Llantos a la Luna. Segunda parte: Bailando con Lobos


Llantos a la Luna. Primera parte: La Cara Oscura de la Luna

Esta es la segunda serie de poemas que publico bajo el título de Llantos a la Luna, pero cronológicamente son los últimos que escribí; cuando lo hice, y prácticamente siempre que escribo, era de noche. Aquella tarde debí pasármela durmiendo ya que mi horario de sueño habitual suele repartirse en casi partes iguales entre la tarde (entre las 16:00 y las 20:00) y la noche (entre las 04:00 y las 09:00); de este modo suelo estar muy activo entre las 00:00 y las 03:00.
Aparte de activo me siento dentro de un estado de percepción diferente, más despierto en algunos aspectos, y con tendencia a un estado de ánimo melancólico. Esto afecta a todo lo que haga; mejora alguna actividad, como es escuchar música, ver una película, escribir o tocar; por supuesto, todo esto acompañado de tabaco, nicotina medicina.




Llantos a la Luna. Bailando con Lobos


Son días en
Que todo es cuestionado,
¿Qué es real y que no?
¿Qué está pasando?



La dulce semi Sioux, me llevó hasta el lago.
Me disponía a despojarme de mi vestimenta;
Ella frenó el movimiento de mi brazo
Sonrió y se desvaneció.

Ceniza en el aire sin más rumbo que una nota,
Sin más placer que el agudo y bajo dolor.
La castidad de la Diosa, dolorosa
La locura de la Diosa, interesante…






Añicos por el dolor
Añicos por la duda
Añicos por la inexistencia
Añicos por la mentira.




¿Quién es el que habla?, ¿Quién es el que decide?
La moto y el cigarro han sido encendidos
Y el balón despojado, de su dulce cubierta.




Estoy viniendo..
Palabras de un amigo
¿esperanza?, ¿imposibilidad?
Todo es posible.
El límite es puesto por
El subconsciente alimentado
De basura conspiracional
De basura elitista, gubernamental.
¡Qué gran idea, por Dios!
¡Creamos que podemos hacer lo que queremos!
¿Qué podría salir mal?
Solo podríamos perder nuestros sueños,
Solo podríamos olvidar toda esperanza,
Solo podríamos desvanecernos temporalmente…
¿Entonces qué pasaría?
¿Tan Solo? Dejaríamos de interesarnos
Dejaríamos de buscar, de anhelar,
Perderíamos el ímpetu, la pasión,
Desaparecería la entrega, quedaría resignación;
Autocompasión, quizás, ¿ojalá?





Sueños que nunca llegan
Fantasías que nunca se cumplirán..
La realidad no se podría diferenciar más
De cómo te gustaría que pudiera ir.
Se ha acabado, Adiós.



El llanto del perro no cesa,
La oscuridad y la soledad
Cavan un hueco dentro
De su alma y le mantiene
Triste y melancólico, solo
Le queda esperar a que
Salga el Sol y ellos..
vuelvan.





Cosas que no parecían estar determinadas a acabar
En el desenlace se desvanecen, tan solo queda el triste
Y sofocado recuerdo.
Un mal final acabó con todo, se sobrepuso por encima
De los buenos momentos, de las divertidas noches y sobretodo..
Dañó la conexión que unía, a estas personas..
el grupo está disuelto
Solo queda el recuerdo.



A dormir.


El insoportable peso de las apariencias





¿Porque la gente se viste como se viste? ¿Porque hay ciertas estéticas muy marcadas que comparte gente que no se conoce de nada? ¿Porque nos sentimos atraídos a vestir como nuestros ídolos, aunque no sepamos casi nada de ellos? ¿Existe alguna razón ulterior o debemos desprendernos de tanta superficialidad? ¿Porque damos tanta importancia a cultivar nuestra apariencia para el otro sexo y luego nos quedamos sin nada que decir en frente de ellas?

¿Porque nos torturamos la piel y sangramos para tener piercings y tatuajes y pagamos por ello? ¿Es que somos idiotas?
 





Nací en un pueblo. Tengo dos hermanas mayores. Una de ellas, la mediana, me marcó en algunas cosas, en algunas escenas. Yo nunca me había interesado mucho por mi aspecto, consideraba las apariencias algo muy frívolo. Me daba completamente igual la ropa que llevaba, excepto un par de camisetas a las que tenía un cierto cariño; pero sin llegar a reservármelas ni nada parecido, simplemente si las llevaba me gustaban. Tampoco me fijaba mucho. En el pasillo de mi casa había un espejo de paso obligatorio unas 10, 20, 30 veces al día. Nunca me giraba a mirarme, ni aunque fuera antes de salir. Un día decidí ir a una comunión en camiseta de basquet y pantalón corto para exasperación de mi madre e incomprensión de mis hermanas.

"¡¿Es que vas a salir así?!"

Terminé yendo solo porque se negaron a venir conmigo.

Nunca he tenido a mis hermanas como modelo de conducta, más bien todo lo contrario; concretamente en cuanto a las apariencias, estilos y aparentar, siempre lo he asociado a personalidades débiles, narcisistas de supervivencia; una solución a la falta de contenido intrínseco de una persona; que incapaz de comprender los hechos e ideas en sí, solo sabe ocuparse de las formas, y creen que las formas son todo lo que hay. Mi hermana llorando dinero a mis padres para luego ser la más chula del barrio con su sudadera Virus. Robando dinero para salir por el hecho de “tener que estar ahí”. Ya mayor, con trabajo, con coche, y mi madre dándole dinero para, entre otras cosas, gastar 50 euros en la peluquería cada mes. Llorando delante de un espejo, porque no es lo suficientemente delgada, gorda, ancha de hombros: yo que sé. 

Esa es la relación que he tenido yo desde pequeño con el preocuparse de la propia apariencia. Por no mencionar el hecho de que las chicas que visten marcas o hacen ostentación de algo de su apariencia en la escuela y el instituto, esa jungla social, suelen ser las más hijas de puta. Por no hablar del mundo de la moda, de las apariencias en general, que me parecía poco más que una mierda. ¿Sabe usted lo que es una mierda? Pues eso. Una mierda.






Realmente he tenido poco contacto con el mundo de la moda, he tenido el contacto que puede tener alguien que ve las noticias cada día, no lee revistas para chicas y huye más rápido que Sombragrís cuando alguien me decía de pequeño que tenia que ir a comprar ropa. 

Es decir, poco contacto. Por eso mismo os voy a contar lo que se ve desde fuera. 

Lo que ves desde fuera son pasarelas de ropa de lujo en Londres, París y Nueva York, en la que atuendos completamente absurdos, no porque parezcan horribles, sino porque son completamente no funcionales. Ropa de chocolate, pamelas que desafían las leyes de newton, telas cruzadas, cremalleras de diez centímetros de grosor. Cosas que no es que sean horribles porque yo estoy acostumbrado aunque no me lo parezca a un cierto estilo de vestir que me ha tocado por la época en que he nacido y si viera como vestían hace dos siglos también me echaría las manos a la cabeza blablablabla. No, cosas horribles porque no se las pondría nadie nunca porque no son funcionales. Son constructos absurdos hechos por alguien que ha perdido el contacto con la realidad. El mundo de la moda oficial, en posición dominante, curvándose sobre sí mismo. Las chicas apodadas Miss Universo completas subnormales detrás de las posturas y sonrisas entrenadas. Un templo a la ignorancia. Absurdo. Denigrante. Decadente.






Por otro lado, podemos ver, año tras año, en la gala de los Oscar, o Globos de Oro, o lo que sea gente hablando, y millones de fotos, y millones de tweet, y programas comentando sobre cine. Solo bromeaba.

¿Porque hablar de cine si puedes hablar de la ropa que llevan los participantes? 

No solo ocurre en los Oscar, aplícalo a cualquier gala que quieras medianamente conocida. Vale, si a mí me gusta el fútbol y en una gala de cine se ponen a jugar al futbol, pues yo me voy a fijar en el futbol. ¡Pero es que vestirse se viste uno para ir a cualquier sitio! ¿Pretendemos que Brad Pitt sepa chutar faltas desde media distancia y nos reímos de él si la falla? Pues todo el mundo se ríe de Messi cuando va a las galas del balón de oro vestido como le da la jodida gana. Quizás no seguir los dictados de la “moda” es lo que quiere expresar, pero se interpreta como simplemente mal gusto. 

Así, la moda para mí, no hacia más que confirmar el estereotipo de ocuparse solo de banalidades como si fuese lo único que importa, como si no hubiese persona ni mensaje detrás, comentando el precio y el diseñador del vestido de gente que tiene otras cosas más importantes que hacer; que, simplemente pagan 20.000 dólares a alguien para que les diseñe la ropa para la ocasión y les vista, les dejen en paz las jodidas revistas de moda y puedan irse a su casa a llevar chándal como hace todo el mundo. Absurdo, frívolo, superficial.






Con los famosos y poderosos ensalzados por el culto a la personalidad, no por el motivo que les lleva a ser reconocidos, sino como modelos de conducta, al verlos vestidos de una u otra forma crean en parte las tendencias que luego vemos en nuestras calles. 

La publicidad y las marcas, cuando nos venden un producto, no solamente venden el producto en sí, venden todas las características asociadas a él. Los famosos cuando venden, ya sea llevando o publicitando algo, carisma, éxito, sofisticación, sensualidad. Sin duda atributos que todos querríamos asociar a nuestra persona. Inconscientemente asociamos su imagen de éxito a aquello que llevan y las formas en que comportan. Por algo la profesión de vender la propia imagen se le llama ser “modelo”. Porque eso es lo que hacen exactamente, ser modelos de la sociedad; los anuncios no son una lista de las características del producto, el anuncio de perfume es un mensaje de como de feliz, sensual y sexy es la modelo que lleva el perfume, que lleva el mensaje implícito de que tu también lo serás si lo compras. Así es como define tendencias en la moda nuestra sociedad, dejar la representación de las virtudes en manos de aquellos que buscan vender camisetas que valen un euro como si valiese treinta.






Obviamente, un sistema así está obligado a reciclarse continuamente, pues si fuera demasiado estático la misma ropa que sirve para un año serviría para el siguiente; así que los ciclos asociados a las tendencias que hemos hablado antes ya no son fruto de una reinterpretación de conceptos y creación de nuevos ideales, es un sinsentido destinado a vender más y vender mucho, y ha dejado de estar ligado al lógico relevo generacional. 

Si fuese atado al relevo generacional veríamos los jóvenes intentando distanciarse de las ideas que marcaron a sus padres y abuelos por motivos ideológicos, y eso se vería reflejado en rechazar su forma de vestirse; en cambio lo que vemos, sobre todo ahora con la moda hipster, es el decaimiento a la misma ropa a 30 euros la camisa que encontraría yo en los armarios de mi abuelo. Un retroceso a la moda vintage, contemplada dentro de los ciclos normales de clasicismo, romanticismo y neoclasicismo pero sin que haya ninguna conexión con ninguna idea ni de recuperación de valores antiguos. Superfluo, poser, imbécil.

De esta manera lo que acabamos viendo en nuestras calles viene dado por lo que se supone son tendencia y en realidad son porque si, porque alguien lo ha decidido o porque es lo que hay en los almacenes del zara, sin que haya tendencia social alguna. Esta primavera se llevan los tonos pastel. Y punto. Porque sí. No hay simbología detrás. Hay los ciclos de un sistema desconectado que no alcanzamos a entender y gente vistiendo las estelas de esos ciclos a precio de oro. Seguir las tendencias no es un juego de buen gusto ni de encajar con tu personalidad, es un mero trámite elitista; pues la ropa vale dinero y no todo el mundo tiene el tiempo ni las ganas para seguir la moda e ir a comprar ropa cada mes. Los signos de identidad social se aplastan y reciclan como parte del merchandising y pasan a formar parte de una caricatura.






Ligados a las ganas de pertenecer a la élite social y emular famosos en sus "ingeniosas" referencias culturales, revistas de moda y programas de televisión crean los estereotipos asociados a las maneras de vestir y al poder normalmente definido por los niveles económicos de esa élite. Las personas que no pertenecen a esa élite intentan tener una imagen elitista, para corresponderse con el estatus social de sus ídolos, aunque no corresponda con su situación socio económica. Eso les lleva tiempo y un dinero que no pueden gastar.

¿Que tipo de gente imaginas gastando su tiempo y dinero en moda en vez de en literatura, arte, música o videojuegos?

Gente vacía de contenido intelectual.

Gente trabajando ocho horas en un supermercado para llevar luego cadenas de dos mil euros y el coche tuneado. Pseudohippies que critican a Apple en sus ratos libres hasta que su tía la que tiene pisos les regala un macbook air pro por su cumpleaños. Ese chico sin mucha personalidad que se encuentra reflejado en Big Bang Theory porque él también es un inadaptado social e intenta tener estética de nerd comprándose videojuegos y colgando posters de comics que no ha visto en su vida. Chicas adolescentes introvertidas, temerosas y estables que adoran estrellas de rock y en un vano intento de asociarse a ellos copian la estética e ignoran completamente el contenido. La chica con la camiseta del Che comprada en el zara, el chico pijo con la camiseta de Ramones del Berska y el chico antiglobalización comiendo en McDonald’s.

La apariencia como sobrecompensación de la falta de contenido.






Por supuesto todo el mundo da a lo que hace y a lo que lleva el significado que quiere; no estoy diciendo que uno sea un hipócrita por ir de comunista y comprar camisetas de 30 euros. Aunque es un buen indicador. 

También puedes llevar una camiseta de Obey, esa archiconocida marca, a modo de sátira de la sociedad actual. Podría ser que llevando Obey en una camiseta, que significa obedece, estés diciendo que realmente ese es el mensaje de las marcas y la publicidad; llevándolo tal cual, sin complicaciones, tu revelas el mensaje y los criticas simplemente exponiéndolo como aquello que realmente es: Adidas, Nike, Coca-Cola… las marcas y el sistema capitalista como vehículo para decir obedece, trabaja, consume.

Pero, amigos míos, cuando veo a mi prima de 12 años con una sudadera de 50 euros que pone Obedece en letras grandes y rojas, le pregunto porque la lleva y me contesta que porque es muy SWAG, mi teoría de la sátira irónica a la sociedad consumista se derrumba. La lleva por imagen, si tener ni idea de lo que esa imagen significa. Sigue las normas de un sistema incapaz de comprender, así que puramente imita estereotipos. La estética como modo de expresión ha muerto. ¿Es entonces algo sin sentido que debemos olvidar, vestir ropa funcional y lo mas barata posible sin transmitir ningún mensaje? Incluso eso es un mensaje.






¿Ha muerto? ¡No! Lo que ocurre es que da palos de ciego.

Todo aquel que compra una prenda de vestir con otro objeto que no sea el de cubrir su cuerpo y protegerse de los elementos naturales, se hace culpable de orgullo. (…) No hay una sola persona en este mundo que renuncie al adorno.
La Biblia Satánica - Anton Lavey


No me voy a creer una mierda de lo que digas que tu no estas obsesionado con tu propia imagen. No me voy a creer que te pongas en superioridad moral respecto los que trabajan ocho horas para comprar bolsos caros y aparentar un estatus social mayor. Porque tu, y yo, estamos hechos de la misma mierda. Que te digas a ti mismo que no te importa tu apariencia o lo que los otros piensan de ti no se saca del juego de las apariencias, ni de vivir bajo su insoportable peso.

No podemos renunciar a nuestra individualidad, y la ropa que llevamos es una bandera de ella. Las etiquetas son necesarias. El orgullo es necesario. La identificación con algo, aunque sea un estereotipo es necesaria, porque es necesaria nuestra identidad. 

Es una reafirmación de nosotros mismos. 

Aunque a la práctica la gente se vista imitando modelos y cumpliendo clichés y estereotipos con una precisión endiablada lo cierto es que no lo hace conscientemente, aunque no por ello son libres de su pecado. Intentando afirmar, construir o probar su identidad probamos diferentes expresiones de nosotros mismos, escogemos, consciente o inconscientemente, como mostrarnos al mundo porque así es como seremos a sus ojos. Es lo que siempre hemos dicho aquí. Tú puedes ser el genio que quieras dentro de tu cabeza. Pero es aquí, en el mundo real, donde te vas a encontrar a tus enemigos.

Escoges como mostrarte porque eso es importante, porque eso también te define. Confundimos muy frecuentemente nuestra imagen mental de nosotros mismos con nuestra identidad, cuando nuestra identidad se encuentra en todo lo que hay de nosotros, no solo en nuestra mente, sino también en las otras personas. 

Fijarse en la apariencia de alguien para juzgarlo y clasificarlo en tu estereotipo preferido es deleznable si se hace mal o se hace definitivo, pero no es algo malo per se; prejuzgar en base a lo que vemos es una herramienta muy poderosa, fruto de muchos millones de años de evolución, pero hay que controlar tus prejuicios. De hecho, si nos ponemos finos, todo es prejuzgar, porque nunca vas a poder conocer a alguien completamente, nunca vas a poder saber, ni aunque hables con él, el significado exacto de sus palabras.

¿Porque no usar también la imagen que muestra al mundo como parte de ese dialogo? 






Como chico, creía que yo daba poca importancia a las apariencias, pero estaban en mi mente de un modo que no podía comprender, como no comprendía y no quería asumir que sí que importaban por no ser “muy superficial”; me encontraba a merced de mis prejuicios, justamente al creer que no tenía. 

Los prejuicios son inherentes a la mente humana, un arma poderosa, y de todas las personas que me he encontrado en mi vida que afirmaban no tener, que afirmaban no fijarse en el aspecto de la gente o que afirmaban que “no me importa lo que piensen de mi”; ni una, ni una sola, renunciaba a los adornos. Ni una, ni una sola, no estaban completamente obsesionadas con su propia imagen. Ni una, ni una sola, nunca habían cambiado de carril o dejado de hacerlo porque un cierto estereotipo de persona estaba andando por la acera de noche.

Todos tenemos prejuicios, negarlo no sirve de nada, para luchar con ellos hay que conocerlos. No basta con definirse, también hay que definirse teniendo en cuenta la significación que tiene en tu entorno, no únicamente en tu cabeza. No puedes creer que por el hecho de renunciar a la identificación consciente tuya o de otros vas a eliminar la realidad de que nos juzgamos constantemente. No es algo triste, es algo necesario para nuestra supervivencia. Milenios atrás, no prejuzgar a una persona no conocida significaba no distinguir amigo de enemigo. Hoy, la diferencia no va a estar entre saludar un compañero o morir empalado por el miembro de otra tribu, pero sigue teniendo importancia.






Nuestro aspecto, nuestras primeras palabras superficiales con alguien, nuestra foto de perfil del Facebook, aspiran a decir tanto de nosotros mismos que a veces lo que decimos después no es más que una justificación o demostración de todo ello. 

Intenta cambiar de forma de pensar, volverte anarquista, misógeno, adicto a la heroína y fan de Alejandro Sanz y todo el mundo te va a tratar igual. Córtate el pelo de un modo que nunca antes lo habías hecho, y todo el mundo pierde la cabeza. 

Ves a tu alrededor que la gente te trata diferente, ves a los desconocidos presuponer que eres un punki y a tus conocidos rajar del cambio, sea cual sea, porque no encaja con la versión ya estereotipada que tenían de ti. Tienen que volver a observarte, encontrar una explicación de tu cambio, volver a enmarcarte en su pensamiento para tener otra vez sensación de control. Si no encajas con ninguno de sus cajones, te marginan. Pero es inútil obsesionarse con ello, y si lo haces, voy a pensar que tienes algún grave problema de autoestima y que esos cambios no son para expresarte ni explorar, sino para buscar aceptación en tu entorno social. Si, justamente tú, que siempre dices que no te importa lo que piensen de ti, como justificación metafísica de hacer todo lo posible con tal de que la gente piense en ti y ser el centro de atención.






¿Por qué no mostrarse uno rebelde, si es rebelde en su pensamiento? ¿Por qué no mostrarse uno cambiante, si es cambiante? ¿Por qué no debería uno dar miedo, si es oscuro? ¿Por qué no debería uno provocar, si es muy sexual?

Eso es lo que la estética debería reflejar. Así es como nacen las tendencias y estereotipos antes de sumirse en el caos social de las pretensiones, las chicas con emocionalmente 12 años y las bolsas con el símbolo del dólar. Después nos quejamos cuando nos encajan en un marco social estereotipado y no podemos salir, es que no nos hemos definido nunca antes ni hacemos nada para cambiar eso.

Conversación real a través de Facebook, con muchas más faltas que las mostradas aquí; sobre este artículo mismo.

- Parlo de els cicles naturals de les tendències, ja sigui artístiques, polítiques, etc.
Com tot plegat es una mica una repetició dels conceptes de classicisme, romanticisme, neoclassicisme. Cicle que es pot expandir de moltes maneres, però sempre acaba compartint unes mínimes expressions de: valors clàssics, rebuig, reinvenció, reconsideració de valors clàssics, i valors clàssics reinventats. El mateix procés es pot aplicar a casi tot; política, art, pedra paper tisores, metajuego de Magic… saps?

– Si, si, entenc el que vols dir.
- Bàsicament dic que la moda ha deixat de formar part d'aquest cicle i, en conseqüència, el concepte de les aparences.
Perquè la moda esta tant recargolada en si mateixa que si te sentit deixa de ser una distingible des de fora, deixa de banda les seves virtuts i implicacions bàsiques i nomes serveix per crear models de comportament i en conseqüència tornar la gent superficial, buida i absurda

– Discrepo. No es que torni a la gent superficial, la gent es superficial i això ho mostra.
- Es exactament el que hauria de ser.
L'aparença hauria de ser un reflex de com ets i de com esculls mostrar-te al mon, però en comptes d’això ja perdut aquests valors basics i nomes es una reverberació de tendències d'un mon (el de la moda) tant autoreferencial que no entenem res.
La gent, buscant referents n'acaba formant part, donant lloc a situacions absurdes, perquè ja no saben perquè estan vestint certa cosa o donant certa imatge de ells mateixos, perquè no ho saben aïllar del context.


En medio de todo el caos que domina el mainstream de modo implacable, hay grupos de gente que por una razón u otra abandonan la calle principal. 

Esas personas, juntadas debido a algún gusto común, afición o simple rechazo al grueso de la sociedad, forman calles secundarias o subterráneas que conforme van avanzando y no se dejan tragar por la marabunta general cogen referencias, modelos de conducta y simbología propia o de una parte concreta de la cultura popular. Esas calles secundarias se ven reflejadas en sus propios referentes, y si siguen aisladas un tiempo más de la calle principal, acaban desenvolupando personalidad propia producto de la afición común original y la autoreferencia. Con ello, simbología, estereotipos y un carácter asociado. Estoy hablando, como no, de las subculturas urbanas.






El black metal noruego vio nacer uno de sus grupos referentes en un garaje donde se guardaban clavos, piezas de metal, tratando de lucir más amenazadores, incorporaron algunos de esos elementos en su forma de vestir. 

Sus integrantes estaban en una región del mundo pacifica donde casi nunca ocurría nada y todo iba perfecto de puertas para afuera, descubrieron más tarde que había tabús y un sentimiento de inferioridad muy fuerte y culpabilizaron a la moral cristiana. Empezaron a vestir cruces invertidas como protesta a ese hecho y exponían el tabú de la muerte maquillándose la cara como si fuesen esqueletos.

Un día, de pronto, de todos lados les aparecían chicos con sentimiento de inferioridad vestidos como ellos decepcionados de que no quemasen iglesias día si día también.






El grunge, el movimiento/filosofía/protesta/estilo de música nació del ambiente inconformista, renunciando a las caducas referencias de las estrellas de rock, renunciando a la estética propia de ídolos de masas, tocando en garajes y protestando contra el establishment. Eso se tradujo en instrumentos distorsionados o mal afilados, porque no se podían permitir otros; ropa rota y descosida, porque se negaban a ir a la moda. Pelos largos y alborotados, de colores, desafiando convicciones sociales. 

¿Te das cuenta de lo paradójico que es que haya gente que lleva cuidadosamente una estética despreocupada para parecer ser muy despreocupados y rebeldes? 






La estética propia de una subcultura originalmente nace con una razón de ser. 

Es una expresión, o consecuencia, de aquello que predican o de aquello que forman esos grupos de gente pioneros en algo, antes de que se tomen como referencia y otros copien su comportamiento, estilo y estética. La superficialidad de simplemente copiar esa estética se traduce a olvidar los motivos ulteriores de esta, pues una manada de adolescentes y no tan adolescentes ven en sus puntos de referencia no un espectáculo ofrecido, sino un camino real a seguir. Raudos y veloces, en un intento de agrupar en ellos mismos las características que se asocian a la subcultura copian solo las formas, comprando pantalones desgastados de 50 euros, llevando tachuelas redondeadas, dejándose el pelo largo para parecerse a su ídolo, que les grita desde la distancia:

"¡Sed vosotros mismos!"

Pero es inútil, el mensaje llega tarde, llega mal o no llega. Llegan característicos personales del ídolo como si fuesen normas de comportamiento. La impresión del personaje, la imagen asociada, es la que se compra lleva y refleja inmediatamente. Eso es lo que venden las marcas. Eso es de lo que hablaba al principio.

Demasiado a menudo, simplemente nos quedamos embobados con la imagen y personaje que intentamos emular, de manera que sin serlo en absoluto nos quedamos viéndonos a nosotros reflejados en ese personaje aunque poco tenga que ver con nosotros. Normalmente ocurre con estrellas de rock, del cine, de la televisión, escritores, e incluso personajes ficticios, protagonistas de series y de peliculas; originado el conocido efecto Amelie, que lleva a las chicas a pretender ser francesas, y especiales y intrigantes y perfectas pero no llegarían a sonreír como Audrey Tautou ni que entrenaran mil vidas.






Yo vivía en un pueblo. En Sant Feliu de Guíxols y alrededores, siempre ha habido, por ejemplo, reflejos de la subcultura metalera, conviviendo con muchas otras. Muchísimas otras, y a veces, estéticamente muy pero que muy marcadas. Ves canis, ves rastas, ves punkis, ves anarcas, ves deportistas, ves chonis, ves pijas, etc. etc. 

Uno no puede evitar preguntarse; 

¿Esas estéticas tan marcadas, tienen alguna idea detrás aparte de los vestiditos, medias rasgadas y que sus miembros digan tener un concreto gusto musical? 

Sería de esperar, con esas tendencias tan claras y cambios de vestuario extremos, que las formas de pensar e ideas se correspondiesen con ello. Pero no es así. Es una cuestión en entorno, de identificación con algo, con una imagen, que nada o casi nada tiene que ver con las ideas originales.

La mayoría de chicas vestidas de pseudopunk que veo, no tienen nada de punk. No es que sea algo intrínsecamente malo, si escuchan punk pueden vestir la camiseta de punk que quieran, y aunque no escuchen punk también pueden llevar una camiseta de Sex Pistols, le puede gustar estéticamente, o también puede darse que sea gilipollas. Lo que no se explica tan fácilmente es porque ocurre siempre. La casualidad explicaría un caso, o dos; pero no todos.

Mas allá de si conoce o no el grupo, muchas veces esa estética solo está destinada a crear un contraste con el entorno; la identificación con la estética punkie ha transcendido en forma de pura rebeldía; una expresión del rechazo a alguna cosa de tu entorno. Te dejas seducir con la idea de que eres un contrapunto a aquello que odias de tu vida y te identificas con quien antes de rebeló con el sistema, aunque ni los motivos ni el sistema tengan nada que ver con los de aquel momento. Solo queda el concepto de rebeldía.






Mucho más frecuente es seguir una estética y una identificación que, además de proveer un cierto círculo social, suple las carencias personales de cada persona o se ocupa de mostrarse “como le gustaría ser”. 

Así, el chico que no tiene nada en la cabeza, suele adoptar una pose de intelectual; la chica tímida y algo pija tiene un alter ego en internet llamado punkrocksuicidegirl. Lo que debería ser, y a veces es, una expresión de la propia persona se torna un complejo caos de apariencias, camisetas de grupos, fotos en blanco y negro; para el regocijo de los cotilleos y para cansancio y desespero de los chicos que como yo pensaba de pequeño que las apariencias era algo vacío, superficial, absurdo que había que evitar.






Pero uno no se despierta un día en su apartamento de 200 metros cuadrados y decide crearse un alter ego y parecerse a Sid Vicius así fríamente. Uno no abre la Wikipedia y empieza a memorizar para recrear su vida ni coge una imagen de la Wikipedia y le copia la vestimenta. Todo empieza en el entorno. Con alguna pequeña idealización o romantización de alguna conducta. Se puede romantizar casi todo, y en el caso del culto a alguna personalidad, es muy fácil. Esas personas, personalizaciones de algún movimiento, salen por la tele como dioses, entran a través de nuestros ojos en nuestra cabeza y ya nunca salen de ahí. Se reflejan poco a poco, identificándote con una apariencia, costumbres y gente. Guiándote a lo que quieres ser. 

Alguien se olvidó de decirte que con parecerte físicamente no bastaba.

Esas pequeñas inclinaciones a veces se manifiestan en tu entorno cercano, dependiendo de la persona y, obviamente, de lo permisivo del entorno. Si alguien está en un ambiente muy religioso, se identifica con el satanismo pero no es nada rebelde, entonces poco satanismo va a exteriorizar. Internet es una potente vía de escape para esas situaciones, pues ofrece un espacio abierto, con pocas restricciones en las que para algunas personas significa poder ser quien siempre han querido. Donde en su entorno encuentran resistencia, aquí encuentran gente como ellos. Todos somos un poco diferentes por internet, todos tenemos algo de alter-ego, aunque no me atrevería a decir cuál es el alter ego, el de internet o el de el mundo real. Probablemente ninguno de los dos, los dos son partes de como escoges mostrarte al mundo.






En internet, para ser algo solo hace falta querer mostrarte como tal, no tienes que ser como tal. 

Por eso somos todos tan atrevidos, tan listos, tan graciosos, tan rebeldes. Tan divertidos en nuestra foto de perfil. Facebook es nuestro escaparate al mundo. Es una herramienta muy poderosa de identificación personal, pero por otro lado también favorece el postureo, la aprobación fácil y la imagen sin contenido. Pero es que no solo está Facebook. Está Twitter, está Ask, está Tumblr, está Imstagram. Aprovechamos cualquier resquicio, aunque sean los 20 caracteres y los 80x80 pixels de la imagen del Whatsapp para definirnos y distinguirnos de la masa. Y algunos lo cambian cada día, como si alguien lo fuese a leer, tenemos millones de gente hablando sin decir nada realmente, y nadie escuchando. Nadie es todo el mundo pretende.

Es nuestro pequeño intento de ser alguien.

Todos esos esfuerzos se suman y a la larga, y repartidos por diferentes retazos digitales de nuestra identidad digital y analógica, nos creamos un verdadero personaje, que parece tener tres dimensiones y que lleva al máximo su caracterización, alimentando esos procesos para definirse mas y mas dentro de unos parámetros aceptables. Uno se acaba convirtiendo en algo parecido a un personaje de sitcom, donde las situaciones de su vida son complicaciones derivadas de su manera de actuar demasiado encuadrada. Se produce el choque con el mundo real y da situación a todo tipo de escenas graciosas con risas enlatadas. Si al personaje le falta contenido, se le asocia a una subcultura o comportamiento particular y se convierte en su personificación. Obviamente, con el vestuario incluido.


El mundo entero es un escenario,
y todos los hombres y mujeres meros actores:
tienen sus entradas y sus salidas;
y un hombre representa varios papeles en su vida,
siendo sus actos siete edades.

Si quieres que una subcultura se vuelva popular, solamente debes mostrarla como una alternativa posible. Haz una serie en que sus personajes vivan situaciones y digan cosas con las que te identificas y copia la estética de alguna subcultura al azar; sin necesidad de que representen ningún ideal ni valor de esta, solo latiguillos cómicos y superficialidades seguidos de un conjunto de risas enlatadas. Hacen Big Bang Theory y de golpe es cool ser nerd, jugar al Wow y llevar camisetas de superheroes. ¿Pero la ciencia? ¿Que es eso? ¿Lo que dicen antes de las risas? ¿Lo que hay en las pizarras del fondo?






En los pueblos lo que ocurre es que esas subculturas llegan siempre de fuera. Sin que hubiese existido la estética metalera yo saliese un día vestido como un metalero, todo el mundo se reiría de mí. Una población apartada, que en teoría es el sitio idóneo para que surjan tendencias apartadas, la mayoría de las veces no son más que reflejos mal entendidos de ideas olvidadas. Si en un pueblo surgiera una cultura alternativa con una estética propia, tardaría un segundo en ser denostada por el pueblo entero. 

Es en las ciudades donde hay un número suficientemente grande de personas para que se puedan reunir personas aisladas conectadas por una simple idea, actitud o comportamiento y crear un pequeño espacio personal que acabe desembocando en una subcultura urbana. Las personas reforzamos nuestra identidad ardiéndonos durante un tiempo o para siempre en estas culturas suburbanas, y hacemos nuestra la simbología que lo rodea, a veces conociéndolo, y a veces no tanto.






Seguro que habéis visto alguna vez alguien con una camiseta de algún grupo que no tenía pinta de haber escuchado nunca. También habréis visto o habréis sido el que le pregunta, casi con agresividad, que le diga alguna canción del grupo, para intentar destapar su imagen como si de un fraude se tratase.

No hace falta conocer todo lo que te rodea exactamente de memoria, esa persona vestía esa camiseta porque se sentía de algún modo o se quería sentir identificada con la imagen que se desprende de ella o del grupo que representa. Nadie tiene derecho de desposeerte de aquello que te identifica.

Pero de otro lado, seguramente la persona indignada lo está porque, la de la camiseta parece apropiarse de una cierta imagen, apariencia e ideas que quizás le parecen como robadas, al desconocer la de la camiseta el origen de estas. Es un cabreo completamente legítimo. Si él también se identifica con la camiseta y tiene la sensación de que la otra persona la lleva solo por aparentar y no hay nada detrás de ese postureo, se debe sentir como si le estuvieran robando su propia identidad, o comprándola, a 20 euros la camiseta oficial.







¿Messi debe llevar trajes adecuados a las galas de balón de oro? ¿Brad Pitt debe saber tirar faltas con efecto? No, porque no se trata de bien y adecuado, se trata de expresión y adaptación con el entorno. ¿Qué es tirar una falta bien? 

No hay una forma de tirar una falta bien, la misma falta tirada desde dos metros más a la derecha es una falta mal tirada. Hay que tirar la falta adecuada. En el mundo de las apariencias, tampoco es bien o mal, y la expresión y estilo es mucho más importante aún. Si nos ponemos metafísicos, el modo de jugar al futbol de cada uno también es una expresión de nosotros mismos, pero al fútbol jugamos de vez en cuando y vestirnos nos vestimos cada día. Nuestra apariencia debe mostrar y ser parte de nuestra identidad misma. 

Y de pronto, un día lo entendí, incluso yo, que renegaba de las apariencias, era esclavo de ellas, y no eran una fuerza destructora, pues todos nos construimos, poco a poco, a veces inconscientemente, un personaje. Una identidad. Que nos permite expresarnos en base a nuestro entorno. Y la defendemos, a muerte.






Es necesario tener una identidad. Son necesarias las etiquetas. Es necesario el adorno. La simbología. También es necesario conocer aquello que muestras. Es necesario que te identifiques con cosas, aunque no te definan completamente, pues nada puede. No hay etiqueta definitiva, tienes que mojarte, cambiar constantemente. Pues el mundo también cambia a tu alrededor, unas ideas que pudiesen significar vida en un entorno pueden significar muerte en uno diferente. 

Escoge vida.

La próxima vez que escojas una actitud o una estética como tuya, pregúntate a que comportamientos refuerza, a que ideas da importancia. Que pensamientos inspira, que transmite a las otras personas; y actúa en consecuencia. Después de leer todo esto sabrás otorgar importancia a la apariencia, pero tampoco a obsesionarte con ella; ni la tuya ni la de los demás. Sino, he estado hablando y tu leyendo, para nada.

Es necesario tener una identidad pero no es necesario ser una caricatura de aquello que admiras, ni una absurda idealización. No hay nada malo en identificarse con una cultura o subcultura, pero no te puedes quedar solo con la superficie ni estancarte en ella. No solo tienes que pretender ser, tienes que SER, en mayúsculas y negritaTienes que probar, experimentar con tu alrededor, tomar parte. ¿Como vas a distinguir sino la identificación de la sobrecompensación? Tomate cada cambio como una oportunidad para explorar las características asociadas a tu imagen.

Poco a poco, la sociedad ha ido arrinconando la expresión a través de la estética, convirtiendo la identificación e identidad personal en algo que buscan los adolescentes para encajar en alguna subcultura cuando tienen alguna crisis existencial; quitandole todo contenido intelectual. Si nos remontamos a tiempos antiguos, sin publicidad ni marcas, no nos encontramos que hayan dejado de ornamentarse y distinguirse, nos encontramos que esas individualidades significaban rangos, significaban oficios, eran simbolismos de una propia manada, de una propia raza, del comportamiento del individuo, o de su función en el entorno.






Es necesario recuperar la estética como modo de expresión y conexión con el mundo real. 

En realidad, la escena en que teníamos que ir a una comunión y mi familia se negó a aparecer conmigo por llevar pantalón corto y camiseta de una serie de anime no fue casual. No era ignorante de la significación que tenia eso cuando todo el mundo iba a ir perfectamente arreglado. Era un rechazo directo a las ceremonias cristianas pero cumpliendo con mi presencia en respeto de mi familia; obviamente nadie lo entendió. Según el contexto, vestir casual, es una forma de protesta; según el contexto, vestir de etiqueta es una provocación. Lo único que vieron es que iba mal vestido. Repito.

Es necesario recuperar la estética como modo de expresión y conexión con el mundo real.

De las manos de la industria. De las manos de la imbecilidad. De las manos de la superficialidad vacía. Es necesario que sigamos vistiendo camisetas de Iron Maiden y alzar los cuernos en los conciertos de metal, expresarnos en nuestro contexto, porque no es un simple disfraz. Es necesario que haya punks, rastas, canis, rockeros, perroflautas e hippies, y que estas estéticas representen ideas, se mezclen en calles secundarias donde cocinarlas, lejos del caos de pasarelas de moda, de los sacos con la moneda del dólar, de las galas de cine, de las sitcoms absurdas y excentricidades de famosos. Aquí, en nuestro mundo es donde deben luchar.

Es necesario que se combinen entre sí, que sean un escenario de lo que ocurre en nuestras cabezas, dando lugar a nuevas y más poderosas formas de reivindicar nuestra individualidad.




[Capitulo 2] Knife



Estamos llegando a la ciudad. El traqueteo del autobús escolar acaba de arrancar de los brazos de Morfeo a los más rezagados y la luz se filtra dibujando la clara silueta de unos edificios y un cartel de bienvenida parcialmente destruido. No sabemos qué nombre tiene este lugar. Me planteo fugazmente parar y buscar el cartel por el suelo, pero sería inútil. Tampoco es realmente ya una ciudad. Son los restos de algún pueblo grande, cuyas coordenadas nos pasó por radio hace unas semanas no sabemos quién. Hemos recorrido medio mundo para venir aquí, y el trayecto nos ha costado bastante caro; somos menos de lo que éramos al principio del viaje y casi no nos quedan provisiones. De hecho llevamos pasando bastante hambre los dos últimos días, así que…

¡Eh! ¡Mirad! ¡Es un supermercado! – Gritó Noise, mirando por la ventana.

Qué más dará, idiota, llevará mucho tiempo saqueado y más estando aquí en medio. – Dije yo, con un ligero tono de queja, pues llevo muchas horas en perfecta soledad y silencio como para que ahora todo el mundo se ponga a gritar por un simple supermercado en ruinas.

¡Pero este tiene luces dentro! – Dijo Noise, aún más fuerte.

Mis hermanos, aun remoloneando, abrieron los ojos como platos y se arremolinaron en torno las ventanas de la derecha entre gritos, vítores y silbidos. Las transiciones repentinas de situaciones tranquilas a caóticas en segundos siempre me van a sorprender, pero por un momento olvidé mi indignación y alce las cejas; no me lo podía creer, pero ahí estaba, un supermercado junto a un aparcamiento que alguien había vaciado de coches. Es comprensible la ilusión que nos llevamos todos al encontrar un antiguo supermercado entrando en el pueblo que, dios sabe cómo, tiene las luces encendidas. ¡Esa gente, quien quiera que sea, ha conseguido un generador! Eso son más que buenas noticias. Podemos conseguir comida. 

¿Por qué son tan importantes las luces?

Pues porque no tenemos dinero. Y cuando digo que no tenemos, es que no tiene nadie. El dinero, cuando cayeron los estados que gestionaban centralizadamente el valor de este, cayó en el más profundo olvido. En las pocas interacciones comerciales que hemos tenido en todo esto tiempo las monedas de cambio habitual son conservas, combustible, herramientas mecánicas, medicamentos y alcohol; y nosotros no tenemos nada de eso, o nada que nos sobre. Pero si esa gente tiene luz, significa que tienen generadores, significa que tienen maquinas, y energía para hacerlas funcionar. Y si algo tenemos de sobra en el maletero es cobre, electrodomésticos y piezas de recambio de todo tipo de aparatos eléctricos; quizás nos sirvan para intentar un truque.




Con el sol ya a medio alzar, a esa hora que no hace un calor pero ya hay luz, bajamos del autobús con mantas parcheadas sobre nuestros hombros con un cierre que habíamos inventado que daba un cierto aspecto de túnica y de capa del Far West. Nos acercamos andando y hablando animadamente hacia el supermercado, contentos de estirar las piernas al aire libre. El conductor del autobús, Drive, acelera y empieza a dar vueltas por el enorme y prácticamente desierto aparcamiento.

¿Puedes parar de una vez? – Le dije, visiblemente mosqueado.

¿Porque? ¡Si es muy divertido! – Dijo Drive, y sonrió ampliamente.

¡Vas a estrellar a catorce! – Protestó Mom, refiriéndose a nuestro autobús escolar, el número 14 de la zona de la que perteneció; como ponía pintado grande y rojo en la parte trasera. Autobús también llamado catorce, para abreviar.

¡Eso es imposible, somos trece! – Esta vez había hablado Joker. Obviamente no voy a explicar esta broma absurda. Joker es así, hay que acostumbrarse, pero nos hizo gracia.

Mom iba a replicar, pero las risotadas de los restantes doce le acallan la voz. Con la boca abierta de indignación, busca soporte mirándome a mí, pero se sorprende al verme riendo también – soy el menos dado en reír en este tipo de situaciones infantiles – y suelta una risa también. Hoy es el día de La Reunión, dos años después de la última, hemos llegado por fin a nuestro destino y hoy parece que vamos a comer una buena ración. ¿Por qué no nos podemos permitir reír un rato todos juntos? Al fin y al cabo nos encontramos completamente relajados, riendo, hablando en voz alta, andando alegremente y agarrando firmemente cuchillos de 40 centímetros bajo las mantas por lo que pueda pasar. Cosas de la costumbre. 




Me doy cuenta de que estamos haciendo muchísimo ruido y sujeto más fuerte el cuchillo afilado. Me pongo tenso, preparado, dejo de reír pero no me siento mal, al contrario, la tensión desbloquea mi estómago y me hace olvidar el sudor frio que me acompaña normalmente cuando llevo muchas horas sin dormir y me siento desconectado de la realidad.

Joker hizo alguna otra broma absurda y me relajo nuevamente. Hoy es un buen día, sigo la broma y me dejo llevar por la situación. En cierto momento hasta dejo de agarrar el cuchillo con todas mis fuerzas.

¿Has tenido alguna vez la sensación de que algo bueno va a ocurrir?

Entramos finalmente, aun con Joker y Drive riendo un poco, pero atentos. Hemos cometido muchos errores antes pero intentamos no cometer mas. Solo entrar actuamos sincronizados y vigilamos todos los ángulos posibles, desplegados disimulando, cubriendonos entre nosotros. El reconocimiento acaba rápidamente, solo hay tres personas dentro y no van armados.

¿No van armados?

¿En serio no van armados?

Llevan ropas bastante decentes, pantalones tejanos, chaquetas cuya única función parece abrigar y no ocultar armas ni llevar objetos esenciales para la supervivencia. Parecen afeitados del mismo día, tienen la cara limpia y lucen bastante despreocupados. Todo parece indicar… que viven ahí. ¿Aún quedan sedentarios en este rincón del mundo? Había grupos que habían intentado vivir así aun durante el caos de hace dos años, pero no habían durado mucho. Las únicas personas que había visto viviendo sedentariamente eran grupos reducidos, escondidos sin llamar mucho la atención en alguna gran ciudad o muy apartados en las montañas, e incluso esos no se pasaban mucho tiempo en un mismo sitio. Ciertamente, no ocupaban un supermercado de un pueblo grande, encendían las luces, no recibían con una sonrisa y parecían vivir en completa normalidad.

¡Hola! ¡Buenos días! - Dijo el hombre, levantándose – ¿De qué guerrilla sois?

¿Guerrilla? – Dije yo, arqueando las cejas.

Si, a que guerrilla mayor pertenecéis. – Dijo una de las dos chicas que estaban con el hombre.

No somos ninguna guerrilla. – Contesté.

Venga ya, lleváis cuchillos bajo la túnica y al entrar lo primero que habéis hecho es comprobar los ángulos muertos de la entrada, sois una guerrilla. – Dijo el hombre

Son en defensa propia. – Dijo rápidamente Kill, sorprendido. 

¿Que estáis haciendo en esta ciudad aquí entonces? – Dijo el hombre.

Recibimos un mensaje de radio citándonos aquí, no sabemos nada más. – Dijo Code

Bueno, técnicamente, yo si se bastante más, sino no habríamos venido; pero prefiero no decirles nada mientras sea posible. Al fin y al cabo, cuanto menos sepan de La Reunión, mejor.

¿Que código os dieron? – Dijo la chica de antes, repasando lo que parecían ser unas hojas llenas de nombres y números.

¿Código? ¿Nos dieron un código? – Dijo Code

Bueno, más que un código es un número de identificación. Al final del mensaje, ¿No lo apuntasteis?

XTCX201. – Dije yo, con voz alta y clara, y todos se me quedaron mirando.

¿Pero cómo…? – Empezó Code.

Ah, sí, perfecto, seguidme. – E hizo un gesto para que entrásemos a recorrer los pasillos de estantes del interior.




Le seguimos sin decir nada más, yo contento de que la atención se hubiese desviado hacia él y los largos pasillos rodeados de pilas de latas de conserva, sacos de lo que parecía grano y arroz, mantas, etc. Ese sitio era todo un almacén para la supervivencia. Un grupo de 13 personas como nosotros podría vivir sin problemas de abastecimiento de ningún tipo durante años. Encima había luz y lo que parecía un depósito de agua caliente. No es normal, lentamente, malos pensamientos empiezan a entrar en mi cabeza.

¿Qué coño estaba pasando aquí? ¿Dónde nos lleva? Lo hemos seguido sin pararnos ni un momento a pensar que quizás es un enemigo, un miembro de la Revolución, y todo esto no es más que una trampa.

El hombre gira, sin parar de andar. Gira y me mira directamente a los ojos, continúa su camino. Mi paranoia va en aumento. Kill se gira y me pregunta si me pasa algo, estoy bastante blanco y empiezo a mirar a mí alrededor con gestos algo bruscos.

-Se lo que estás pensando, - Empieza Kill, reconociendo la violencia en mis ojos - pero es un buen tipo; Code y Mom se han quedado hablando con las dos chicas, no va armado, nosotros sí y somos muchos más. ¿Qué puede pasar?

Sus palabras no me tranquilizan y el sudor frio esta más presente que nunca; al compás de mis preocupaciones, empiezan a ocurrir cosas raras a mí alrededor. Veo figuras que se mueven entre las estanterías, los fluorescentes del techo apagarse y encenderse tétricamente con ese sonido característico. Al mismo tiempo que se me acelera el corazón, acelero el ritmo de mis pasos, y el hombre los acelera también. Adelantamos al grupo ligeramente; la tensión va en aumento y Kill me coge del hombro, mirándome a los ojos.




¿Qué estás haciendo? – Y mientras me lo dice me zarandea ligeramente, con cara de asustado.

Se lo que estoy haciendo. – Digo yo con voz cambiada.

Entonces, cuando la tensión está en su punto máximo, estoy completamente concentrado en el mis manos, que cogen el cuchillo por debajo de la manta con fuerza. Dejo de ser consciente de mi estómago rugiente y mi sudor frio. El hombre se para, como notando mi súbito cambio de humor. Hay un segundo de calma, me intento acomodar el cuchillo en posición de defensa, con el brazo cruzado por dentro de la manta, la mano cerrada alrededor del plástico del mango y está pegada a la zona del pecho donde hay el corazón. Es una postura entrenada, que permite atacar o defender en un instante pero correctamente vestido, nadie a mí alrededor nota nada raro. Excepto Kill, claro, él invento esa postura.

¿Qué coño te pasa? ¡Tienes esos ojos!

Aparto a Kill con el otro brazo hacia otro lado. Tenso, el cuchillo me roza el abdomen; en un intento de acomodármelo mejor, debido a mi estado de tensión hago un movimiento ligeramente demasiado brusco y me hago un corte absurdo y superficial en el pecho. Al notar el contacto con la sangre, mi mente se vacía totalmente y luego se vuelve roja, la tensión hace que deje de temblar y ya no siento nada.

En cosa de un par de segundos, ocurren un montón de cosas. El hombre se gira, me mira a los ojos y salta directamente hacia mí con las dos manos abiertas, como si su firme intención fuese estrangularme limpiamente con ellas, yo hago un gesto rápido y abierto con el cuchillo; hasta ese momento perfectamente ocultado bajo la túnica y ahora lo sujeto abierto con mi mano izquierda después de un revés en el que yo quedo con una pose muy teatral, salpicado de sangre y el que el hombre cae al suelo con un tajo enorme e insalvable en la garganta.

Hay un segundo de silencio, de cortesía imagino y alguien grita. Es lo último que oigo antes de mirar a Kill y desmayarme.




¿Has tenido nunca la sensación de que algo malo va a ocurrir…

…y ha ocurrido?


Continuará.

Imagenes: English Snow

[Miembros Históricos RLG] Hunter S. Thompson


[Miembros Historicos RLG]

"No recomiendo el uso de drogas peligrosas, el consumo de alcohol, o la locura, pero en mi caso han funcionado."

Hunter Stockton Thompson (18 de julio de 1937 - 20 de febrero de 2005) fue un periodista y escritor estadounidense, creador e icono del periodismo gonzo, un modelo de periodismo que plantea eliminar la división entre sujeto y objeto, ficción y no-ficción, y objetividad y subjetividad.

Muchos lo conocen por su obra más famosa, Miedo y Asco en Las Vegas, pero lo que realmente lo lanzó a la fama fue su colaboración con los Random Local Guys, con su artículo titulado Miedo y Asco en Barcelona.

Disclaimer: Esta nueva minisección nacida de las portadas de nuestra pagina de facebook esta destinada a homenajear nuestros mas ilustres miembros de RLG, para recordar que también como nosotros fueron algún día chicos locales algo freaks de algún pueblo o ciudad en el culo del mundo. Porque si, sin necesidad de que mueran o de que sea su aniversario para recordar que fueron grandes.

Miedo y asco en Barcelona. Crónica del concierto de The Brew en el Apolo2


Este martes, sobre las 4 de la mañana, después de haber publicado canciones que escuchar en frente de una hoguera y haberla compartido en Facebook, paseando por este vi una publicación de la página del grupo británico The Brew que decía: “Our European tour starts tomorrow in Barcelona! See you all soon!!”; cosa que me sorprendió desagradablemente ya que yo pensaba ir a ese concierto, y no lo esperaba hasta mediados de marzo y creía que caía en sábado. En seguida me entró una desesperación al comprobarlo en la página oficial; no sabía si podría montármelo para poder ir; esa angustia duró muy poco.

Por supuesto que iba a ir, no me he perdido una de sus visitas por aquí desde que los conozco.

The Brew

The Brew es un grupo del Reino Unido que descubrí muy de casualidad un domingo por la mañana en TV1, retransmitían un concierto del festival Luna Lunera; y la música de esta gente me flipó.

Tocan Blues Rock, con influencias de Led Zeppelin y Jimi Hendrix; el batería es el hijo del bajista.

Hecha ya la extensamente amplia descripción de esta banda me dispongo a proseguir.

Cogí un bus por la tarde dirección la estación norte de Barcelona, la cual está considerablemente cerca del piso de Jordi. Estuvimos un rato allí, seguramente comentando genialidades y nos dirigimos hacia Plaza Cataluña, donde habíamos quedado con Pep. No tomamos ninguna droga alucinógena. Cosa de una hora y media después, Jordi se compró una cámara réflex en vez de una compacta, estuvimos mucho rato delante del expositor, hablando sobre muchos temas totalmente ajenos a camaras, y cuando el tema de conversación trataba sobre qué cámara era más conveniente, no dejábamos de decir tonterías, como sobre cómo la brida puesta en el objetivo afectaba a la capacidad máxima de ISO de la cámara. La droga que no habíamos tomado estaba empezando a subir; todo era muy divertido, y no podíamos parar de decir cosas absurdamente desternillantes.

Jordi se dirigió hacia su casa y yo y Pep estudiamos la situación:

-Faltaba media hora para que abrieran las puertas y una para que empezara el concierto, el Apolo está bastante lejos de donde nos encontrábamos y no pensábamos coger un metro.

 -Teníamos que cenar.

 -Teníamos que encontrar alguien a quien pillar hierba, nuestro único contacto en la gran ciudad tenía su teléfono móvil apagado o fuera de cobertura.


Pillamos unas hamburguesas en el Burger más cercano, y atravesamos carrer Tallers con la esperanza de que algún simpático perroflautas nos pudiera pasar algo de maría, pero no fue así. Un trozo más adelante probamos de entrar en una asociación, pero no somos miembros, así que nada; decepcionados y de camino al Apolo le pregunté a un latino con unos ojos muy achinados si sabía a quien pillar, sonrió y asintió. Pidió que le siguiéramos, caminaba de una forma muy turbia y una enorme sonrisa se le marcaba en la cara; moviéndose detrás de él Pep me miró de una manera que no sabría describir, pero supe a la perfección lo que quería decirme, yo estaba pensando exactamente lo mismo, aquel tío nos estaba llevando a un callejón para junto a su pandilla zurrarnos y llevarse nuestro dinero. Si no estábamos atentos no solo podíamos quedarnos sin la mota, sino que también podíamos quedarnos sin concierto, y yo sin poder volver. ¿Aquel riesgo merecía la pena? ¿Era ya demasiado tarde para decirle a aquel individuo que no queríamos su droga?



Se paró delante de la asociación donde no nos habían vendido, le di el dinero, entró y al salir nos dio la hierba, todo muy legal; a pesar de que nos dio solo un gramo, pero en el caso de que sólo hubiera pillado cinco, o nos hubiera cogido algún cogollo, nos daba totalmente igual, solo queríamos ver el concierto fumados. Le agradecimos la adquisición, y a un cuarto de hora de la apertura nos dirigimos al concierto, ahora ya con todas las tareas cumplidas.

El miedo y la paranoia que habíamos sufrido sólo podía significar una cosa, la droga había pegado fuerte...
No había tiempo para pararse para fumar, así que Pep se lió el porro mientras caminábamos y lo enchufamos a la altura de Sant Antoni; por lo visto y a “diferencia” de aquí en Sant Feliu, en Barcelona no es muy normal ir fumando petas por la calle tan anchamente. En cierto momento, mis ojos de elfo visualizaron dos mossos de escuadra en el horizonte, así que cruzamos casualmente al otro lado de la carretera, pero a la vez, ellos hicieron lo mismo. En un hábil reflejo, me di media vuelta para volver a cruzar la calle, pero Gonzo en un arrebato de sensatez me cogió y redirigió, y para no cruzarnos con ellos nos metimos en otra calle.
Fue agradable notar como subía el peta, no queríamos ver el concierto sobrios.
Ya había pasado un cuarto desde la hora de apertura de puertas, y Pep me confesó que en realidad no sabía exactamente donde se situaba esa sala. Preguntamos a un señor, y esta resultó estar a la vuelta de la esquina. Nos fumamos otro porro con bastante prisa y nos dispusimos a entrar; cuando, el segurata le pidió el DNI a mi acompañante menor de edad. ¡Menuda osadía! 
Tras un rato de discusión con sus compañeros y a regañadientes, ambos pudimos entrar.

Pepe tope de Sabrosón disfrutando de su cerveza como si no hubiera un mañana.

Esta era la cuarta vez que iba a ver a The Brew en directo, y hasta ahora nunca me habían decepcionado, de hecho, su directo es de los mejores que nunca he visto. Y tal como esperaba, en esta ocasión no fue menos. Seguramente con puntualidad, apagaron las luces, y una música bastante épica empezó a sonar, un foco rojo empezó a iluminar el escenario con progresiva intensidad, y en el clímax de la canción Jason Barwick, Tim y Kurtis Smith entraron en escena y el concierto empezó.

Tocaron bastantes temas del nuevo disco, pero obviamente dejando sitio a los clásicos de la talla de Every Gig Has a Neighbour. Como ya me pasó con The Third Floor, Control suena aún mejor en directo; esta gente tienen una compenetración musical que sobrepasa lo común, en más de una improvisación me costaba creer que estuvieran clavándolo de tal manera.


Jason Barwick

La introducción que tocaron para Kam fue increíble, y bastante ácida, ya avisó Jason diciendo que lo que venía era psicodélico.


 

No faltó el giño a Led Zeppelin cuando Barwick usó un arco de violín para acariciar su Les Paul; después golpeándola y levantando el brazo derecho, exigiendo un “UEE”  procedente del público, igual que Jimmy Page en el directo de Dazed and Confused. Acto seguido, Jason y Tim dejaron el escenario a Kurtis para que se marcara un solo de batería, y este fue, como siempre, muy bestia, sobre todo cuando tira las baquetas y continúa con las manos. La improvisación debió durar siete u ocho minutos, entonces, la resta de componentes volvió al escenario y concluyeron con el final de Moby Dick, siguiendo con el guiño al mítico grupo de rock.


Tim Smith

Hicieron la finta de que el show había terminado y se fueron, pero volvieron; no era el momento de despedirse aún, y como no podía ser de otro modo, terminaron el espectáculo con A Million Dead Stars; al final de la canción dejaron de tocar para que la cantásemos todos juntos a capela, con el joven Barwick sentado en el borde del escenario.

Al salir, compramos unas birras a un paki, descansamos mientras las bebíamos y fumábamos un cigarro, y cogimos el metro dirección casa Jordi, dentro del transporte nos dimos cuenta de que yo había perdido mi preciada bufanda, y Pep la hierba que nos quedaba. Pero las pérdidas no eran suficientes como para opacar la genialidad de esa noche.




El público era muy amplio en cuanto a edad, pero predominaba el genero masculino. Jóvenes había pocos; la mayoría de asistentes pertenecían a la mediana edad, los típicos hombres fanáticos del rock clásico y antiguo desde su adolescencia. Estos encuentran su salvación en esta banda, ya que pocos grupos quedan de este estilo que puedan presumir de influencia y no imitación, de una puesta en escena tan apoteósica y de un talento tan destacado. También estaban los inolvidables yonkies de carácter, los que no les importa apartarte a ti y a un par de personas, porque acaban de llegar y quieren un buen sitio. Es también destacable la presencia de algún casi anciano, alguien que debía haber nacido cuando todo este genero surgió y estalló hacia lo más alto.

Actualmente y desde hace bastante, parece que los grandes y no tan grandes grupos de música han olvidado la magia y espontaneidad de la improvisación, ese inexplicable cosquilleo que recorre por dentro del músico y el espectador, esa sensación de notar y entender el flujo de la música en el ambiente, el casi palpar la textura del sonido de los instrumentos. Que lo mantengan, aparte de todo lo ya mencionado, es lo que convierte a The Brew en un grupo a tener en cuenta. Anoche pude casi tocar su música, tocar refriendome al sentido del tacto, pude saltar y mover la cabeza a ritmo de blueseros riffs, pude cantar a pulmón, sentí admiración y motivación.

I'll see you soon.