aire y antes de alcanzar el punto más alto yo ya no estaba ahí para recogerla. Volé con el viento dibujándome alas de pedazos de mar, bosque, centeno y roca a mis espaldas, volé detrás de las montañas y por los acantilados, sabiendo que la voz venia del otro lado, salté con todas mis fuerzas al mar que repicaba contra el borde de las rocas amenazante y me ahogaba con su viento salado y cortante, que disolvió mis alas en el mismo instante que me salí un milímetro de la tierra. De mi tierra.

Y aparecí, como acabado de despertar, con una fuerte sensación de realidad, como cuando se despresurizan las orejas, como si todo lo demás lo hubiese vivido en tercera persona o en una época muy lejana.

Y aparecí, abriendo una puerta que daba a la sala más bella que jamás había visto; porque yo sabía que aún estaba aquí, que nunca había salido del edificio. Y sabía que estaba en el corazón del mundo porque nada mas podía ser tan parecido al corazón de un mundo. La luz entraba por cada uno de los ventanales estallando en color y proyectando imágenes de eventos desconocidos en este mundo en el suelo como si la cúpula estuviese iluminada por veinte astros independientes formando un circulo perfecto en el cielo; las plantas entraban por los agujeros de las paredes, por los rastros de ruina en la que desde fuera parecía una impoluta y firme muro exterior. Parecía construida, y también abandonada mucho tiempo atrás, pero no aparecía como los edificios abandonados realmente son, todo estaba como; perfectamente abandonado. Las exactas ventanas rotas, los exactos desperfectos en los muebles, las exactas enredaderas subiendo por las columnas blancas. El exacto y trágico trono vacío, de piedra fría, en medio de la sala.

Cuando me recompuse, y no tardé poco. Di unos pasos al frente, firmes y amplios. Me vi a mi mismo desde arriba, andando los pasos perfectos haciendo el ruido exacto pasando simétrico entre las dos filas de columnas que llevaban directamente al trono como si el trono importase ya algo después de tantos siglos sin nadie sentado. Enfrente, me detuve, y volví a ser yo mismo.

       Qué diablos está pasando. 

Escudriñe la sala en busca de cualquier cosa, rompí la armonía del lugar tirando armarios y apartando flores. Alguna pista de que es este sitio, de que es este trono, que hago aquí, como salgo, que le ha pasado a mis hermanos, que coño ha pasado con la revolución porque no me atacaron a mi cuanto tiempo he estado perdido me estoy volviendo loco. Los pensamientos empezaban a sobrepasarme así que me senté en el trono de piedra y me hice un profundo corte en el brazo y mis gimoteos acompañaron durante un rato el sonido de las gotas repicando en la piedra.

De eso me sirve ser yo mismo, si es que existe tal cosa.

En vez de calmarme empecé a estar mareado y ponerme blanco como la tiza. Quizás me había pasado. Quizás llevo años sin comer y yo aquí desangrándome. ¿No seria una forma absurda de morir, desangrado por mi estupidez en medio del clímax espiritual de la historia? Y miré al frente.

       Había un árbol.

Un simple árbol, pequeño, creciendo, en una rendija, una grieta en el suelo que iba a más con los años. Un solo y afortunado árbol que ha tenido la suerte de nacer enfrente del trono donde ningún otro podrá crecer nunca. Ese árbol era algo especial, ese árbol era como yo. Algo salió de él, se me puso en el pecho y me dio calor. Me sentí reconfortado, como si el aire se me hubiese estado negado durante mucho tiempo, aliviado; solucionada una incertidumbre plantada muy profundo en mi inconsciente tiempo atrás.

Ya ningún goteo golpeaba la piedra del suelo. Sentía que tenía poder, pero no que clase de poder. El sonido del silencio era poderoso. ¿Porque las gotas, sonando a ritmo continuo probablemente durante siglos, habían dejado de caer? Es como si un sonido mayor se esté gestado, como si la pausa en la banda sonora añadiese una calma anterior a la tempestad, porque eso es lo que ocurre en las historias y yo soy el protagonista de esta. Como era propicio que ocurriera, un trozo de techo cayó del cielo y me hubiese matado si yo no hubiese sabido, de alguna forma, que ese trozo tenía que caer.

Sentí entonces que una ráfaga de viento y un oscurecimiento parcial de la Catedral de la Luz tenían que ocurrir, por el ritmo, por el ambiente; no porque yo lo previese, sino porque era preciso que así ocurriera. Y el cielo oscureció.

Sentí entonces que el viento debía mecer el pequeño y naciente árbol del trono de piedra. Sentí que la rabia y la incertidumbre crecían en mí y que por lo tanto algo bruto y agresivo tenía que ocurrir. El árbol debía ser arrancado, pero para mí creciente sorpresa nada le ocurrió. El viento, tardío en la historia, volteó páginas de libros a mi espalda y removió hojas del suelo a voluntad. Pero el árbol no se movió.

Ese árbol era Boy, y ese árbol era la Luz.

La luz me lo contó todo. Ahora lo sabía todo y también sabía que lo olvidaría en el trayecto hacia el autobús con mis hermanos. Y si nunca me acordase volvería a olvidar porque nadie sabe que ocurriría si no lo hiciese. Me marché por donde había venido, por un simple pasillo que conducía a la entrada principal de la catedral a la que había entrado huyendo de la revolución minutos antes. La herida autoinflingida de mi brazo me había empapado la camisa de sangre, pero no me preocupó, porque la herida ya no tenía un papel en la historia.

Y la herida desapareció.




who the fuck is david bowie


¿así que te da mucha pena que david bowie se haya pútrido por dentro? ¿así que eras un gran fan? pues apuesto a que no puedes nombrarme tres de sus grandes éxitos; porque este ni se le acerca. putrir a alguien por dentro con un cáncer esta bien, pero eso ya se ha hecho antes. ya nunca mas hablas de estrellas y si lo haces ya nunca estallan en el cielo; se funden, se apagan, pero no estallan.

hasta tu recientes éxitos no son mas que una copia a anteriores trabajos como el caso de emy casadelvino o el tipo que hacia cine y era colega de un gorila. lemmy seria lemmy si el tío que todos conocen como lemmy continuase vivo, y vale es que aun hacia conciertos o sacaba discos, pues igual que el tío que hace de dylan y si llego a afirmar que esta muerto a nadie le importaría al cabo de un rato porque tampoco seria la gran diferencia. 

y es que la muerte parece ya no alterar el orden de las cosas, muere la gente que ya ha cumplido su cometido, que ya ha hecho todo aquello por lo que son la figura que encarna en si mismo. ya no cambian el destino ni definen nada, es simple conclusión. 

y no es lo mismo.

las muertes de la muerte ya no es lo que solían ser.

a veces me preguntaba quien seria el primero de nosotros en morir, y que ocurriría a continuación, pero ya estoy perdiendo la esperanza. no se si eres tu, muerte, o que la vida ya no es suficientemente valiosa como para que alguien se la pueda jugar contra algo mas importante. ¿te acuerdas de bonzo, te acuerdas de mishima, de lorca destruído en una cuneta? has perdido tu dramatismo, te has convertido en algo de lo que se puede incluso hablar; que cultura teme aun que nombrarte pueda convocarte ¿donde el orgullo de tus hermanos?

en vietnam morían jóvenes sin nombre, sin nombre porque aun no habían hecho nada cuyo nombre definiese nada mas que a si mismos ¿alguien recuerda a james, a nick, a tom, a jimmy con la foto de su novia? no, claro que no, porque murieron antes de ser James, Nick, Tom y Jimmy. alguien recuerda a las sobredosis de heroína causando mas muertes en las trincheras que las balas. a los libros no escritos, a los guerreros sin gloria, a la legión de julio cesar, a tripulaciones de barcos enteros navegando vacíos, fantasmas, leyendas en tabernas durante la gran peste europea. eso eran generaciones perdidas, ahora usamos el termino cada vez que tenemos una generación y no sabemos que hacer con ella.

quizás lo que ocurre es que hemos avanzado tanto intentando evitar la muerte que nos hemos hecho el flaco favor de saber cuando y de que vamos a morir. quizás antes el pensamiento surgía y las acciones y los pensamientos se torcían, resquebrajaban, avanzaban y estallaban. épicas canciones y suicidas cargas de caballería. ahora vas al medico y te dicen tienes cáncer de páncreas y que te esta afectando al cerebro en forma de delirios alucinaciones y paranoia. por cierto chico, es terminal y aquí tienes un grupo de apoyo así que por favor no la líes demasiado ni cocines meta ni mates a nadie ni siquiera a ti mismo son solo partes del proceso en el que esperas aquí sentado a que te mueras. imagínate por un momento que te dejamos salir y alguien se da cuenta de que en realidad todos tenemos los días contados.

y nos retiramos a morir, lejos y enfermos, como lo harían los lobos viejos de la manada.

se que estas en algún lugar, con un collar de una cruz cristiana, facciones marcadas a la forma de la calavera que eres en representaciones de medio mundo y que tu piel blanca disimula solo ligeramente, pues en las cuencas de los ojos se te acumulan ojeras de milenios sin dormir y se entreve el abismo que hay detrás ¿como se te ocurre relegar la muerte a la conclusión de las historias, a pasar de segador a guardián en el campo de centeno? eres como algún adolescente que ya no es tan adolescente pero tampoco se siente cómodo en el mundo de los adultos. no hablas con nadie, usas de espejo personajes de the sandman. escuchas the smiths, matas de david bowie, fumas malboro y te tiras en tu cama por los noches sin nada que hacer mirando el techo y pensando en la supermuerte. te comprendo, se que estas cansada, que tus momentos de impresionar, de superarte, de quitarte esa losa que te hace ir siempre un paso mas allá pero te destruye por dentro están desapareciendo. y me alegro. 

pero vuelve.




       


who the fuck is david bowie or the decay of western civilization part 1


[Semana 228] THE LOST GENERATION (final)


Cada día la radio canta antes las cuatro de la tarde, llegando un poco más tarde; cuando plego estoy energético y lleno de ganas de hacer cosas, pero los planes a los que me puedo unir están ya de bajón, no satisfaciendo mis necesidades.

Lo que vivimos y con quien lo vivimos nos moldea, nos convierte en quien somos; y perdiendo estos momentos estoy evitando convertirme en quien debería ser, es como si me arrebataran una parte de mi alma, aún peor, la estoy vendiendo a cambio de algo que no quiero.

En algunos aspectos no dejo de crecer, pero en cuanto a los pilares de mi vida, siempre intento mantenerlos, le tengo mucho miedo al cambio y nunca pongo mucho de mi parte; odio cuando forzosamente se desencadenan cambios radicales a nivel personal. Cuando eso pasa, no suelo poner de mi parte, los rechazo, abandono lo antes posible y vuelvo a mi zona de confort, comportamiento que encaja fácilmente con mi personalidad insegura.

Estuve dos días como camarero, trabajando trece horas el primer día y once el segundo, la mañana del tercer día fue terrible, no estoy acostumbrado ni a permanecer tanto tiempo despierto; como para encima pasarlo trabajando. Me pasé toda la mañana meditando, pensando en dejar el trabajo, y decidí que al ir a casa por el descanso no volvería allí, al menos no esa noche. Al llegar a casa me lie el porro de no ir a trabajar y lo encendí estirado en mi cama, llevaba unos días sin fumar, y fue brutal. Necesitaba unas horas de relax para pensar en mí, y considerar si quería seguir trabajando. Aquella noche la pasé haciendo lo que más me gusta en el sitio donde más me gusta hacerlo.

Fumar mota en casa del Nota; y pillé un buen ciegescal.


Los ojos de SKT Faker




Una puerta destrozada, olor a tabaco y a inciensos de todo tipo. En una habitación se acumula ropa que forma una escarpada montaña y en la otra cuelga una soga decorativa sobre una mesilla de noche que es en realidad un tocadiscos que no funciona. Llamamos habitaciones a las habitaciones porque hay una cama en ellas, pero no tendría porque ser así. Los muebles parecen haber llegado ahí cada uno de una forma diferente, mas una casa parece un collage. Está raramente pintada, colores vivos en los márgenes de las ventanas y puertas e incluso murales de pared entera hechos por sus mismos inquilinos. Cuadros, dibujos y frases obra de los desconocidos anteriores habitantes, letras de canciones de rock en el suelo de la sala del arte, otro tocadiscos, instrumentos de todo tipo, restos de sustancias de legalidad comprometida, lamparas de sal, lava y no suficientes bombillas de diferentes colores, por lo que quedan habitaciones enteras a oscuras durante ciertas épocas del año.


¿Como podéis vivir aquí?


Libros de aventuras, obras de Nietzsche en alemán original, algún cómic, pósteres de videojuegos, Star Wars y elementos de la cultura popular en general. Una bandera de Jim Morrison hace de cortina entre una mitad y otra del pasillo. Puertas que no cierran, un par mas de libros de filosofía, apuntes de la universidad de cursos anteriores y una gran pancarta rota de tela que reza Random Local Guys.

La cocina y baño son habitables de cuando en cuando, en ciclos de limpieza arcaicos que pueden durar semanas o meses, bastante lejanos al típico sistema de cartulinas y rotuladores de colores que usan las chicas cuando comparten piso. Caótico es una buena descripción. En un trozo de pasillo ensanchado que los habitantes de este piso han logrado transformar en una sala completamente habitable, hay un monitor de ordenador encendido, en el que se oye hablar algún idioma sin identificar, unos altavoces hacen luces azules, y extienden ese rumor hasta tres pisos mas abajo.

En lo alto de una estantería de la habitación hay un pote a medias de mermelada de melocotón y puede perfectamente llevar ahí meses sin que a nadie le importe lo mas mínimo. Un proyector encendido apunta a la pared de enfrente, repitiendo en bucle la trilogía de El Señor de los Anillos. Son las dos de la mañana pero no hay nadie durmiendo en esa habitación. Su presunto huésped solo la usa para invitados, guardar posesiones y ver películas acompañado.


Podemos vivir aquí porque que tu creas que hay una forma correcta de vivir o que tener tostadora es imprescindible para la supervivencia de la raza humana no significa que nosotros pensemos lo mismo.


Volvamos al monitor.

Una especie de juego se desarrolla en él, con estallidos y explosiones sin aparente orden ni motivo; aunque nadie está jugando. Cerca, un sofá rojo recogido de la calle subido con gran esfuerzo por cinco pisos sin ascensor, donde hay alguien durmiendo, rodeado con el toque final, un clásico desparrame de embalados de comida y latas de refresco alrededor, cerrando un pequeño ecosistema llamado quinto segunda.






Hay muchas cosas que alguien podría encontrar en este piso fuera de sitio, lamentables, no aptos para una vida respetable. Pero la que da nombre a este articulo precisamente podría ser una de las que pasan mas desapercibidas. En un rincón de la pantalla, entre todo un mar elementos desconocidos y figuras destelleantes que resultan ser jugadores profesionales de alrededor del mundo reaccionando a la milésima de segundo; hay un joven de ojos achinados calmado, que no hace ruido, que nunca dice nada.

¿Que porque se llama Faker? No tengo ni idea. No parece un nombre apropiado para él hasta que lo ves jugar y entiendes lo que esta pasando dentro de ese particular universo, un poco de la misma forma que no podrías entender a Bobby Fischer sin saber algo de ajedrez. Esa persona no tiene para nada apariencia ni formas de Faker que se puedan apreciar a simple vista. Faker es un nombre descarnado, de un tipo muy particular de ironía. Su otro nombre es Hide on Bush, una referencia obvia, absurda, al hecho básico de que en el juego si estas en un arbusto no te pueden ver, presentado al anunciarse tal cual como si fuese una estrategia o la respuesta a una pregunta que nadie ha hecho.

Pero este no es un artículo sobre porque este asiático en particular es mejor al League of Legends que otros asiáticos en particular. Eso no importa, el sentido de este articulo no cambia lo mas mínimo; aunque no sea el mejor, en su juego Faker es poderoso, es dominante. No tiembla, casi no gesticula, a veces sonríe cuando muere, no habla. Juega. Da miedo. Son sus ojos.

Meses jugando tratando de mejorar, tratando de hacer jugadas increíbles, saltando del asiento creyéndote dios cada vez que outplayeas algún desgraciado mas malo o con mas lag que tu, y él sigue con sus ojos muertos destrozando otros profesionales sin pestañear y escuchando listas de reproducción absurdas que mezclan Simon and Garfunkel, openings de Death Note y Kayne West.

En eso que la figura del sofá rojo empieza a levantarse.

Soy yo, en un absurdo recurso literario para cambiar de tercera a primera persona, que me había quedado dormido con el stream encendido. Al despertarme del todo, veo que él ya esta jugando otra vez. No tengo demasiada simpatía a los streamers, youtubers y showmans en general, pero este es diferente, no parezca que venga a exhibirse. Este simplemente juega. Este no se cansa. No como yo, yo estoy hecho polvo. Busco algo de comer que me apetezca y no tenga que preparar, pero ya llevo unos cinco días y cuatro noches solo aquí encerrado en mi Edén particular y las probabilidades de encontrar algo de esas características son mínimas. ¿Cuándo va a volver Cristian? Igual si vuelve pronto le puedo cambiar cigarros por un buen bocadillo de bacon.

Me muero de hambre pero no me veo cocinando: ir a la cocina, encender fuegos, estar pendiente, limpiar algo con lo que comer... Demasiado esfuerzo. Estoy un rato dando vueltas buscando esa inexistente comida fácil, miro el móvil sin batería en el suelo y me siento delante del monitor, donde paso unas dieciocho horas de media al día. Enciendo el lol y empiezo a buscar partida. Me entretiene, es un buen juego. Me hace sentir rápido de mente, ágil. Soy muy competitivo, me encanta jugar en serio y aquí hay mucha gente que juega en serio, incluso un poco demasiado. Ya odiaba a la humanidad antes; he participado en foros y tengo un blog, así que que me insulten desconocidos por internet no es nada nuevo para mi. Le dedico bastante tiempo y noto que voy mejorando mi juego, aunque no a la velocidad que desearía. La verdad, ahora llevo unas semanas estancado y me esta empezando a cabrear bastante.

Después de una especialmente larga y frustrante partida pierdo los nervios, cometo un error fatal y hecho a perder la faena de mas de una hora de juego, y con ella el rango conseguido en toda la semana anterior. Mi cerebro protesta por la falta de dopamina culpando al jungla, y mi falta de azúcar en vena empieza a ser preocupante. No lo puedo dejar aquí, debo enmendar mi error, ser constante,  continuar jugando, como él. Me debato internamente en unos largos segundos de reflexión que siempre hago en la pantalla principal y decido continuar. El cliente empieza a buscar alguna partida de mi nivel, y a los treinta segundos me salta la pantalla emergente, pero por algún azar del destino detengo el movimiento reflejo de mi mano en dirección a la palabra Join y le doy a Cancel después de mirar el infinito cinco segundos mas. Me pongo una chaqueta grande negra llena de bolsillos que reza Hate en la espalda con pintura blanca y salgo decidido a la calle.






Mi cuerpo va andando de memoria a la tienda 24h mas cercana, y voy sin pensar en nada mas que en la partida anterior, mirando al suelo y estirando los músculos por las calles oscuras y semivacías de la noche entre semana de Barcelona.

Tras comprar, a la vuelta, me estoy planteando sacar un cigarro cuando sin mi permiso las manos se acercan a una bebida con gas y a unos donetes de azúcar blanco que llevo en la bolsa. Normalmente me espero a subir todos los pisos para comer tranquilamente mirando alguna partida, anime o a mi transoceánico amigo, pero esta vez es diferente. Me doy cuenta con gran sorpresa que mis dedos están temblando. Alarmado y confuso, me acerco al bordillo de un bar cerrado donde me siento a comer algo. Mis manos se sienten extrañas, es como si cogiera la comida con miedo a que se me pudiese caer, casi con la palma o con todos los dedos; era una forma de comer como, mas primitiva, mas brutal. Al rato decido que estoy haciendo el idiota ahí parado, camino hasta mi portal y empiezo a subir escaleras.

A la mitad me empiezo a marear y a sudar frío. Empiezo a escalar los empinados escalones con las manos, y al llegar por fin al piso vuelvo a comer con esa brutal necesidad y caigo exhausto en el mismo sofá donde hacia nada había dormido cerca de diez horas seguidas. La puerta aún abierta a mis espaldas. La respiración me vuelve a la normalidad, me siento batir con fuerza el corazón, al mismo ritmo que me siento muy y muy cansado...


¿Qué hago en el suelo?


¿Me he desmayado?


Han pasado unas dos horas desde que he salido del piso. 


Me levanto, en silencio casi sin atreverme a pensar. Empiezo a cocinar sin excusas tratando de pensar en lo que acaba de ocurrir. ¿Comí algo ayer? Hay restos de comida por todos lados, pero soy incapaz de identificar de cuando. Sin duda acabo de tener una bajada de azúcar. Acabo de protagonizar una escena verdaderamente patética; desmayado ante el sofá, con la chaqueta de la calle puesta, no porque no tuviese comida, sino porque me había olvidado de que comer era una necesidad básica importante. Sin enemigos ni metas ni rival. Derrotado por la nada. Caído en una inexistente batalla. Sin nada que hacer ni por hacer.

De fondo, él sigue jugando.

Y Faker pierde, porque en el League of Legends se pierde mucho por bueno que seas. Él sigue. Le da a jugar otra, una vez y otra y sin pensar. Me he dado cuenta que a veces me paso horas, durmiendo o medio dormido, mirando de reojo qué es lo que hace, casi esperando que un dia levante los ojos del monitor y me mire a mi. Cuando estoy despierto lo dejo de fondo y raramente me fijo demasiado, pero estas noches me ha llamado la atención algo nuevo. En su nivel, pueden pasar treinta minutos entre que acaba una partida y el juego encuentra los suficientes jugadores para iniciar otra. En estos momentos muertos, él juega a otro juego muy simple, un plataformas de gráficos absurdos, donde te tienes que aprender los patrones de ataque de jefes finales con forma de glitch pokémon o caja de cereales y esquivarlos con aún mas complicados movimientos de un personaje que solo puede saltar y moverse hacia los lados. Es hipnotizante, imposible, y peligroso para la salud mental.

Dicen que de cuando en cuando recibe alguna oferta de mas de un millón de dólares para irse a China a jugar, pero que la rechaza todas, que prefiere quedarse en Korea supongo que por alguna razón profesional o de orgullo nacional. Dicen que su vida es ese juego, pero no parece obsesionado en el sentido en el que nos imaginamos la gente obsesionada con los videojuegos. No es antisocial, ni un hikkikomori, ni parece ningún bicho raro; creo que simplemente un día decidió que iba a dedicarse a jugar y eso es lo que hace. Ha convertido el juego en su vida profesional.

Me fijo y me doy cuenta de que es muy joven para tener su propia realidad. Resulta que le saco dos años. ¿Como puede ser, y porque me sorprende tanto? Hay miles de jugadores de fútbol mas jóvenes que cobran millones y son mucho mas famosos, pero supongo que nunca me había sentido conectado a ninguno de ellos, nunca los había tratado descifrar, identificarme con ellos.






Faker sigue entre partidas, lleva como una semana intentando derrotar un jefe del juego ese cutre y difícil del que acabo de hablar. Cada vez que le toca algún marciano tiene que volver a empezar toda la coreografiada batalla y no cometer el mas mínimo error para llegar mas lejos y mas y mas hasta que haga todo perfecto de una sola vez. Supera un ataque, y otro, ¡y otro! Parece que esta va de verdad, va muy bien. Ha muerto mas de cien veces hoy, pero creo que nunca le he visto llegar tan lejos. Al jefe final le queda poca vida y abandono completamente la sartén con bacon de la cocina para presenciar este momento histórico.

(sonido del juego cuando mueres)

Lo matan justo en el ultimo momento y hasta yo chillo de desesperación, junto a una anónima multitud unida a través de kilómetros de cable de banda ancha y monitores de ordenador. Todos los que estuviesen desperdiciando su tiempo en ver en ese momento a Faker estrellándose contra lo que fuese que ha acabado con su vida deben haber muerto hoy un poco por dentro. Pero lo peor no fue eso. No fue nada. Antes ni siquiera de darme cuenta, antes de que yo vuelva de bajar los ojos del cielo y maldecir la existencia, él ya lo esta intentando otra vez. Ahora donde miro es al recuadro donde apunta su webcam, quinientas veces mas indignado que hace un segundo. Miro en busca de alguna reacción, de algún signo de humanidad, de una mueca, un soplido. ¡Reacciona!

La pantalla emergente de una partida encontrada le hace morir otra vez ya en segundo plano. Para esta partida escoge a Blitzcrank, un robot amarillo que hace -takataka- al andar y con el que se pasea por todo el mapa cogiendo con un brazo retráctil molones y poderosos enemigos con molonas y poderosas habilidades que solo pueden girar sobre si mismos y morir en una breve pero eficaz pelea gitana ante el poderoso y absurdo robot gordinflón y sus amigos.

Es estonces cuando Faker, el mismo que ha respondido con una perfecta cara de poker a estar a un segundo de pasarse una pantalla con la que lleva estancado una semana, hace algo mágico. Sonríe. Faker sonríe, tímidamente, dando una rápida mirada avergonzada a la webcam antes de volver a concentrarse en la pantalla de su ordenador. Es maravilloso, y lo mas simple del mundo. Ríe porque  el personaje le hace gracia, porque es un personaje gracioso. Es la reacción mas normal del mundo: vas a jugar con un personaje divertido así que te ríes. No es una máquina después de todo, esta vivo, es un niño que juega con miedo a mirar a la cámara porque le da vergüenza que le vean. Quizás si rechaza ofertas millonarias es porque tiene miedo de irse demasiado lejos de casa. Quizás juega porque allí es aceptable que lo haga, ni es un genio ni tiene su propio marco de realidad. Quizás es el producto de una cultura basada en el esfuerzo en el que mostrar emociones es signo de debilidad o yo que sé no tengo ni idea, quizás no es que sea especial si no es que yo soy demasiado ignorante y he estado obsesionado con tonterías encerrado en casa y viendo virtudes y haciéndome el dramático donde no hay nada mas que un contexto que no puedo entender.

Tengo que reaccionar un poco con mi vida. Espabilar. Seguir mi camino. Pongo por fin a cargar el móbil, termino de cocinar, dejo la guitarra en su sitio, recojo un poco en general y me planteo tomar mucha cafeína para ser hoy, por fin, productivo. Signifique eso lo que signifique.

Él sigue jugando, le quito el volumen y pongo lo único de música que suena estas semanas en mi ordenador, The Secret Society. Cuando termine esta partida, voy a apagar el stream.

Pasan los minutos y al final de una partida particularmente larga y frustrante, su equipo pierde. Le brillan los ojos. Se le ve cansado. Creo que va a dejar de jugar para irse a dormir o algo, momento perfecto para terminar la emisión. Parece por lo que sale en la pantalla como si jugase en un cibercafé, y está solo, a saber que hora será en Corea ahora, porque aquí esta empezando a salir el sol y creo que mañana, dentro de no demasiadas horas, tiene un partido importante con su equipo profesional, SKT. Por mi parte yo voy a aprovechar para ordenar mi escritorio, y quizás escribir después de seis meses de no hacerlo. También voy a ir a la lavandería automática de abajo, a comprar, y también cuando sean las nueve... Pero Faker le da a Play Again.

El muy cabrón.

El muy hijo de puta.





The Sound of Silence Crew

The Sound of Silence Crew y la creciente cantidad de música electrónica en las fiestas.


Así se llama el turno del cartel de las cinco y cuarto de la mañana. Tiene un color especial y una posición especial en él; no es ni un estilo ni un conjunto de gente dentro de RLG ni tampoco uno de esos turnos comodín que tanto nos gusta crear, poner nombres como "Sr.X" o "Kkokodrilus Montyferiatis" y que en realidad significan "El que esté mas a tope o se mantenga en pie a esa hora que ponga él la música". No es nada de eso, voy a tratar de explicarme.

Respondemos a los estímulos dependiendo del estado mental en el que nos encontramos, y la música no es una excepción. Cuando planteábamos dar fiestas, hace ya bastante tiempo, uno de los motivos principales era que estábamos hartos de los ambientes y músicas considerados por defecto "festivos" que poco tenían que ver con nosotros y queríamos hacer lejos esas prefabricaciones. ¿Porque tengo que tragarme música que no me gusta porque se considera de fiesta, si a mi lo que me motiva y me hace estar a tope es el Rock?

Cada uno de nosotros, se siente atraído irremediablemente por algún estilo de música, y dicho estilo le va a apetecer y motivar casi en cualquier estado emocional que se encuentre. Lo mismo va a cantar Edith Piaf con la lluvia de fondo y melancolía que la cantaría a pleno pulmón y entusiasmo en un karaoke, porque es lo suyo. ¿Importa el estado? Si. ¿Es el estado lo que hace que escuches esa particular canción en ese momento? Puede. ¿Te seguiría gustando igualmente tu grupo/canción preferida si el estado no concordase en nada con el momento presente? Probablemente.

Con el paso del tiempo, a través de turnos de DJ en locales y fiestas propias, nos hemos ido volviendo conscientes que mas allá de esa realidad personal; ciertos momentos, ciertos estados, favorecen específicamente ciertos tipos de música. Una conclusión bastante obvia pero de consecuencias mas profundas de lo que aparenta a simple vista, que sobrepasan la intención de este escrito. De cierto modo reiniciábamos a gran parte de la música que suena ahora en nuestras propias fiestas, y es que se nos escapaba un punto importante que nadie te cuenta nunca, básicamente porque los propios procesos de la subjetividad de la música son precisamente... subjetivos. Los estilos de música, mas que asumidos o juzgados han de ser aprendidos; debes pasar por un proceso para entenderlos, que ese
estado y esa situación te han de conducir por si mismas a comprender a un nivel inconsciente para que luego te puedan gustar.

Con el tiempo, al ir comprobando por nosotros mismos los efectos que tenia la música en cada uno de los estados cognitivos que nos hemos podido permitir, las fiestas han ido disolviendo las preferencias personales, nuestras preferencias personales, y se han manifestado de lleno en el electro, que ocupa ahora la mayoría del cartel.


¿Porque el electro?

Porque es lo que entra, porque de todos los estados personales que queremos favorecer, el electro es el que refuerza mas de ellos. Porque las fiestas se han ido volviendo mas bestias con el tiempo, y necesitas algo que golpee fuerte, que sea constante, que te siga a ti. Porque en estado de excitación sensorial, ya sea porque vayas drogado o porque estés simplemente a tope, es a donde apunta la suma
de las agujas de la polarización emocional personal. Imagináoslo como queráis. Decidlo como queráis. Todos tendremos nuestra imagen mental de ello, consciente o no.

¿Y el problema? No hay ningún problema, es solo una condición. Empezamos con una idea y esa idea ha ido cambiando con el tiempo. Todo normal.

Pero (siempre hay un pero) es que como todo, dista de ser un proceso de transformación harmónico y utópico. Además de todo lo dicho, de la evolución de las fiestas, de su gente, de su nivel de droga, de su música; no puedo evitar tener la sensación de que cuando las planeamos, especialmente en el apartado de la música, intentamos contentar a todo el mundo en todo momento, y que eso nos resta a nosotros.

Veo el cartel y pienso, ¿realmente estoy yo organizando esto?

Defiendo que la electrónica y la tralla en general sean la mayor parte del cartel, pero aunque me apetezca no deja de ser una pequeña concesión al devenir de los eventos, y si algo me ataca es la uniformidad. Soy incapaz, así como seguro algunos de vosotros, de mantener un mismo estado mental demasiado tiempo; e incluso esta idea choca con la electrónica tal y como la entiendo o creo que la entiendo yo. En otro ambiente, nada podría hacer y me aguantaria y me lo pasaría de muerte igualmente, y a las cinco de la mañana me plantearía irme a dormir porque mi cabeza sueña con unos segundos de cambio, agotada de ese estado al que no esta acostumbrada en su día a día. Pero no aquí. Al fin y al cabo, aquí somos tres colegas reuniendo gente en un bosque, no una marca internacional (aún) ni en una fiesta de otras personas diseñada para otras personas a la que se nos da un papel organizativo testimonial. Así que todavía nos podemos tomar un par de libertades.

Si la Random Local Rave es un ritual pagano, una rave, un cuento infantil y una sesión de meditación asistida con polvo de hada; entonces The Sound of Silence Crew es una reivindicación, una vuelta a los orígenes, un horizonte y una milenaria religión oriental. De la misma forma que las fiestas crean un cierto tipo de estado mas adecuado para cierto tipo de música también somos libres de intentar crear un estado mental altamente subjetivo y poner música de acuerdo a nuestra creación.

The Sound of Silence Crew será a la salida del Sol, la parte tangible de la que hablé en la descripción del evento, y será un espacio en la que no estaremos obligados a poner música de fiesta; una hora de posibles escaleras al cielo, cabalgadores de tormentas y brillantes y locos diamantes. Probablemente acaben sonando temazos hypeados igualmente, pero eso dependerá de lo que nos apetezca a nosotros, de la mística y de como nos este sentado el recien estrenado solsticio de verano. Lo mejor que os puedo decir es que os toméis algo y os paréis tranquilamente o saltéis y brinquéis sobre las rocas; en el peor de los casos serán unos instantes para tomar aire entre tralla y tralla, unos instantes para escuchar aunque sea un momento el largamente olvidado y ya desconocido sonido del silencio.