[La deseducación] The Beginning and the End



La (des)educación

Reedición



From the coast of gold across the seven seas
I'm traveling on far and wide
But now it seems I'm just a stranger to myself
And all the things I sometimes do, it isn't me but someone else

I close my eyes and think of home
Another city goes by in the night
Ain't it funny how it is, you never miss it 'til it's gone away
And my heart is lying there and will be 'til my dying day

So understand, don't waste your time
Always searching for those wasted years
Face up, make your stand
And realize you're living in the golden days










Parte VIII y Final

The Beginning and the End or "Knokin' on Heaven's Door"


Me saqué un curso presencial de navegación básica durante las semanas previas a la selectividad, por el que fui cada día a Palamós durante casi un mes y al acabar empecé a trabajar de marinero en un barco de pescadores por la noche, y así pasé todo el verano tras la idea de un futuro prometedor.

Desgraciadamente, al final la chica con quien me tenía que ir a vivir suspendió sus recuperaciones, así que, en un alarde de originalidad ante la falta de mejores ideas, me apunté en la lista para entrar a vivir al campus universitario. Que resultó sorprendemente una buena decisión. Fue un inconveniente al principio pero vivir con esa chica era solo una parte de mi plan, en realidad estaba preparado para vivir con quien fuese, simplemente es que el chico que va a llegar a la universidad para tener un compañero de habitación con quien vivir y recordar estos años toda la vida, y que pese a haber sido escogido al azar casualmente sería la persona indicada para ser mi alma gemela, estaba muy lejos ya de la versión de mí que llegó a la universidad. Por decirlo de otra forma, yo estaba cansado ya de historias y sentimentalismos, vivíamos en el mismo sitio pero hacíamos nuestras propias vidas. Me adapté rápidamente al ambiente y una vez pude cerrar la puerta detrás de mí y llamar a aquel sitio mi hogar, quise no tener que volver nunca a casa de mis padres. Me despedí de mi pueblo como si fuese la última vez y ciertamente no fueron años pero si pasaron un montón de meses hasta que me decidí a hacer una visita. La libertad y sobretodo la posibilidad de crear mi propia realidad me sedujeron con rapidez, nuestro piso en concreto era un desastre a ojos de cualquiera, pero no tener que dar cuentas a nadie por ello lo hacía un paraíso a los míos. Compartí piso con médicos que fumaban diez euros de maría al día, con un buen matemático, con un chico muy majo de canarias, dos japoneses homosexuales y un conejo del que yo no conocía el propietario pero aparentemente alguien sí lo hacía, y yo lo cuidaba cuando el dueño, fuese quien fuese, se iba de vacaciones. Me levanté un día a las once de la noche en semana santa, yo creyendo que estaría solo durante una semana, y allí estaba él, junto a una bolsa de comida sin ninguna nota ni explicación.

Nos llevábamos bien, aunque ya no mantenemos contacto.

Me hice un tatuaje que me cubre gran parte de la espalda y se me podía ver a menudo por el campus en batín, con el pelo teñido de amarillo o vestido de jugador de baloncesto en los meses de invierno. Pasaba la mitad del tiempo en casa de Marc, el amigo del instituto, y Miquel, un indispensable del montclar que la casualidad llevó justo al piso de al lado. También en ese piso conocí a Joan, actualmente un reconocido random local guy, donde en realidad ocurrieron tantas grandes cosas que en una sola lista no puedo abarcar. La otra mitad del tiempo lo pasaba junto a Alicia, mi pareja de aquellos días que prácticamente vivía conmigo. Salíamos todos, separados pero al mismo lugar, todos los jueves sin excepción en lo que constituyen algunas de las mejores noches de fiesta que nunca he vivido, y volvía cada vez en mejor o peor estado, pero casi siempre con la chica que quería, ella. Dejé de jugar al baloncesto y lo eché de menos, pero compensé con un equipo de fútbol hecho entre compañeros del campus y frecuentes horas de conversación alrededor de una mesa de ping pong que nos cerraban a las dos de la madrugada. Bajaba de vez en cuando a mi pueblo y me liaba con dos o tres chicas cada vez porque les daba morbo que fuese a la universidad o yo que se, pero nunca me quedaba demasiados días y a veces ni siquiera pasaba por casa de mis padres ni mencionaba que estaba por allí. Conocí un montón de gente de la que ni me acuerdo y me convertí en alguien que pudiese resumir en un par de minutos: de donde eres, que estas estudiando y si fumas mariahuana. Colamos un carrito de la compra robado del mercadona en el metro, jugamos al Super Smash Bros hasta el amanecer, tomábamos café en el departamento de matemáticas aplicadas con mis nuevos amigos de la universidad porque era más barato que en la cafetería normal, aprendí a tocar la guitarra pillandola prestada a oscuras del armario de mi compañero de habitación. Dormía por el día, perdí la noción del tiempo, miraba un montón de anime japonés, se podía pillar hierba por el grupo de facebook oficial, compraba toneladas de cerveza barata y doritos marca blanca y estoy bastante convencido de que una vez me ligué a una chica erasmus con la que no hablaba ningún idioma en común.

Creo que sí, yo creo que viví satisfactoriamente la experiencia universitaria. Era la tierra prometida, aquello que tanto había luchado por conseguir. Quizás ese era el problema.

No podía evitar tener la sensación de que todo eso ya lo había vivido y finalizado el curso quedó claro que estaba jugando, disfrutando un premio, no consiguiendo nada más. Aquello estaba lleno de gente que hacía todas esas cosas por primera vez, que había esperado toda su vida a llegar a la universidad para ser aquello que no se había atrevido a ser antes. Al principio participé de su locura, pero no podía evitar verlos como niños, ver sus fallos, las obviedades de lo forzado de su conducta. Pronto me empezaron a dar muy igual.

Las clases parecían prometedoras en un principio, realmente había allí gente muy lista y gente también parecida a mí, demasiado parecida a mí. En un par de días de álgebra resumimos el temario de dos años de bachillerato y el ritmo nunca bajó. Aprendí para mi sorpresa ser profundamente más ignorante de lo que había creído en un principio, y que en lo que creía era bastante bueno, física y matemáticas, eran en realidad nada parecidas a la física y las matemáticas de verdad, y me sentí terriblemente traicionado por ello, aunque me gustaba esa nueva realidad. Me mintieron durante largos años y también te mintieron a ti nombrando de esa forma a lo que en realidad era, a lo sumo, cálculo y reglas mnemotécnicas para calcular. Nos mintieron también cuando nos segregaron por bachilleratos y le quitaron el sentido a los números para vosotros, nos convencieron que las artes eran para los que creen en la magia a nosotros y a ambos que las humanidades no tenían nada que ver con una cosa ni con la otra. Amigos, las matemáticas son un lenguaje.

Me mintieron también al decir que el bachillerato me iba a servir de ayuda para todo lo que me esperaba en la universidad cuando resultó todo lo contrario: probablemente sin esos años de instituto habría sido capaz no solo de disfrutarlo sino mas importante, sentirme parte de ello. Estaba preparado para todo esto cuando crucé la puerta de salida de cuarto de secundaria, incluso antes, pero ahora ya no.

Era ignorante pero no más que los demás. Estaba una sala llena de gente ligeramente más inteligente que la media, que como yo aprobó en su momento sin estresarse demasiado el bachillerato (aunque sin rebelarse) y yo no me quedaba para nada atrás. No se cumplía en ese sentido la profecía de que si no atendía durante la secundaria llegaría un momento que no tendría el nivel, estaba sobradamente preparado para ello. La voluntad podría haber sustentado mi falta de costumbre o del automatismo de hacer siempre lo que te mandan.

¿Pero en que se sustentaba ahora mi voluntad?

Después de tantos años, estaba sentado en la segunda fila de una clase, apuntando cosas en una libreta y escuchando al profesor. Era completamente surrealista, no se sentía real, me sentía viviendo la vida de otra persona, jugando a ser alguien que ya no era.






No tenía ningún sentido, no era una decisión racional yo quería estar ahí, aprender física o como minimo eso creía. Pero me encontraba hasta incómodo físicamente, me dolía la espalda, tenía hambre, sed constantemente, mi propio cuerpo reaccionaba con rechazo ante aquel escenario. Poco a poco dejé de ir, me iba antes de hora ante la llamada de miquel haciendo lo mismo desde el otro lado del cristal, me quedaba dormido, mirando un capítulo más de una serie o esperando a lizzy para despertar juntos hasta que un dia simplemente dejé de darme excusas y me tiré una semana en la cama mirando Breaking Bad. No me equivoqué de carrera como tantos otros hacen o creen que hacen. Me interesaba el tema, la física y aún lo hace, de verdad que sí; había cosas que no tanto pero que podía llegar a entender que fuesen necesarias para tarde o temprano hacer lo que verdaderamente me gusta. Otra vez. ¿Es que hay algo que realmente me gusta en todo esto, o solo me gustaba la idea general, la idea de yo en esta situación haciendo estas cosas, pero nunca realmente me había preguntado cómo sería todo una vez aquí? Me dejé seducir, como un estúpido, una vez más, y pronto empezaron las mismas mecánicas memorísticas y normas residuales. La misma forma de hacer exámenes y dar clases que yo asociaba y me sabían al azufre del infierno mismo que había derrotado para poder llegar hasta aquí.

Los alumnos buscando la aceptación de los profesores, iniciando otro concurso de popularidad social, llamando la atención y haciendo nuevos amigos. Esa gente nunca había tomado una cerveza y tenían ante lo que a sus ojos era jesucristo garcía en persona, un personaje bohemio sacado de un libro, un hedonista, un romántico de la vida; pero me aburrí rápido también de interpretar ese rol. El sistema de clases se había asociado a todo lo negativo del mundo en mi mente, y yo no me sentía cómodo. Los grupos de gente que tan bien me cayeron al principio los fui distanciando, quizás porque todos eran chicos listos que aprobaron sin mayor problema en el instituto pero les faltaba ese, caracter, ese impulso que yo habia de alguna forma desarrollado para sobrevivir. Se parecían a mí, pero yo no tenía sitio en ese lugar.

Mi forma de ser se había vuelto inherente al rechazo, al odio, a la singularidad. Atado por el mismo hecho de acostumbrarme a la rebeldía, a un mundo del que había conseguido escapar.

Fui intentando replicar sin éxito todos los motivos que me habían atado en el pasado a las clases. Por ejemplo hubiese podido, buscar más injusticias, más cosas que estaban con aquel sistema y volver al papel de exponer su hipocresía; que seguro que existen, pero no ya no era mi batalla, aquella que entre ellos y yo habíamos creado. Aparecía a veces y me encontraba en mi salsa leyendo el periódico en conferencias o siendo una vez cada dos semanas un torbellino de actividad durante las dos o tres horas que aguantaba en la universidad hasta que el silencio de las clases me sobrecogía. Cuando me hube liado con el par de chicas que me hacían medio gracia de la clase y sido arañado por una de ellas, ya solo aparecí puntualmente para saludar, tomar unas cervezas y preparar los exámenes unas horas antes de que se hiciesen. Intenté dar, como anteriormente, sentido a mí aprobar como demostración de que podía pese a no ir, de demostración de voluntad e inteligencia; pero no me quedaba nadie que me importase lo que pensaran de mi ni a quien demostrar nada.

El primer año suspendí un total de unas siete asignaturas y conocí a quien sería mi compañero de piso el año siguiente. 

Como todo el mundo cada año, tras el desastre me mentalicé en tomarme en serio el curso próximo de aquello que en realidad disfrutaba haciendo: física. Pero después del mejor verano de nuestras vidas, de dejarlo con la chica de la vila, volver a trabajar en mi pueblo y con ello abandonar la comodidad física y emocional a la que me había acostumbrado, después de tomar acido, releer The Game y La Biblia Satánica, en pleno auge de Random Local Guys y lucha declarada contra el ostracismo y la conformidad; aterricé en un piso de Barcelona espiritualmente agotado y ya solo quería descansar de tanta vida. Entré en hibernación y cada vez salía menos y menos del piso. Salía de fiesta por marina los sábados o a dar una vuelta como mucho, y mantenía largas conversaciones sobre música y física con mi compañero de piso y fiel aliado Alberto a las tantas de la madrugada. Tuve suerte y me lié el primer día que dormí en el nuevo piso con una chica de primero de física amiga suya, y aquello junto con vivir con alguien cursando lo mismo que yo contribuyó a que aprobase un montón de asignaturas, recordándome las fechas de los exámenes, preparando juntos trabajos y prácticas y dando en general un poco mas de sentido a todo el asunto; pero seguí sin ir a clase.


writer¡s note: ese segundo año se encuentra mucho más extensamente, mejor y extremadamente de forma distinta explicado, en algo que escribí sobre el terreno llamado vida universitaria o semana x, a la que podéis dar un vistazo si os interesa.


Resumidamente, me las ingenié de alguna forma (lectura recomendable) para aprobar más de sesenta créditos ese segundo curso, hazaña a la que mis compañeros de clase no daban apenas crédito y que me permitió continuar a tercero. Me estaba sacando una carrera al estilo de los más grandes genios de la historia, a la torera, pero sentía que nada de lo que hacía tenía ningún valor. Ni siquiera me tomé la molestia de engañarme a mí mismo otra vez, supe que eventualmente que durante ese siguiente curso lo dejaría. Nos mudamos con Cristian en el mejor piso de nuestras vidas y esperamos a la muerte. Como un dragón en su cueva custodiando el oro del tesoro, únicamente que nuestro tesoro era que nos dejasen en paz de una puta vez, y alguna que otra chica, y alguna que otra droga. Mi cuerpo rechazaba el sistema, solo encontraba una cierta comodidad sentado solo en el fondo de la clase escuchando durante una hora y poco más conferencias que resultaban interesantes, pero no era suficiente para convencerme a volver el siguiente día. Pero es que tampoco quería, no había trofeos más allá, solo más años de estudios y especializaciones; nunca llegaría el momento de la verdad, el momento ilusorio de ser un gran físico o lo que sea que me llevó aquí en primer lugar. Me leía libros de teoría por mi cuenta, consultaba los apuntes oficiales, daba lo máximo de mi capacidad en los exámenes; intentaba hacer una proeza imposible, condensando el temario de un curso entero de una carrera como física en algo que estudiar durante dos semanas, y me frustraba porque no era capaz. Mi mente sacaba humo como nunca antes lo había sacado durante unas horas, pero delante de mí se alzaban problemas a los que la humanidad le había costado siglos resolver y la dificultad, otra vez, no era pretender hacerlo en un par de horas, sino acordarse de la resolución planteada en clase.

Había gente que sí, gente que continuó hasta la muerte con todo aquello porque no sabían que más hacer con su vida y nunca habían aprendido a desobedecer, ni siquiera cuando nadie les obligaba a nada, o porque a sus ojos todos aquello era un inconveniente aceptable. Se congregaban horas antes y horas después de las clases en las bibliotecas y creaban una desviación en la campana de gauss que debiesen ser las notas de la clase. Cursaban dobles titulaciones porque entre camellos el mejor es el capaz de llevar más carga. No les culpo, porque yo he sido ellos. No les culpo, porque no es que el sistema vaya demasiado deprisa, es que somos incompatibles; hemos crecido incompatibles. No eran genios, genios hay uno entre mil millones. Aquella gente sacando matrículas y labrándose una reputación había sido como yo y habían tomado el camino infinito de seguir haciendo lo que deben hacer, no necesitaban una voluntad para trabajar, continuaban moviéndose por otra voluntad, hacia un camino en el que el objetivo último no era pero conducía a ser profesor de universidad. ¿Hubiese sido mejor? No acostumbro a hablar de mejor o peor cuando se trata de revisar las posibilidades del pasado. En mi opinión no se trata de si habría sido mejor, se trata de que yo apartándome del camino hubiese sido inevitable. Quizás, si hubiesen sido un poco más vivos, y quizás para su mala suerte, también lo habría sido para ellos.

En tercero lo dejé definitivamente, después de un par de años más queriendo seguir vivir el sueño universitario, tras la apariencia de estar cursando una carrera y bajo la eterna esperanza de que al fin encajásemos en aquel lugar. Ese año terminé no solo la carrera que estaba cursando sino un proceso que empezó antes siquiera de ser suficientemente mayor como para recordar. "Somos realmente estúpidos", comentábamos a menudo con Cristian, en nuestro piso bohemio hecho mieeerda en pleno centro del raval. Año tras año nos han ido prometiendo y a la vez amenazando desde que teniamos diez, de que lo que buscábamos y el momento de la verdad estaba detrás de la siguiente esquina del proceso de educación formal. Llevábamos años doblando esquinas y pese a ser conscientes de tal idiotez, esperábamos que detrás de esta en concreto estuviese el final, el quinto elemento; todo lo que siempre habíamos querido hacer, la oportunidad de brillar, el reconocimiento a nuestro talento, la cúspide social y nuestros años dorados.

Somos realmente estúpidos. No se trata ya del fallo de un sistema, se trata del idealismo que habíamos creído superar y estallaba ahora directamente a nuestras estúpidas y bellas caras.

Podría hacer muchas críticas al sistema universitario. Podría explicar la infantilización de los planes de estudios, las actitudes de los estudiantes, los exámenes memorísticos, la estructura en clases, las carreras como paquetes prefabricados de asignaturas, las carreras como un grado más complejo que una formación profesional de grado superior pero con el mismo objetivo. Antes la meta era el instituto, después la selectividad, ahora calificarte para encontrar faena, el siguiente santo grial. La inflación y la sobretitulación en el mundo laboral. La universidad como ideal ha muerto, lo que queda de ella es lo que la gente durante esos haces hace con el tiempo que se les ha dado. Pero nada de lo que podría explicar en dos eternos capítulos inmensos en mi historia y hablando sin parar, absolutamente nada, se compara al fracaso que cometimos al creer que aquel sería un mundo al que llamar nuestro.

Todo aquello era el final, amigo mio, y no había fuegos de artificio en él, sino un prolongado fundido a negro.

Así, la predicción de que nuestra rebeldía terminaría con nosotros, resulto ser autoprofética. Pues fue esa propia identificación, ese dar un significado y propósito a nuestro rechazo al sistema, lo que nos privó de aceptar aquello que habíamos conseguido; aunque no por las razones que se nos había dicho.






Hay una consecuencia, del tipo de motivación que se consigue siguiendo unas normas, que siempre me ha llamado la atención y aún no he tenido oportunidad de mencionar. Incluso en la universidad, las personas que trabajaban mucho, se obsesionaban con las notas porque significaban algo para ellos, tendían siempre a asegurar al máximo aquello que podían. Asegurar, que no mejorar o traspasar esos límites. Aquellas personas no daba la casualidad que su objetivo era aprender y las notas venían además de ello, pues no se contentaban con saber hacer algo y no tener reconocimiento después. Ante la duda del profesor de si entregar un trabajo de diez páginas o hacer un pequeño examen de media hora, siempre escogerían el trabajo porque es la opción más segura, aunque estén el doble de tiempo que estudiando para un examen más que con toda probabilidad también se sacarán. Conseguían lo que se proponían, pero no ganaban con ello seguridad ni motivación. Estos eran además los mejores considerados por los profesores, y vendidos como modelos de conducta a los demás, así que su opinión solía imponerse, ante las caras atónitas y miradas al cielo de la gente cuerda de las filas de atrás.

De las personas que nos vendieron en la recta final de la secundaria como el máximo ideal, tres de cuatro dejaron la carrera y creo que dos se intentaron suicidar en los años venideros. Su participación entusiasta en el sistema no era el símbolo de éxito que decían los profesores sino síntomas de problemas mentales. Ellos también fueron traicionados a su manera, obligados una vez en la universidad a hacer más y más para mantener el mismo estatus que tenían ante gente que ya no les importaba, tampoco ellos fueron los ganadores. Los que hacían su parte pero del montón y no se cuestionaban gran cosa; esos son los que ahora han terminado su carrera y, aún en piloto automático hacen algún master o trabajan en lo suyo, y todos me explican en cafeterías como tienen la sensación de nunca haber decidido nada, de haber hecho nada en la vida, teniendo en principio lo que querían pero sin sentirse contentos por ello, siempre esperando el siguiente lugar.

Siguiendo la tendencia conservadora de cero riesgos, se quejaban cuando los exámenes incluían cualquier cosa en la que entrase en juego precisamente jugar con los conceptos, darla la vuelta a la tortilla, replantear un tema diferente de los apuntes o en general, todo lo relacionado con tener que pensar. Aparte de porque realmente nunca habían aprendido, porque asegurar era su prioridad y eran los modelos de conducta, y nosotros a quien se suponía había que molestar y había que suspender poco a poco. Pero en los exámenes era precisamente donde nos salíamos, desafiando cualquiera de sus explicaciones. Nos encontramos con gente con ansiedad ante la perspectiva de una prueba y memorización como única herramienta, así como la seguridad sujeta al hecho de que memorizar será el último paso. La receta a corto plazo es obvia: memorizar especialmente los dos días anteriores, repetir como un loro y después olvidar. Porque eso es lo que ocurre cuando haces eso, olvidar. Será la ocupación de su vida durante todo el curso, aquello a lo que dedicarán horas y días enteros. Aprender no aprender, me da igual, no es mi batalla; el fenómeno curioso es que, un año después, cuando el siguiente profesor entre en la clase y pregunte si ese tema lo hemos hecho ya el año pasado, esa misma gente que memorizaba, porque son la voz cantante de la clase, va a contestar que no.

¿Cómo que no, pequeño hijo de puta?

Va a ser mentira, obviamente; aunque quizás no para quien lo digo, porque puede ser que realmente no se acuerde de haberlo hecho, porque en ese momento el miedo a dar por sabido aquello y pasar a la siguiente cosa le va a bloquear lo poco que recuerda, porque aunque lo recuerde va a pensar es más fácil si volvemos a hacer lo mismo otra vez, que si nos ponemos a avanzar. Lo que hay que destacar aquí no es la falta de aprendizaje. Ni la mentira. Es la falta de orgullo, la conciencia del propio valor.

Independientemente de tus motivos, buenos o malos, para dar importancia a las notas o fingir o realmente creer que tienes interés en el tema estudiado; tu voluntad, tu trabajo, tus horas de ansiedad y preocupación y memorización residen ahí, en tu mente, en esa asignatura. ¿Cómo de poco te valoras a ti mismo, para querer ocultar el fruto de tu trabajo a cambio de tener un poco menos el día siguiente?

¡Sí!, di con el puño, si tu postura es realmente la contraria a la de la quien dice No.

Dí yo esto si lo he hecho, ahí reside mi trabajo, aquí algo estoy haciendo; para bien o para mal yo he sido quien ha construido esas pirámides, erigidos estos puertos. Esta es mi obra, eterna, en mi mente; en vez de balbucear con miedo que no os acordáis mucho y creer con ello que le haces un favor a la clase y a ti mismo.

Eso sería alguien, aunque de opinión diferente, que podría respetar. Así podría creer que quien sigue esas normas es porque verdaderamente cree que funcionan y no por obligación.

Pero eso no ocurre, porque la realidad no es así. Hablas con ellos entonces y te dicen que sí, que es todo una mierda, pero que hay que hacer lo que hay que hacer. Hablas con ellos ahora y hasta te dan la razón, leen estos artículos y luego me vienen personalmente a decir que están muy bien y que están de acuerdo. ¡No! ¡Tú no! Hablo de ti, te estoy insultando ¡no me puedes dar la razón, no tienes derecho ya a hacer tal cosa! Porque es la masa obediente quien da legitimidad al opresor, por su culpa también yo lo pasé mal. Pero es en ello donde reside también mi propia hipocresía, de una forma u de otra, la suya fingiendo o dando significando y trabajando duro encontrando aceptación, la mía con un enfrentamiento tolerado a las normas establecidas, aceptando no criticar a cambio de una tranquilidad inestable en el fondo de la clase, trabajando poco y encontrando solitud. He sido y sigo siendo también una oveja por aceptación, por ignorancia, por tolerancia y también por conveniencia, y no creo que saberlo marque demasiado la diferencia.






El propio planteamiento de una sesión normal en el ecosistema de una clase me parece en sí mismo incorrecto. No debería ser, estamos aquí porque vamos a aprender a hacer cosas que serán importantes después. No importa que sea verdad, o puedes vivir eternamente de eso. Debería ser: vamos a hacer cosas que son en sí mismas ahora y aquí y para cada uno de vosotros importantes, y cuando os deis cuenta de que estáis aprendiendo ya será demasiado tarde.

¿En serio no hay en el mundo otra manera de aprender nada que no sea por repetición? ¿No hay nada en el mundo que aprender que no se pueda aprender así o clasificar en una nota final? ¿Me vas a convencer de que para eso están las excursiones, me vas a convencer con la patética y aparentemente profunda excusa de que lo demás lo dejáis en el aire porque místicamente las personas lo tengan que aprender por si mismas? Quizás como recurso puntual, quizás como frase final de las enseñanzas de buda, pero no como explicación de porqué se enseña historia de la música pero no se enseña a expresarte a través de la música ni siquiera que la música puede servir para eso y no para llenar listas de éxitos o libros de historia antiguos. A gestionar o aprovechar tus emociones en vez de castigarte por sentirlas, a hacer una maldita declaración de la renta, a aprender a aprender, a aprender a enseñar a otros.

Escuchándolos propiamente, esos argumentos son una gran fuente de humor.


"La vida, como el viento, te enseñará mágicamente todas esas cosas mientras nosotros insistimos en la estructura interna de la célula vegetal."


Llevas más de diez años de filosofía, ciencia, arte y literatura ignorando todo lo que está más lejos que Berlín y ahora me sales con barata filosofía oriental. ¿Quién eres y que has hecho con mis profesores, José Luís Rodríguez Zapatero?

¿Hasta dónde llegan las excusas? Tengo veintidós años y aún me acuerdo de la función del mitocondrias, pero no tengo ni idea de cómo hacer uso del sistema de sanidad público, ni de hacer una declaración de la renta, ni de las leyes del país en el que vivo.

¿Cómo tiene eso sentido?

De alguna forma, entiendo todo el proceso. Lo entiendo porque yo soy una persona que piensa que según como, el hombre parece un animal destinado a ser gobernado y sus sociedades tienen una tendencia inapelable a vivir bajo normas y realidades impuestas; el único problema es que no queremos saberlo. Yo he sido llamado despreciable fascista por tener esta opinión, pero es precisamente esa opinión la que da una mejor explicación de lo que ocurre en las instituciones y porque debe ser así. Si yo fuese un supervillano, así es exactamente como quería las escuelas e institutos. Una de dos, las instituciones educativas deben destruirse o profundamente transformar sus cimientos porque el efecto que provocan a una sociedad no se corresponde con los valores de la misma, o yo tengo razón.

En el caso de que la tenga, simplemente hay que buscar un sistema más eficiente para aprovechar la gente que descubre el pastel y no quiere vivir así, o si verdaderamente estamos bajo un supervillano entonces entiendo el instituto como un intento de matarnos de aburrimiento.

Como ya sabéis lo que se vive durante toda esta etapa es una temporal y controlada vida en un mundo autoritario. Un mundo donde la autoridad y el poder vienen regido por fuerzas externas y hay castigos a todo aquel que no quiera jugar bajo las reglas del juego o a los que a los carcelarios les parece que transgreden en espíritu. Se quejaban mucho de mí en bachillerato porque si tan poco me gustaba realmente nadie me había obligado a cursarlo, pero a la práctica es la única opción viable para acceder a la universidad cuando te has presentado siempre como un alumno, quizás no modelo, pero funcional. Se supone que tengo libertad de acción, pero una vía es increíblemente más rápida, directa, lógica, publicitada y aceptable por los padres que las otras; que reposan en sitios oscuros y solo son mencionadas cuando las has pasado de largo y al pasar por el aro te quejas de que esté prendido en llamas cuando la idea era ser capaz de superar una cierta altura.

Los niños, y los chicos, y los adolescentes y los jóvenes inteligentes, observan con incredulidad un mundo que condena las dictaduras y cuya historia moderna viene marcada por el totalitarismo, pero que se comporta ante ellos como una perfecta maquinaria fascista. A mí, a lo contrario que a la mayoría que se les plantease la cuestión con estas palabras, no me parece especialmente mal. Si uno fuese de mi opinión, podría pensar que hay que aprovechar esos años en que los jóvenes no pueden valerse por sí mismos y porque la mayoría son estúpidos y porque no saben lo que quieren, y obligarlos a gastar este tiempo invirtiendo en mí futuro, tiempo que de otra desperdiciarían en obtener conocimientos y aprendizajes útiles para el suyo.

Nunca se van a rebelar. Porque son jóvenes, son estúpidos y quienes les cuidan y les muestran películas de Hollywood repletos de ideales patrióticos americanos sobre la libertad, son los mismos que los preparan cada día para ir al colegio. “¿qué quieres decir que no te gusta? tienes que ir a clase”. Cuando sean suficientemente mayores como para comprender donde están y que la edad es algo arbitrario como para decidir el grado de libertad que merece cada persona, ya habrán pasado toda o la mayor parte de esa etapa y entonces, como buenos ciudadanos modernos con mentalidad de esclavo estarán felices de haber recibido latigazos en el pasado, siempre y cuando los nuevos también reciban los suyos en su debido momento; quizás hasta de sus propias manos.

Quizás no sea, después de todo, la mejor idea el rebelarse y empezar todo ese camino que empieza por un día no hacer los deberes. Pero no se trata de cuál es la mejor idea sino de donde te lleva la tendencia de descubrir los engaños y las decepciones. ¿Aunque no le convenga, que ocurre cuando alguien se da cuenta de que su mundo es un escenario antes de terminar la función? El rechazo por, para y hacia todo el sistema es solo cuestión de tiempo. Llega un momento, en cuanto cierta posibilidad nace como idea, en el que se escucha un clic, y se inicia una cuenta atrás. Hasta donde va a poder aguantar, ahora que ve con sus propios ojos. Cuantas más humillaciones va a soportar, ahora que las ve como tales y no como justos castigos con la ceguera de que le van a llevar de algún modo a dónde quiere llegar.






Nos encontramos, al llegar a la universidad, en un punto fatal con el que nunca habíamos realmente pensado. Una calle sin salida tras lo que creímos una victoria sin condiciones. Los japoneses se habían rendido, había sobrevivido a algo que podríamos llamar llegado este punto bullying institucional, pero nuestra implicación en el conflicto había empezado la mayor, más cara y más absurda escalada armamentística de la historia de la humanidad. Durante todos los años en el instituto, nos habíamos alimentado de la perfectamente justificada rebeldía contra el sistema, y al vernos huérfanos de ese papel, de significar nada ni tener que demostrar cuanto ellos estaban equivocados, nos dimos cuenta de que nunca aprendimos a dar significado, valor, a nuestros propios esfuerzos y acciones. Aprendimos a vivir contra algo, porque era muy cómodo ideológicamente vivir en contra de una realidad en la que teníamos de forma completamente obvia toda la razón.

Habíamos superado con creces necesitar la aprobación de los demás, pero nunca habíamos siquiera pensado que necesitábamos su desaprobación. Detrás del gran salto hacia la libertad de pensamiento, había un páramo yermo, desconocido y casi hostil. ¿Temían nuestros padres y profesores, ese mundo nihilista, vacío de objetivos y significados, y en vez de armarnos para él se habían dedicado a escondernos en oscuros castillos e instituciones? ¿A marcar un futuro empleo y formar parte de la clase media como un ideal, a perseguir mejores notas, y la aceptación de nuestros superiores?



- y que pasaría sin la escuela y el instituto, querrías que no existiesen 
 
- quizás 
- pero entonces seriamos como los chicos aquellos de áfrica que no saben nada ni escribir  
- tantos esfuerzos que hacen esos niños para ir a la escuela y tu diciendo que no quieres que exista  
- no es lo mismo la alfabetización que todo el sistema entero de educación pública  
- tú lo que quieres es no estudiar ni hacer deberes  
- obviamente que no quiero  
- ves, sabes perfectamente que no tienes razón



La elección implícita, la elección que no plantean, el motivo detrás de todo es: nosotros, o el caos.

La anterior es una conversación real entre yo de catorce años, una estudiante sobresaliente, y mi tutora de segundo de secundaria. Prometo que es real. A ver quién le dice a la profesora y a la estudiante que si esos chicos van a la escuela es porque sueñan con el modo de vida de los países desarrollados, que es porque es su único acceso a un mundo mayor que su aldea y no tienen medios, recursos, libros ni bibliotecas ni internet ni ordenadores para acceder al conocimiento y no por una devoción completa al sistema educativo establecido por la Generalitat de Catalunya. A ver quién le dice, que un sistema de alfabetización y aprendizaje básico no ocupa los primeros dieciséis años de la vida de una persona y le obliga a seguir el camino recto marcado por ideologías y códigos morales.

El tiempo va pasando, desde que eres chico, y el argumento de nosotros contra el caos adapta otras formas pero igual que el método de castigos y recompensas nunca desaparece. Nosotros, o ser un niño tonto. Nosotros, o llamamos a tus padres. Nosotros, o ser un inculto. Nosotros, o trabajar en la obra. Nosotros, o la selva y los niños del tercer mundo.


- Nosotros, o el caos. 
 
- No os necesito.


Así es como los vences. Así es como empiezas a forjar tu propio sentido de las cosas. La rebeldía está bien, es un paso necesario, uno del que si hubiese sido más listo lo hubiese dudado en alcanzar, dudado en retroceder, sino luchado por ir más allá. Las comparaciones de a ver quién hace menos, las mañanas durmiendo en clase, las peleas innecesarias con los profesores. No es el final, es el principio. Empieza, lentamente, a educarte a ti mismo. Desasocia, tan rápidamente como puedas de tu mente, tu educación y aquellos que dicen serla. Aprueba luego si es necesario, pero nunca más confundas una cosa con la otra.

Este es comienzo.

Ahora empieza tu verdadera educación.

Lee. La mayoría de la gente deja de leer después de terminar los estudios, ya sean luego de ellos marineros, payasos o abogados. Nunca dejes de leer. Olvida ser de letras, ciencias, artes. Seas quien crees que eres, pinta, compone, escribe, encuentra alguna forma de expresarte a ti mismo y recuerda que toda regla o norma sobre el lienzo y el papel es solo una convención, que las reglas son las que tú mismo te impongas. Encuentra algo que te apasione, aunque sea jugar al league of legends, y se mejor en ello de lo que cualquiera de esos profesores pueda llegar a imaginar. Trata de adivinar como aprendí a escribir.

a) Nacido un genio destinado a escribir.

b) Tras más de diez años en la escuela pública aprendiendo recursos estilísticos y memorizar las distinciones entre diferentes tipos de tiempos, narradores, personajes, protagonistas y demás.

c) Escribiendo.

Reconoce tus errores como parte de tu entrenamiento y no racionalices tus fracasos. Sin un par de correcciones sin ningún tipo de guía puedes llegar lejos igual que te puedes estancar en un callejón sin salida. Sea lo que hagas, mira lo que otros han hecho antes que tú, busca información para mejorar y mantenerte al día en aquello que hagas, aunque te tirases ocho años en una academia con ello, especialmente si te tiraste ocho años. Recíclate, no deniegues la realidad, toma pausas de meses cuando te lo pida el cuerpo. Pregunta y acepta consejos y maestros cuando sea necesario pero sin ponerte por debajo de nadie. No estas renunciando al mismo conocimiento que te ofrecen, ni a la inteligencia como ellos creen estás haciendo al rechazarlos a ellos. Estas renunciando a sus métodos únicos, a sus edificios, a sus libretas de negativos y positivos. Estas renunciando a ellos. Eres el maldito Che Guevara, en una guerrilla en la jungla bolivariana construyendo escuelas entre cuarteles; sin afeitar, con un aspecto terrible, un AK-47 bajo el brazo, un puro en la boca y un libro de poemas de Goethe en la otra mano.

Ve a la biblioteca y pide si tienen algo en concreto que lleves un tiempo oyendo hablar y que tiene que ver con algo que te interesa. Te van a mirar y preguntar si es para algo del instituto. Si nunca dices algo inteligente o informado, si nunca demuestras saber mucho más que los adultos a tu alrededor, lo aludirán a que tienes estudios. Si dices algo humanístico, dirán que es porque eres de letras. Si haces algo artístico, que porque eres de artes. Si dices algo lógico, porque que eres de ciencias.


- ¡No!


Me da igual que no se pueda gritar en la biblioteca, no, no y no es no. Esto es mío, producto de mi propio trabajo, de mi propia voluntad, de mi propio esfuerzo. Ciertamente me han dado una mínima base, y agradeceré por ello a quien tenga que personalmente agradecer, pero esto no es el mérito de ellos. Ellos, el sistema, los profesores, eran nuestras representaciones personales de the man; eran los que se llenaban la boca con conceptos sobre el poder del conocimiento y luego te dijeron que no podías leer en clase si no era algo de su asignatura, que preferían en su lugar que no hicieses nada. Es un problema estructural logístico y formativo que no se pueda individualizar la educación a los intereses de cada alumno, me parece muy bien, ¡pero tú, prohibiendo y criminalizando el interés, la organización propia, castigando los intentos por encima de los errores, todo ello te desenmascara como falso intento de neutral educador! ¡Eso les desenmascara!

Aún más cuando pagamos fortunas que no tenemos por matrículas de carreras que son en realidad leer una secuencia concreta de libros, que te hubiesen costado dos dólares por retrasos en la biblioteca pública.

Esto no es una cita, estoy directamente plagiando el indomable will hunting, película que según mi información sigue el profesor de matemáticas del instituto enseñando a sus alumnos.






Hace ya dos años que dejé la universidad, y lo que parece una eternidad desde que caminé por última vez como alumno por los pasillos de un instituto.

Desde entonces no he vuelto a formar parte de una clase y no creo que eso vaya a ocurrir en ningún futuro próximo, pero de todos modos, nunca me he dejado de formar y educar a mí mismo. He seguido mis propios consejos y sigo leyendo, e intentado comprender este mundo y el porque del hecho de que vamos a sitios y hacemos cosas. Tengo un trabajo familiar al que siempre puedo volver, pero ahora mismo busco la forma de poder sustentarme con mis propios medios. Aunque nada de lo que hago o me interesa, ahora mismo me aporte beneficios, seguiré escribiendo mis artículos e historias, jugando al ordenador y escuchando y creando música; porque eso es lo que quiero hacer. Quizás, algún día, me lleve a poder pagarme con ello un techo y la comida, definitivamente esa es mi intención, pero sobrevivir no como meta absoluta en la vida, sino como condición para seguir con mi camino.

El otro día le dije a un amigo que no quería ser para él una mala influencia, pero que si quería hacer algo de provecho con su vida tendría en algún momento que empezar a plantearse seriamente dejar sus estudios, tomar drogas y empezar salir de fiesta. Fue una broma pero luego pensé y era exactamente lo que debía hacer, lo estaba diciendo en serio. A veces, si no lo digo, es porque no quiero tener la responsabilidad de haber impactado de forma directa en la vida de alguien, y quizás es por el mismo motivo por el que todos dejamos pasar a los niños y que descubran que el sistema es una mierda por si mismos; nadie quiere tomar responsabilidad.


Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos.


Charles Bukowski



Quizás porque eran parecidas a mí, y me tengo en alta estima, quizás porque nos influimos unos con otros, las personas más inteligentes que me he encontrado en la vida acabaron al igual que yo, en un momento u otro rechazando o siendo rechazados por el sistema educativo. Cristian dejó la universidad el mismo año y juntos volvimos derrotados a casa de nuestros padres, Roger se retiró a vivir a las montañas cuando estaba a medio camino de terminar dos carreras a la vez, Muñoz trabaja ahora felizmente de portero de discoteca, David esta justo ahora haciendo un curso de bachillerato a distancia pese a no saber qué hará con él después. A otros, como a Gerard y Eric les he perdido la pista y están seguramente como Nil y Ceci, en algún lugar rebotando entre diferentes carreras o cursos de formación, empresas familiares y trabajos de mierda para permitirselo. Algunos más simplemente lo dejaron y ahora trabajan, o estudian y trabajan sin muchas esperanzas en una cosa ni la otra. Seguramente me dejo mucha gente, que no se me enfade nadie. Alicia, Mark (ahora siendo otra persona), Joan, Dani, Alberto y muchos más... aún están en ello, con algún máster o lo que sea por delante y la vida prometida una vuelta de esquina más allá, quizás el camino les sea más de provecho que a mí.

No importa por lo que entres o crezcas buscando en esos edificios. Probar que eres el mejor, superar tus limites, ser aceptado, no ser aceptado, formar parte de una comunidad, cumplir las expectativas de tus padres, vislumbrar más allá del mundo conocido, conseguir un título para hacer lo que realmente crees es tu objetivo final. Desde que eres pequeño, en vez de aprovechar o cultivar esas propias ambiciones y singulares virtudes y usarlas para enseñar lo que sea consideren tienes que aprender, las han maltratado e ignorado; hecho pequeñas, irrelevantes a los intereses del grupo e invisibles y te han convencido de que todo el proceso era algo normal. Ahora te sueltan, en un mundo donde descubres que desde el principio eran todo lo que tenías, pero nunca las has aprendido a usar.

Deambularás, como un pez abisal en las profundidades, buscando la luz perdida. Buscando un motivo, una señal, un sustituto; entre cada vez mayores instituciones educadoras y carreras que con el tiempo te dejarán de interesar. No va a servir de nada haber tenido razón o no al culpar de tus fracasos un sistema, tienes que empezar a moverte y tienes que hacerlo ya.

Será con la voluntad, y no con el paso de los años, como aprenderás todo lo que debiste aprender en su momento y lo harás por ti mismo; sé que la tienes porque nada más que ella y una identificación te puede haber llevado a leer esta historia hasta su anunciado fracaso final. Aprenderás, ya sea en la calle viviendo tu vida o intentando luchar por la integridad de lo que convencieron era el orden y sentido del mundo. Tendrás que quedarte con lo útil, desechar lo innecesario y decidir por ti mismo la diferencia; embarcar la ardua tarea de olvidar todo aquello que en un principio los que te querían quizás ni siquiera pretendieron enseñarte. Pues si no lo haces, tu lugar en el mundo será el que aprendiste, el de un producto. No ocurrió en un sueño, ni en una novela de fantasía distópica; sino durante esas tardes largas frías y demasiado reales frente a un pupitre, tardes de deberes, inocencia y deseducación.








Parte I             Education Labor Through

Parte II            Dulce Introducción a la Secundaria

Parte III           I Met God, She's Gay and He's Black

Parte IV           Independent Though Alarm

Parte V            The Times They Are A-Changing

Parte VI           Jesus of Suburbia I

Parte VII          Jesus of Suburbia II

Parte VIII         The Beginning and the End





La deseducación es la historia de mi paso por los diferentes centros educativos, y también un ensayo sobre la educación, pero la deseducación es también la historia de un fracaso. Es la historia de una decepción, de algo que podría ser y no es, de una oportunidad perdida más entre muchas otras historias completamente diferentes; quizás no es la que esperabas leer o no con la que te identificas o estas de acuerdo, pero es es la mía.






la deseducacion, the beginning and the end
the decay of western civilization /?
random local guys


número cent






acabo de tenir una experiència que mai oblidaré.

estic a casa dels meus pares, he sortit de la meva habitació i m'he posat a preparar la meva tradicional tassa de llet calenta amb colacao amb alguna cosa dolça i alguna altre salada per acompanyar. mecànicament he anat treien tots els ingredients i els he situat a sobre del marbre, aquest cop amb l'excepció increïble i inexplicable de que no he tret el colacao del prestatge com acostumo a fer just abans de posar la llet al microones. es algun tipus de ritual, que he anat modificant al llarg del temps, com cuan durant l'epoca d'institut em posava a dormir al sofá durant els dos minuts que tardava en escalfarse la tassa, pero que sempre m'havia funcionat fins al dia d'avui.

he esperat a que s'escalfés la llet amb la usual reflexió de microones, que he practicat a tot arreu on he viscut al llarg de la meva vida. acabada la irrellevant dissertació filosòfica mirant l'infinit lleugerament fosca aquests dies degut meu estat general de decadència, he tret la llet del microones, l'he deixat al marbre, he tancat el microones, he pensat en que encara havia de treure el colacao del prestatge, se m'han creuat els cables i he obert altre cop el microones tot buscant alhora la llet ja calenta que acabava de treure i un pot de colacao que bastant òbviament no estava allà.

ha estat només una mil·lèsima de segon abans que m'adonés de que el colacao seguia, lògicament al prestatge on está guardat i no pas al microones, i que de fet acabo de treure la llet fa un instant del mateix aparell que ara miro en silenci absort i desorientat. però no sorprès, no almenys en el sentit explosiu de la paraula, si no fent un inici de sorpresa i sense deixar acabar la sensació, immediatament resignat, trist, destruït. estava clar que ni la tassa ni el colacao estarien al microones, però no perquè estiguin en un altre lloc, si no perquè, perquè haurien de ser-hi? vaig acceptar a nivell emocional que els havia perdut per sempre.

en aquesta mil·lèsima de segon, en aquest obrir el microones buscant alguna cosa i trobar-ho buit se m'ha caigut el mon sencer. ha estat un moment perfecte de desolació, pèrdua i desesperació. m'he sentit com un nen perdut al bosc, com un arbre solitari castigat per un vent hivernal massa fort i massa cruel, com un adolescent caminant de memòria i massa entrada la nit per els carrers dels suburbis d'una gran ciutat on no pinta realment res. he obert la porta del microones i a dins ja no hi quedava res per mi, només foscor. on han anat a parar les tasses blanques amb llet calenta del món? on, la calidesa, l'amor, el silenci i la llum i tornar a casa als pares i fer-se un putu colacao normal tranquil·lament sense les revelacions místiques? ja ni això podem demanar a la vida, ni un puto colacao? tan cara s'ha tornat la llibertat i la promesa d'un món ple d'oportunitats amb les que vam néixer o les hem canviat per cromos i cartes de les que no coneixem el valor? vaig veure en el buit d'aquella caixa blanca totes les oportunitats perdudes de l'existència, tot allò del que no només jo, si no cada un de nosaltres hauria d'haver cuidat millor en el meu moment però no vaig saber o vaig ser massa orgullós per voler valorar i ara està perdut per sempre. ens hauriem de sentir culpables. en algun moment, senyores i senyors, en tota aquesta bogeria d'existència i de drama i escenaris, màquines maquinaries i maquinacions, lluites polítiques, histories d'herois, víctimes i villans que anomenem les nostres vides, vam oblidar la nostre humanitat i ara mirem al nostre voltant, sorpresos de haver perdut el rumb; potser per sempre.

i a la mil·lèsima de segon després, vaig descansar.

llavors he passat uns segons més acabant el meu ritual en silenci intentant comprendre què acabava de passar. intentant entendre perquè el cor, després d'un dia funcionant amb normalitat i durant un segon totalment aturat, ara em bategava tant fort sense cap explicació raonable que pogués donar a si quedés algú despert a sant feliu entre setmana a les tres de la matinada com per preguntar si em passava alguna cosa. perquè coi he obert dos cops el microones buscant una cosa que òbviament no estava allí, perquè ni tan sols m'ha importat el mes mínim no trobar-ho i perquè la realització d'aquest fet ha desencadenat una micro reacció emocional mes intensa que la intento forçar escoltant la totalitat de la novena simfonia de beethoven caminant de nit al costat del mar. què fa que tot plegat ha causat que ara estigui escrivint tot això en comptes de continuar el que sigués estava fent abans de que un colacao m'arruïnés la puta vida.

la tassa blanca de pink floyd es refreda sobre la taula completament ignorada, i l'hauré de tornar a escalfar però ja no se si tindre el valor com per fer-ho.








ha passat mes d'un any des que vaig escriure això, segons la data del borrador. no tinc la mes mínima idea de que coi estic parlant ni de quan va passar ni recordo per res del món haver escrit res semblant. m'ho estic llegint a la vegada que flipant i és completa i totalment absurd i careix del mes mínim sentit i significança. però per alguna raó no mhe tornat a fer un colacao calent en tot aquest temps.

[La deseducación] Jesus of Suburbia II



La (des)educación

Reedición




Resultó que mandar mensajes por el móvil a mi madre cada semana con el número de faltas de asistencia, conductas contrarias y detenciones no era suficiente. Empezaron a llamarla de cuando en cuando para hacerle sentir que algo no estaba haciendo bien con la educación de su hijo y me quedé como un par de años sin paga semanal.

Se puso de moda todo el asunto, pese a mis intentos de que me dejasen solucionar mis problemas a mí, y a la situación del instituto se le unió la presión de mis padres, quienes convencidos de que me ocurría algo relacionado con las drogas, no se fiaban de mi autogestión ni de que el instituto era el problema, y me daban largos sermones que me negaba a escuchar y daba la sensación iban dirigidos a alguien de doce años.


Tienes que ir, es tu obligación, los deberes son importantes, tienes que hacer caso a los profesores.


Sonaba todo tan de otro mundo, de otro tiempo y otro lugar; tan alejado de mi mundo que no podía creer estar escuchando esas palabras. Hasta mis hermanas mayores y mis tíos se tomaban a libertad de darme consejos sobre la vida. No me podía creer tener que escuchar ahora de nuevo esas historias a esas alturas de la partida, y de verdad que me cabreaba mucho. Convirtió a mis padres en una parte del problema más, un escollo que tenía que superar; pero a los profesores eso no les importaba, todo lo contrario lo veían como una oportunidad para hacer más daño. La situación se volvía insostenible pero no cambié mi actitud ni retrocedí un milímetro mi postura, si acaso lo contrario.

Lo que no entendían, ni mis profesores ni mi familia ni los alumnos promedio ni nadie, la pieza del puzle de su versión de la historia que no encajaba con lo que estaba ocurriendo era que pese a años de hacer lo mismo, después de tanta historia, después de tanta inútil rebeldía, yo seguía aprobando.








Parte VII

Jesus of Suburbia II


No era que ya hubiesen desistido en intentar suspenderme; pues entre ejercicios de clase, actitud y pamplinas (más de diez por ciento de nota de comportamiento en segundo de bachillerato) tenía que sacar sietes largos para rascar cincos en las evaluaciones. Las asignaturas suspendidas en primero se acumulaban con las de segundo y algunos profesores me devolvían los exámenes sin nada escrito y un suspenso en la parte de arriba sin más explicación. Si exigía ir a revisión, a lo que ponían trabas administrativas, simplemente me decían lo que había hecho mal y decían que con esos errores aunque lo demás estuviese bien, no me podían aprobar. Nuestra profesora de filosofía volvió después de la baja médica que se adjudica cada año y como corregía ligeramente al azar, ligeramente por lo que creía que el alumno sacaría, me suspendió un examen de Descartes sin sospechar que un año antes me había leído el discurso del método por mi cuenta. Examen que casualmente haría, casi calcado otra vez en la selectividad, y que sin estudiar a ese señor un minuto más de mi vida me aportaría un nueve con setentaicinco, por eso de que las faltas de ortografía restan puntos.

Ningún profesor, a partir de tercero de la eso y con la excepción de Lidia, me intentó nunca más convencer de que su asignatura sí valía la pena sin emplear la coerción. 

Si el sistema y los profesores no se molestan en darme ideas y argumentos válidos para lo que me obligan a hacer, ¿porque me obligan, como pueden exigir después tener conocimientos específicos e ideas y argumentos perfectos para tener derecho a quejarse por ello o desobedecer?








Llegaba un momento, en el que perdían la noción de porqué me estaban castigando en primer lugar.



La autoridad concedida para lograr los objetivos o ideales educativos, se transforma entonces para cubrir la necesidades del funcionamiento de una clase en sí. Rápido se olvida la diferencia entre tener una función y ser de necesidad, y la autoridad deja de ser una herramienta para enseñar, educar o formar en esos conocimientos designados, para bien o para mal, para convertirse en el fin en sí mismo.

yo mismo - hace un rato



Mucho había pasado desde que me dí cuenta de ello en primer lugar, eso ya lo sabía, lo daba por hecho; pero reconocerlo no cambiaba mi situación. A esas alturas ya ni siquiera tenía sentido, era un mártir, el último de mi especie, un Jesucristo olvidado en los confines del fondo de una clase de secundaria, donde ya no hay peligro de contagio porque nadie quiere ser como yo, ni yo mismo quiero ser yo, en los dos años más largos y perdidos de mi vida.

Lidia, un día que nos quedamos hablando en el pasillo cuando se suponía que teníamos que estar en clase, nos confesó a David y a mí, que se hacía una reunión semanal exclusivamente sobre el curso y que habitualmente éramos uno de los puntos del día. Con periodicidad y de forma oficial, decidían que nuestra situación se había acabado, que si no queríamos estar en clase no fuésemos, y que si estábamos teníamos que participar; pero a la hora de la verdad los profesores nos ignoraban y volvían a tratar como siempre. Todos estaban convencidos que éramos un problema que nadie quería poner nada para solucionar. Castigarme de formas más imaginativas cuando estaba ya solo, sí, pero nada más.

Por eso cuando hicieron una reunión en el instituto muchos años después hablando de los peligros de las fiestas de random local guys, e intentando averiguar si había niños del centro implicados, me hizo mucha ilusión y me invadió una ola de nostalgia.

Que si no queríamos ir no fuésemos, como si nos dejasen salir de clase sin consecuencias, como si el bachillerato fuese un producto más, como ir a una academia o dejar de ir, y no el sistema estándar de educación publica. He visto lo que habéis hecho con la gente que os molestaba tener en clase, como la habéis ido expulsando del sistema lentamente igual que ahora estáis haciendo conmigo, y como habéis hecho de los despojos cursos de formación profesional. Como si durante los años anteriores, alguien no nos hubiese hablado de cualquier posibilidad alternativa como algo que no fuese degradante y para los demasiado tontos como para dar continuar el camino lógico. Aquí hay dragones, ponía un cartel encima de toda otra posibilidad. Nos enteramos tarde de que el instituto a distancia existía, por otros medios y donde no había ni un alma porque la educación publica parece tener el monopolio de la integración social. Sinceramente, hubiese dado igual, tampoco nuestros padres hubiesen aceptado ver en casa lo poco que hacíamos aquí.

Durante la secundaria temprana, bautizaron a nuestra área de influencia postura del mínimo esfuerzo, como un antagonista de su cultura trabajadora y su culto a la voluntad ajena. Ahora, tras un par de años que parecían muy lejanos, esa postura era irónicamente para mí un gran esfuerzo y esa contradicción en parte mi obra; una lucha que servía a los demás pero yo hacía por mí, para sobrevivir, y en la que nunca saldría ganando aún si salía vencedor. No iba a dar a nadie la satisfacción de verme abandonar y que contar mi historia en el futuro fuese una forma de lamentarme por las batallas no libradas. Aunque nadie me siguiese, mi existencia implicaba la existencia de otro mundo, de la posibilidad de decir no.




- Una clase más así y me voy a sentar con Jordi.

- Cuando ocurren cosas como estas, te entiendo.

- Es que en el fondo tienes razón.


Con el transcurso de los años, intentaron desarrollar diferentes tácticas al respecto de mi figura con dispares, a veces contraproducentes e siempre impredecibles resultados. Como cuando el profesor juega a eso de mandar a buscar algo al payaso de la clase en secretaria y aprovecha para hablar con la clase sin su presencia para decir que no le rían las gracias, pero más complejo.

Aislarme pero respetarme reforzaba la sensación de ser una alternativa, criticarme directamente me daba motivos para hacer lo que no quería hacer que era hablar, exponer, criticar y convencer, porque aun así, o precisamente por ello, encontrar oposición revitalizaba mis esfuerzos y daba a todo sentido y con ello los profesores encontraban un claro dilema. Se oponían directamente a mí, yo ganaba crédito porque se hablar mejor que ellos, y con el mismo hecho me reconocían como valido interlocutor. Me desacreditaban a mis espaldas y me dejaban en paz, bueno, yo conseguía que me dejasen en paz; así que yo aprobaba y el resultado me daba la razón. La solución era ignorarme en clase, aislarme pero dejar claro que yo era un caso especial porque era listo y si no sacas buenas notas tú no te puedes quejar, (no me malinterpretes, creo que lo soy, pero no por ser capaz de aprobar esas mierdas) y ponerme trabas invisibles para que de dos pájaros en un tiro mi fracaso demostrase su tesis de que por muy inteligente que fuese no podía aprobar sin estudiar y que aun aprobando nadie se me quisiese asociar. Eso dio lugar a un acuerdo no escrito en el que yo no cuestionaba su trabajo, me intentaban hacer suspender, y no participaba en clase pero si les apetecía podían castigarme por ello.





- ¿Qué es exactamente el espín de un protón? - Pregunté un día cuando vi que estaban hablando de partículas subatómicas en química y les habían mandado para aprender de memoria el espín de las principales, una magnitud cuyo significado exacto no viene al caso.  
- El giro angular. 
- Si, yo también se leer la definición, ¿pero como puede tener giro angular una partícula perfectamente lisa y sin estructura interna? ¿cómo lo sabríamos? 
Se hizo el silencio 
- Si no participas en todo lo que hacemos en la clase, no puedes tampoco hacer preguntas.  
- Me parece justo.


No mentía, me parecía justo, pero se suponía que su interés era que yo participase; supongo que esa voluntad no era mayor que el hecho de que la profesora no tuviese ni idea de lo que era exactamente un espín. Esa mujer, por cierto, fue mi tutora ese segundo año.

Por mi parte, ya no me molestaba en intentar forzar la situación para de alguna forma dejar al descubierto la hipocresía del sistema. No me tenía que convencer a mí mismo de nada como años atrás, yo sabía que tenía razón y tampoco era mi prioridad dejar de tenerla; porque el convencimiento, ya casi maníaco, de estar en lo cierto en medio de un mar de gente que te dice lo contrario, me daba el control y permitía sobrevivir en territorio hostil.

Asociarse conmigo era asociarse con el mal y entre una cosa y la otra me distancié de mis mejores amigos del instituto, que dejaron de ser tal aunque nunca dejé de llevarme bien con ellos. Me juntaba durante el patio si me apetecía, con gente que había conocido en otras partes siendo otra persona y luego me encontraba que estudiaban allí. Las personas de mi misma clase no me importaban ya en absoluto y la fingida intención de hermandad en las fotos grupales me parecía muy divertida. Me podía pasar días sin decir una palabra y nadie iba a enterar, era maravilloso. Hace ya años dejé de ir a las excursiones que me parecían estúpidas del instituto, y ese curso me las salté todas incluido mi propio viaje de graduación porque era, precisamente, un viaje estúpido y, sencillamente tenia mejores cosas que hacer.

Esa frase que me estoy apropiando constantemente es de David, por cierto, tenía mejores cosas que hacer es su contestación absoluta cuando hace un par de años empecé a escribir todo esto y le pregunté como resumiría sus años en el instituto. Creo que resume muy bien ese tiempo en general y te hace aceptar la idea de que el resto de tu vida pagaras ocho horas al día de peaje para vivir.

La mayoría de estudiantes se quedan en algún estado estacionario de su iniciativa rebelde, dejan de hacer los deberes, sacan malas notas y hacen otras cosas que yo también hacía, así que creo que a veces es difícil distinguir mi caso y situación de un fracaso académico normal. Creo que el punto clave es que fui capaz de mantenerme activo y mantener mi desarrollo intelectual, y encontrar gracias a él una forma de autodidactismo que sería cuestionable pero funcionaba muy bien para hacer exámenes. El otro punto clave es cuando decidí de forma activa, no solo dejar de hacer cosas, no estar distraído o no prestar mucha atención; sino dejar absoluta, consciente y voluntariamente de escuchar en clase exponiendo a los profesores su fracaso y alejándome conceptualmente más de todo aquello.

Voy a tratar una vez más de explicar por qué hice eso otra vez, con la esperanza de que no me repita.

Existe sin lugar a dudas un problema de contenidos, no un problema de contenidos exactos y concretos sino en su propio planteamiento y utilidad. La pregunta ¿de qué me va a servir esto en la vida? es tan antigua como vigente, y no tiene explicaciones sencillas, pero podría llegar a tener una justificación si se hiciese bien, ya hemos hablado de ello. El problema que yo encuentro va más allá, es más estructural, más sutil.

La influencia.

Siempre se puede rechazar una idea. Aunque te la intenten inculcar, aunque alguien intente aplicar la influencia de una forma demasiado explicita como ocurriría si fuese un esfuerzo consciente, porque toda idea va ligada a su contrario. Siempre se puede rechazar una idea si está expuesta como tal, una opción de muchas: es discutible, es cuestionable, incluso cuando puesta en el más alto pedestal. Pero aquello que nos llega en otras formas, de fondo, de estructura, de sensación de un sentido de realidad, no nos dicen si pensar algo o su contrario no se centran en el que sino que forman los cimientos desconocidos difícilmente desensamblables del cómo. Compartimentar el conocimiento en áreas separadas. Obedecer una figura de autoridad. Que exista el mismo hecho de una figura de autoridad como necesidad de un orden. Es más de lo que yo pueda describir con palabras. Eso no se enseña en una asignatura, nadie te lo dice ni nada creo que pretenda decirlo. Se filtra, en las paredes de las clases, en las palabras de los profesores, a través de la luz fluorescente que causa incomodidad. Es difícil de entender el hecho de que, te caigan bien te caigan mal, aquellos que tienen poder para ser escuchados sin oposición durante horas ante mentes cansadas, dormidas y por lo tanto vulnerables, filtren lentamente quizás no el modelo que tu escojas, pero si el modelo normal, de referencia, de cómo los humanos deben ser, pensar y, en última instancia, vivir.

No es la idea de izquierdas o derechas la que te venden los medios vendidos a los poderes por una porción del share informativo en particular, sino la propia idea de gobierno que damos por sentada; porque es más cómodo y simplista creer que el debate es entre colores que intentar entender las complejidades de un mundo gobernado por la hiperrealidad, fuera de los estándares históricos que hemos aprendido como nuestros. Gestionar el mundo para que el debate parezca entre esas opciones y dar la sensación de libre elección entre ellas es exactamente lo que te hace olvidar, o no ver, que el mundo lo dirigen otras personas.

El título del libro no fue lo único que saqué de leer de Chomsky, después de todo.






Es lo mismo que ocurre cuando cada cuatro años pretenden hacer una reforma educativa y mover horas o asignaturas de un lugar para otro y en las opiniones dispares, discusiones de corte ideológico como horas de religión u horas de ciudadanía, te convencen de que ese es el problema, cuando el problema es que el sistema está podrido hasta el fondo. 

De la misma forma la publicidad te vende no solo una marca sobre la otra, sino el estilo de vida en el que la propia decisión es lo importante, lo que identifica. La identificación personal a través de objetos, de productos. Utiliza como modelos, precisamente esa palabra, conocidas caras que cuestan mucho dinero contratar porque son de famosos que te resultan a la vista familiares, y el mensaje pasa más claramente cuando confías en esa persona, aunque sea a través de un papel de una serie, porque tu cerebro no sabe distinguir realidad de ficción, confía en lo conocido y es como si te lo recomendase un verdadero familiar. ¿Creías que era fortuito, que contrataban a actores y futbolistas que salen en las noticias, solo porque su magia a través de la pantalla les hace vender más? Las ficciones modernas ya no se separan entre fábulas o historias como se hacía en la antigüedad. Descubrieron que mientras la enseñanza de la fábula se puede negar, no se puede hacer lo mismo con el trasfondo de una historia, su hilo vehicular, la consonancia con el personaje con el que te identificas, el modelo de mundo y sociedad vendido y la relación con este; así que empezaron a hacer historias donde las virtudes griegas eran vendidas en el orden lógico de la necesidad durante la guerra de troya y transmutadas a un ideal romano del modélico ciudadano. Eso te lo pueden haber explicado, pero nunca intentado aplicar a tu realidad. Te pueden decir a la cara, eso se hacía para poner trasfondo divino a los dictadores, pero nunca te dicen que también se aplica a lo que ellos mismos te estarán explicando dos meses después cuando hablen de las virtudes de Napoleón. Esas historias aún existen hoy, y aunque han perdido la pretensión de ser reales, no les hace falta; tienen en lo más profundo impresas la enseñanza, el quien son los buenos y quien son los malos, y cosas más profundas, mas estructurales, que ni siquiera sus creadores saben que están imprimiendo en su obra. 

Es imposible huir de la influencia, la influencia está en todas partes y no la podemos controlar. Es como la moral cristiana controlando el mundo occidental pese a que nadie, o casi nadie, crea ya en los ángeles o en el dios abrahámico de las sagradas escrituras, donde esas reglas de comportamiento están escritas. Cuando uno empieza a poder verla, ocurre como con la misofobia y empieza a verla en todas partes; uno podría dejar de ver la televisión, de escuchar música, de hablar con los demás pero nunca podría huir del todo porque no existe una expresión pura de pensamiento sin influencia en ella. Dejar de escuchar a los profesores fue un paso esencial. Me cambió tan rápido, sin tener esa ancla constante a la que no prestaba intención, que no me lo podía creer. Aún a día de hoy me parece aberrante la cantidad de poder en ese sentido que damos a los profesores, les entregamos a cambio de un ligero conocimiento en dispares materias el poder de definir con la suya nuestra realidad. Esas personas están allí porque no han triunfado en su campo, porque no han encontrado nada más que hacer y se han puesto de profesor. Esas, son las personas que te hablan y resuenan en tu cerebro diciendo, aunque tú hagas lo que quieras después, lo que es aceptable y lo que es lo normal. Eso ocurre exactamente cuando tu cabeza está cansada en un estado casi vegetativo, con el brazo siendo lo único impide que caiga encima de la mesa. 

Aquí se ve la virulencia de la imagen de la adolescencia que nos venden en series y programas hechos por adultos y para niños, donde muestran una imagen, unos roles y una identificación que luego nos apresuramos a hacer real. 

Por tomar un ejemplo, yo soy incapaz de ser profundo cuando hablo catalán, no porque sea una mala lengua para ello, sino porque de quien yo aprendido catalán es de las situaciones cuotidianas de la vida que no son participes de una gran profundidad. El sonido de mi voz, y más importante, el sonido en mi propia mente de mi voz, es una heredera de esas influencias. Escribo en castellano, porque yo aprendí el castellano en la escuela a los cuatro o cinco años pese a que sea la lengua materna de mi padre; aprendí castellano como lengua literaria, leyendo con ella mucho más que usándola, y la identidad de esa voz en mi cabeza suena como los libros y las voces de la gente de la televisión y por ello cuando empecé a escribir sin pensarlo ni dudarlo ni tampoco siendo consciente del porqué, empecé a escribir en castellano. Nunca aprendí ingles en la escuela, ya lo he dicho en otras ocasiones; he tenido el poder de escoger a través de mis influencias como suena mi voz interna en ese idioma, y aunque no la domine suena a canciones, películas y poesía. Uno piensa como su voz interior cree que debe pensar, siguiendo el hilo argumental y de pensamiento de todas las conversaciones y diálogos internos que uno ha escuchado en su vida que se mezclan indistintamente como propios, reales o de ficción en tu cabeza. De la misma forma que un modelo de educación crea un modelo de sociedad, un modelo de comportamiento aunque pasivamente aceptado crea un modelo de pensamiento a través por ejemplo del lenguaje. Uno no puede huir de su influencia, pero cuando la ve, uno puede decir no; y apagar la tele o encender el reproductor de música en clase. Eso es exactamente lo que hice. 

Es una de las épocas de tu vida en que las referencias, los ídolos y la información subyacente al contexto serán la que ya nunca podrás olvidar. Es el tiempo que recordarás más nítidamente durante los próximos cincuenta años. Es la edad de la idealización y el heroísmo por un motivo en particular, porque ofrecen una forma más sencilla de ver una realidad que se empieza a presentar ante ti como una gran avalancha de nieve, y es la edad en la que aprovechan precisamente ese momento para edulcorar a voluntad. 

Darás palos de ciego durante el resto de tu vida, revolviéndote quizás en chaquetas de cuero o, no sabiendo contra que más rebelarte, quien es el siguiente gran enemigo o gran conspiración, otras simplificaciones del mundo menos virulentas que las que te ofrecieron en tu momento y ni siquiera te diste cuenta que acordaste comprar. Nunca podrás deshacer aquello que te enseñaron, eres la persona que eres porque alguien decidió por ti en primer grado, la mezcla de los profesores que te hablaban mirando a los ojos en secundaria y la pesadez en el alma que te transmitieron todo los demás. Hace mucho tiempo, cuando la educación era de uno a uno, no se escogía al profesor con más conocimiento, ni quizás al con mejor sistema didáctico ni siquiera tenía que haber sido nunca profesor. Escogían a aquellos que habían sido también grandes hombres, que eran importantes en aquello que hacían más allá de su capacidad para transmitir el conocimiento en sí, los grandes músicos de la historia se ganaban la vida enseñando a hijos de nombres y no interpretando sus propias obras, porque el conocimiento en si no es lo único que se transmite. ¿Será casualidad que entre tres de las consideradas mayores personalidades de la historia del mundo, hayan sido maestro el uno del otro? ¿Contrató pagando la fortuna de un país Filipo II, a Aristóteles como mentor de su hijo porque sabía más que nosotros de ciencias naturales y que él de estrategia militar? Una sociedad pone de maestros y por lo tanto modelos de comportamiento, a aquellos que quiere que sus hijos se parezcan. La realidad de esa gente que se pasa cientos de horas al año hablando enfrente de ti, sus actitudes y sus miedos, se filtra lentamente entre tus resistencias y te conviertes lentamente esas personas; y lo preocupante es que esas personas están allí precisamente porque son unos fracasados en su campo. 

La influencia no se trata solo de ello pero, ¿cuáles son los ideales que te venden? es algo que debes preguntarte. 

Porque si necesitan cacarear continuamente sobre las valores de la democracia, es porque te lo pretenden enseñar desde un sistema que es claramente no democrático y en el que la representación estudiantil, igual que la sindical en el mundo laboral, es un chiste de mal gusto. De la misma forma que repetían una y otra vez lo de que bachillerato no era quinto y sexto de eso porque lo era; también necesitan explicar el valor de las libertades y el sufragio parlamentario y la cuestionable separación de poderes, porque con sus métodos ya te han hecho aprender a comportarte en un estado autoritario. 



Because they don't teach the truth about the world, schools have to rely on beating students over the head with propaganda about democracy. If schools were, in reality, democratic, there would be no need to bombard students with platitudes about democracy. They would simply act and behave democratically, and we know this does not happen. The more there is a need to talk about the ideals of democracy, the less democratic the system usually is.


Miseducation - Noam Chomsky, son of Arathor 



Solo con ello, ya puedes entender que si se aplica el modelo autoritario a un sector de la población particular, no es porque nuestra sociedad rechace el modelo autoritario, sino que está a favor de usarlo si las condiciones son propicias para ello, la mayoría en este caso los adultos se benefician de ello, y sobre todo si los que lo sufren no lo pueden votar. 

Cae un poco el idealismo del mundo occidental a pedazos, ¿verdad? 



- Estoy de acuerdo con muchas cosas que dices, pero no creo que sea para tanto. 



Es ilógico que el hecho de exponer las cualidades manipuladoras al sistema educativo sea visto como inusual, exagerado, conspiranoico y radical. Si realmente hubiésemos estado estudiando el imperio romano para entender el presente, hubiésemos aprendido que precisamente la educación era lo que utilizaban por arma de conquista, como pegamento para su imperio. Fue un gran imperio que duró mil años, eso lo sabemos pero nunca se aprende el porqué, qué tenía de diferente a los demás pueblos beligerantes de la historia, porque fue el imperio romano el que se alzó, ¿por qué bonaparte y no otro soldado cualquiera de artillería y metro ochenta lideró una revolución? Quizás sus características personales fuesen realmente casualidad y otras parecidas hubiesen hecho el mismo efecto siguiendo el camino del materialismo histórico, pero se sigue cometiendo el pecado de no mencionar ni una cosa ni otra como una posibilidad. Muchos imperios más extensos que el romano se han alzado, y más rápidamente, a lo largo de la historia tras años de batallas y han caído tras una generación. Los romanos salen en los libros de historia no solo porque prácticamente inventasen la ingeniería militar postclásica y fuesen buenos conquistadores sino porque fueron unos maestros en el noble arte de derribar bustos, estatuas, y dejar intactos los pedestales. En nuestra visión de la historia, se elimina la singularidad de la ecuación, el hecho distintivo, la batalla que hizo cambiar la historia; para centrarnos solo en las características cuantificables de la historia en sí. Su virtud era la ser capaces de mantener un imperio por la violencia conquistado mediante el comercio, los ideales y la educación. 

No quiero insultar a vuestra inteligencia pretendiendo que imaginéis a los romanos como misioneros benevolentes con el solo propósito llevar al mundo la llama del conocimiento. Los romanos sabían que aunque pudiesen conquistar mil pueblos, sería imposible mantenerlos de forma razonable bajo su control con la fuerza de las armas, porque la opresión directa tiene un coste desproporcionado comparado con la sutil manipulación. ¿Cuánto tardó EE.UU. en conquistar Irak y cuantos años de agonía antes de huir por patas estuvo después intentando que no les disparasen civiles por las calles? Los romanos derrotaban a tu ejército, entraban en tu ciudad, esclavizaban los soldados violaban a tus mujeres, pero mantenían a los reyes; quienes participaban como invitados de honor en las celebraciones en roma por la victoria conquistada. Luego volvían a traer el rey de vuelta, empezaban planes de infraestructuras civiles y se llevaban a los descendientes de las familias poderosas. Esos niños y niñas crecían, siendo educados, siendo romanos, y volvían luego a su tierra para gobernar por derecho divino. Esas personas, refinadas y con vastos conocimientos en comparación a los pueblos nómadas, se convertían en el nuevo ideal del pueblo derrotado, quienes habían visto a sus familiares oprimidos y esclavizados pero no hubiesen tolerado ver a sus líderes suplantados. La voluntad del pueblo, iluminada por el nuevo ideal, era no luchar contra, sino conquistar el pleno derecho a la ciudadanía romana. Así, la moral del señor, como diría nietzsche, gobernó el mediterráneo durante más de mil años. 

No es una crítica al imperio romano, ni siquiera estoy hablando del imperio romano. Estoy ilustrando primero la idea de que todo status quo social, combinación de genes o método educativo sobrevive porque logra perpetuarse y eso no significa que sea culturalmente mas avanzado, ni que produzca descendencia mas fuerte, ni tampoco mejores estudiantes, respectivamente. La segunda idea es que llevamos toda la historia de la humanidad usando la educación como herramienta política y nos parezca que ahora ya no. A nadie le impresiona si digo que Hitler utilizaba las escuelas como propaganda, porque adolf era malo y hacía cosas nazis. A algunos les impresionaría ver la propaganda antisoviética en las escuelas y dibujos animados para niños de lo que nos atrevíamos a llamar el mundo libre; quizás hasta la perdonarán al considerarla un mal necesario para defender nuestros valores de la maquinaría de guerra y muerte de Stalin. Pero hasta el más tonto podrá ver lo ingenuo que es pensar que si los romanos antes de cristo la utilizaban como tal, la escuela no sea ahora también una herramienta voluntaria e involuntaria de manipulación política e ideológica. 

¿De dónde crees que vienen los ideales por los que luchas, aunque los acabes dirigiendo contra el sistema en sí? Hay verdades detrás de las verdades. Hay quien diría que hay verdades hasta el fondo. 

Uno podría decir que ese comportamiento ya no es tal y su efecto no es conducido por ninguna voluntad política como antaño sino que heredado el formato, solo transmite un sistema de valores como en ruido de extrarradio, y podría parecer tener parte de razón. ¿Pero entonces porque mantenemos ese mismo formato creado y tan útil para propaganda, tanto por influencia como por unos contenidos asumidos bajo el argumento de autoridad? No hay motivo para no adaptarlo a las necesidades más modernas, menos alienantes de nuestra ideal y democrática sociedad. 

Nos lo venden como un pack, nuestro sistema de gobiernos y esas ideas, pero no lo son. La democracia parlamentaria constitucional es solo una de las infinitas cosas que puede llevar la palabra democracia delante, y que lo haga no es garantía de nada. E incluso si algún día hablásemos de ello, detrás de esa verdad que tiene que ser así, estaríamos centrando el debate y olvidando que la democracia es en sí misma algo que también se puede cuestionar. Habrá muchos, miles y millones de formas de gobierno en el futuro de la humanidad y a todos les parecerá que su sistema de valores es el único decente, aceptable, y mejor. La prueba de que la educación no te ha convencido, sino alienado al respecto del ideal de la libertad es que yo no puedo decir esto sin que automáticamente alguien me acuse de fascista o se me lleven detenido si estoy en Alemania, si no vivimos también tiempos de fundamentalismo, sea por ti reconocido como bueno o como malo, no puedo creer que no lo sea.






Creo que me saltaré la parte en la que hice llorar a mi profesor de treball de recerca por los pasillos de la segunda planta. Para resumir, fue reclamándole que me suspendieran porque, según tres profesores licenciados, Carl Sagan no era un divulgador científico. Diré la verdad, el trabajo era una mierda, ¿pero tres profesores corrigiendo un trabajo titulado Divulgación Científica, literalmente afirmando que Darwin era un divulgador científico y que Carl Sagan no? Estoy bastante convencido de que no se leyeron realmente el trabajo, y no te digo ya de que no se molestaron en buscar en la wikipedia el significado de las palabras del título. Pues en la parte teórica explicaba claramente la diferencia entre, debido al interés y la especialización de la ciencia hacer divulgación científica, y la necesidad histórica de divulgar los conocimientos científicos antes de la gran revolución. El caso es terminé aprobando en una segunda ronda tras reescribir la introducción y pasar todo por el auto corrector; y tras aquello ya no tenía ningún escollo en el camino para poder acceder a intentar aprobar la recuperación de casi la totalidad de un curso en una semana, gesta a todas luces imposible para alguien que lleva cuatro años sin dar un palo al agua.

¿Que si aprobé?

Claro que aprobé.

Claro para mí, porque nadie daba un duro por ello. Haciendo cuatro exámenes a la vez de filosofía en una hora y media. Estudiando física y calculo mezclando con energía formulas y números en una pizarra que me compré en los chinos. Apostando en un examen de catalán todo o nada a que cierta palabra era de uso común del dialecto mallorquín o no. In-extremis, recuperando un total de cinco asignaturas más las dos del curso anterior, aprobé el curso en la primera ronda de exámenes de recuperación, así que pude ir en junio a los exámenes de selectividad también conocidos como de acceso a la universidad. La tutora, también profesora de ese chiste del mundo contemporáneo en primero y de química en segundo, me dio el sobre con las notas evitándome la mirada y una sonrisa demasiado forzada. Yo no sonreí, no dije nada, pero un gran bramido de victoria inundó mi pecho, incontenible. Era consciente de que si hubiesen querido, habrían podido forzar y hacerme suspender. Eso hubiese supuesto ir a la selectividad al setiembre para putearme, pero también había entonces el riesgo de que suspendiese y quisiese repetir curso. Sinceramente, creo que antes me hubiese exiliado.

Se regalaron matrículas de honor a los alumnos modelo y se hincharon notas para participar en el festival anual de inflación de notas de corte para la universidad. Así se mejoran resultados para las estadísticas internacionales. Pero si a nadie parecía importarle, a mi menos. Me quedó una media de esos dos años de un cinco con sesenta-y-tres por culpa de educación física y me sobraron exactamente sesenta-y-tres décimas para tener todo lo que quería, permiso para presentarme a la selectividad.

Después de aquello, hubo un mes clases de preparación para la gran prueba, como si todos estos últimos tres años no hubiesen sido precisamente eso. Aparecí solo en una de las clases porque ya no me podían suspender por faltas de asistencia y le prometí a mi profesor de matemáticas que me pasaría a saludar; la próxima vez que me vieron por esos pasillos fue años más tarde a recoger el título y pasearme con Nil en gafas de sol. Determinado en no perder más tiempo de mi vida en aquella forma, empecé el verano más temprano que los demás, y esa hora que fui a visitar a juan, la aproveché para llevarme después a la gente por la que aún tenía simpatía a hacer campana, jugar a vóley en la playa y beber cerveza. Los demás días me los pasaba en el montclar y de noche en mi habitación a felizmente pensar en el curso siguiente, en él me iba a ir a vivir a Barcelona con una chica mencionada un par de artículos más atrás como diecisiete.

Faltaban dos días para empezar los anunciados como exámenes más importantes de mi vida y aproveché la ocasión para volver a mirar una vez más Full Metal Alchemist desde el principio. El fin de semana anterior, me fui con una chica pseudogótica llamada Lia al h-titud fest y repasé el domingo por encima las asignaturas que me tocaban el día siguiente. Los exámenes se hacían en la UDG junto a gente de otros institutos, así que entre exámenes íbamos a tomar cañas al bar de al lado y a comentar la jugada entre risas. Como era previsible, los exámenes en sí resultaron ser un chiste y saqué una media de un siete o un siete con cinco. El ultimo día, volviendo realmente cansado con autobús, pedí una calculadora y la use para sumar aproximadamente el número de horas que había destinado los últimos años a hacer deberes, exámenes, escuchar en clase o leer temario; y me salió que con estudiar a mi aire cuatro horas al día durante tres semanas, hubiese tenido exactamente el mismo resultado que después de dos años de miedo y asco en el instituto.

Ya tengo título alternativo por si Chomsky viene a reclamar algún día lo que es suyo.

La publicación de las notas, por la que todo el mundo estaba tan ansioso, me pilló de fiesta por Palamós y tuve que colgar el teléfono a mi madre varias veces porque me pedía la contraseña para poder verlas ella misma porque a mí no me corría ninguna prisa y no tenía la intención. Cuando terminó la fiesta y casi no podía ni andar, nos retiramos a casa de mi primo y desde allí abrí la página de la generalitat, puse el código, vi que había entrado en Física primera opción en la Universidad Autónoma de Barcelona, publiqué algo en facebook llamando cocainómana a una profesora en lo que es aún a día de hoy mi publicación más popular de todos los tiempos, y caí destruido en un sofá cercano.

Los japoneses se han rendido.

Había terminado la guerra,

y yo la había ganado.










Parte I             Education Labor Through

Parte II            Dulce Introducción a la Secundaria

Parte III           I Met God, She's Gay and He's Black

Parte IV           Independent Though Alarm

Parte V            The Times They Are A-Changing

Parte VI           Jesus of Suburbia I

Parte VII          Jesus of Suburbia II

Parte VIII         The Beginning and the End





la deseducacion, jesus of suburbia ii
the decay of western civilization /?
random local guys


[Recomendaciones Musicales] Mendra, y letras







Introducció


Mendra són la Paula, la Sofi i en Víctor. Tot i que es van trobar a Barcelona, són de Sant Feliu de Guíxols, Santa Cristina d'Aro i Girona. A principis del 2015 comencen a assajar i comencen a sortir els primers temes, que van servir per esculpir un so on es sentien còmodes. Mendra sona a emo, punk dels noranta, amb clara influència dels grups que passen per l'estudi Ultramarinos Costa Brava. Allà van grabar el seu primer disc editat en cassette amb Saltamarges.

Paula ha estado desde los inicios estrechamente relacionada con RLG y la podríamos catalogar actualmente dentro de la organización como una amiga con derecho a roce. En todo caso aquí está el disco con sus letras, todas suyas (creo) que no sabíamos si presentar como una recomendación musical o como una colaboración de relatos y poesia.

Y ya.







22

Feathers, all it’s seen.
Caos constantly changing
as the way it should be.
Uproar, all it’s heard.
Barbarism in unison
sings the tune of the factory.

Blindness be materialized
when the first sunshine happen.

Dazzle glare, all it’s seen.
Empty minds but filled stomachs
by the force of a hot deal.

How can you tell apart
from something you’ve never seen before?

There is no way to make
a difference between
the past and the present
but the first and only time
that sun will burn your eyes
before you die.



Bruja del demonio

Death souls wanner in the city.
Walls are growing.
Your sick eyes the proof of addiction.
Red is gonna soil my revolution.

At the end,
red always was grey.






Coherence

Turn off the lights.
Shut up and be quiet.
They can hear us.

Are we the killers or are they?
No one is gonna find out.

Turn on the lights.
Shout and move.
They can not hear us.



Everyone but Anyone

I feel scared of take part of somewhere,
while this hole is whose strong hands press
my neck to death.

Lose my mind into madness.
Lose the honor of my soul.
Necked to the world being seen by anyone.

I overwhelm take part.
Stop hearing my breath,
I’ll never be defined.






Fantasmes

Ens vam col·lapsar.
Ens fonem en un record,
els dimonis fugen perquè tinguem sort.

Consciència perduda, idees desfetes.
Qui sóc jo,
però qui ets tu?

La intimitat plena d’esquerdes
afavoreix el vol de les cendres.

Confinada a casa meva t’estaré esperant.
Aprenent a defensar-me pel teu pròxim assalt.

Cediré als dimonis
el que estan reclamant.
Envairan el nostre oasis
pel que hem estat lluitant.



Me Long Ah!

Llegan los impostores de nuestra vida,
cuyos caballos negros nos susurran
palabras ocultas para despertar la ira.
Són inconscientes del instante que nos censuran.

Del negro de los caballos, la noche incesante.
No llega nunca el mañana
más sólo existe este instante.
Y de sus rostros, es el nuestro el que emana.






Super Glue

Super Glue
no pego amb tu.
Hem de comprar…

Super Glue
no pego amb res.
Cola blanca no serveix.



Puzzle

There’s a box full of pieces
avoding me to advance.
Doesn’t matter the origen anymore.
Make the puzzle but evermore.

It feels broken
but It’s really not.
I do notice the poison
fighting to get away throug my skin.



Own Clock

Stocked on the clock
can’t afford past impacts.
Feel free to kill your regrets.

There’s no time for old times.

Despite clockwise hurts It keeps you alive.
There’s no time for old times.



Yocolocolocolocoloko,yocoloco

(instrumendral)











Mendra Lyrics Mendra Letras Mendra Lletres




[Vida Sedentaria] Capítulo IV: Piece of shit







Primero escucho, después hablo. Muchas veces en contexto social antes de que alguien acabe otro ya está hablando, sin molestarse a acabar de escuchar, ya que no le interesa, tan sólo quiere exponer, y antes de que este acabe otro se le sobrepone; es insoportable para mí, ver como se discute sobre algo y como todos están equivocados y nadie quiere escuchar otra verdad. Intentar intervenir y ser rechazado supone un desgaste muy intenso para mí; que alguien no quiera escuchar la respuesta al conflicto que  propone es desesperante. Sobretodo cuando para mí es tan simple.

Ya aprendí de los más viles y sucios lo penoso que es aconsejar a alguien desde tu propia subjetividad y opinión personal, ese es otro asunto. No quiero oír los lamentos de quienes no quieren usar la cura que ya saben dónde encontrar. Asimismo siento que no merezco que escuchen mis lamentos ya que es obvio que se dónde encontrar mi cura y continuo ignorándola. Quizás aún me aferre a mis ideales románticos, pero creo que desde el momento en que golpeé contra el fondo del abismo de mí mismo se diluyeron instantáneamente.

Miedo, ¿Costumbre?  Que concluye en conformidad tóxica. Evasión extrema, amarga satisfacción que lleva a la conformidad tóxica. Fuente de energías negativas, sembradas y alimentadas por el dolor y la humillación, que vuelven a manar su oscura y densa agua; cegadora, propensa a teñir la realidad para provocar en mí un mayor flujo, para después proyectar mi visión de la realidad aún más disonante y punzante. Lo que inevitablemente lleva al aislamiento. ¿Y el próximo paso?



El regreso a la vida sedentaria es inevitable, el graznido del cuervo se torna dulce mientras que el canto del gallo anunciando el nuevo día es ahora vomitivo.

El regreso a la vida sedentaria es inevitable; una vida sin anestesia para alguien como yo muy dolorosa, y una vida con anestesia para alguien como yo demasiado plana.

El fin de la vida sedentaria es necesario, en caso contrario yo no sería más que un pedazo de mierda; no vivir permanentemente allí es lo que te mantiene cuerdo y vivo, recordar el bienestar, los colores y olores, las risas y el Sol.


El regreso a la vida sedentaria se torna inevitable.





El dulce pájaro de juventud
Anhela más, no deja de soñar
Acerca de la libertad, volar a gran altitud.


No puede ver más de lo que con exactitud
Anhela, y no se piensa rendir, no hasta conseguir.
El eterno pájaro de juventud


…


Preferiría estar muerto antes que convertirme en mi padre

…



Estaba en mi casa preparando té con un amigo, retiré mi bolsita y le advertí que se le quedaría amargo si no hacía igual; él me contestó que era lo que quería, para así después al añadir el azúcar jugar a equilibrar ese contraste.
¿No consiste la actitud de vida promulgada por nuestro sistema en ese mismo gesto? ¿A edulcorar nuestra amargura con endulzantes externos? ¿Por qué no retirar la bolsita a tiempo y evitar la entrada innecesaria que nos obligará a tener que compensarla después?

¿Porqué hacerlo?

Quizás de eso se trate la vida al fin, de jugar a equilibrar tal contraste tras las continuas alteraciones que sufre.

Sin duda la forma de beber té que tiene uno nos puede decir mucho sobre él.



Desde luego las drogas no son malas si después te lavas los dientes




Anoche, hacia las nueve y algo abrí por whatsapp al amor de mi vida, no me contestó hasta las once, y durante esas dos horas, ella me ignoró, no me valoró, entendí que no quería pasar la noche conmigo y sin plantearme si yo quería o no, me sentí como un pedazo de mierda; sentimiento que creció exponencialmente. Cuando me contestó, pensé durante un rato y entonces le dije que dormiría sólo en mi casa, ya que tenía que levantarme pronto.

Esta mañana hemos quedado para desayunar, cuando me ha explicado su día anterior he entendido que habría estado genial ir, que fue un plan en el que yo encajaba; en vez de desayunar hemos dormido abrazados hasta las dos. Ahora veo la película que me reprodujo ayer mi mente, de qué color es, la proyección que supuso mi realidad; y me doy cuenta de las veces que me he sentido así, de las cosas que me he perdido, de todos los momentos de diversión y éxtasis con mis amigos que forzosamente han sido cambiados por horas de aislamiento y dolor silencioso, de cuántos sábados noche he pasado fumando porros delante de mi ordenador; inmerso en escuchar música y sentirme mal.

Claramente era una etapa que tuve que pasar, pero llevo alargándola desde hace demasiado, forzar derivaciones constantes en el plano de realidad en el que existo físicamente no ha dejado de alejarme de la realidad que debiera haber vivido y ajetrear el constante y cambiante flujo de la que yo escojo habitar. Es desconcertante, y necesito algo más de estabilidad para acabar de levantarme y empezar a moverme; conozco el camino pero me ciega la droga, me ciega el miedo, me ciega el sufrimiento; también me ciegan la conformidad, la pereza y la fatiga. Mi entorno es un constante de entes cegadores y así me cuesta ponerme en contacto con mi yo profundo y poderoso; cuando ya no distingo a este, cuando ha sido acallado y otras voces que hablan mucho más fuerte y sus palabras suenan tan seductoras y románticas, representan el papel de yo titular en el modesto teatro que es mi pequeño mundo.



Estoy dolorosamente estreñido, con la nariz taponada, la garganta irritada y quizás algo de fiebre, no suelo escribir cuando me siento bien. Pocas veces cuando voy fumado, por eso escribo poco; y nunca con mono.

Me gustaría escribir cosas bonitas también, no solo la mierda, o quejas en contra de algo; me gustaría hablar sobre el amor, lo bello y la naturaleza; creo que algunas asociaciones me provocan un bloqueo a la hora de expresarme en este medio, permitiéndomelo sólo para determinadas intenciones, es algo que podría trabajar.